Perfiles
MAZAZO A LIDER MINERO. Se esperaba una inmediata reacción del líder nacional minero, Napoleón Gómez Urrutia, en cuanto a la nueva orden de un Juez Federal para su localización y arresto por la Policía Internacional-INTERPOL-. El tema pone de nuevo en un complicada situación al dirigente exiliado en Canadá que daba por hecho su retorno a México una vez concluido el gobierno panista de Felipe Calderón. Llama la atención la nueva orden judicial contra Gómez Urrutia porque presumía haber ganado en tribunales las más de diez acusaciones en su contra y la última estaba por definirse mediante un amparo. Calderón logra asestar un nuevo mazazo al dirigente minero tanto en lo policial como en lo político. Gómez Urrutia no escapó a los golpes últimos del gobierno federal saliente y lo peor, le complica no solo negociar con el gobierno de Peña Nieto su retorno a México, sino también le abre una zanja en su permanencia como líder máximo de los mineros, pese a que ha demostrado varias veces tener control sobre la mayoría. Ahora se sabe que el dirigente minero buscó entrevistarse con Peña Nieto en su visita a Canadá. Le fue negado el acercamiento por dos arzones simples: Napoleón Gómez Urrutia ha sido, es y seguirá siendo un dirigente “incómodo” para el gobierno en turno, sea del PAN o del PRI. Salen a flote las consecuencias de que el dirigente minero jugó en contra de Peña Nieto en las elecciones pasadas. Abiertamente le apostó a favor de López Obrador y ahora carece de herramientas políticas para el acercamiento y acuerdos con el nuevo gobierno federal. Parte del problema es que el líder obrero puso en medio a los empresarios que le han servido de colchón para amortiguar y dirimir los pleitos judiciales que infundados o no, lo tienen anclado en el extranjero. Y es que el dirigente minero ha logrado imponer un férreo control no solo sobre los mineros, sino también sobre las industrias que en su momento pactaron compartir los intereses. Seguramente este nuevo revés calderonista a Napoleón Gómez Urrutia pone nerviosos a los empresarios que le han respaldado poco más dos sexenios. Ni al líder minero ni a los industriales aliados les conviene seguir el pleito por un sexenio más, sobre todo cuando ya hubo cambio de estafeta partidista en el poder federal. Y no solo no es por conveniencias, sino porque será difícil puedan aguantar sostener esa relación fuera de la oficialidad. Pero es momento en que no hay una reacción pública de parte de Gómez Urrutia ante la nueva orden de su búsqueda y arresto por la justicia mexicana. A simple vista, el imperio y fuerza económica de Napoleón Gómez Urrutia está en severo riesgo de venirse a menos. Con esta nueva amenaza de arrestarlo el agonizante gobierno panista le está confirmando al dirigente que los pleitos políticos se definen mediante la fuerza del poder y hasta el último minuto del 30 de noviembre el poder estará en manos de Felipe Calderón. Al igual que las reformas a la ley laboral solicitadas por el michoacano Calderón, a las que se opuso con debilidad el dirigente minero, habrán de trascender para bien o para mal, y como parte de esta “conjura” contra Gómez Urrutia, también perdurará por un buen rato su estadía fuera del país y en una de esas, el nuevo gobierno puede lograr lo que afanosamente buscaron y no pudieron dos sexenios panistas. No cabe duda que la historia cobra vida cuando la resucitan: Napoleón Gómez Sada, padre de Gómez Urrutia, le heredó el poder del Sindicato Minero, pero el “junior” solo rescató lo que le convenía. Además de líder minero, Gómez Sada fue priísta de toda la vida y como tal fue diputado y senador y cabeza del otrora poderoso Congreso del Trabajo, claro, pilar del tricolor. Gómez Sada impulsó a su “junior” a buscar ser gobernador de Nuevo León sin que llegara a la candidatura. Antes, Gómez Urrutia fue director de la Casa de la Moneda. Es decir, su experiencia y herencia la recibió de su padre priísta. Ya en la cumbre del gremio minero, quiso cambiar la historia del movimiento obrero combatiendo por igual al gobierno, a empresarios que no se rindieron a sus fuerzas y se enfrentó al máximo poder durante dos sexenios. La pregunta es si las fuerzas le alcanzan para combatir un tercer sexenio, que no será panista, pero igual; lo empezó combatiendo desde antes.. HASTA LA VISTA