Perfiles
MÚSCULO DE SINDICATOS. Con eso de la Reforma Laboral propuesta por Felipe Calderón, los dirigentes sindicales ponen el grito en lo más alto y advierten que “no pasará”. Sin embargo, tanto en la pretendida reforma como en la postura de los dirigentes hay “claro- oscuros” que no por lo mismo no se entienden a cabalidad. Por la forma en que enfocan sus protestas, se antoja que más que impedir las reformas a la Ley Federal del Trabajo los líderes sindicales buscan “blindar sus territorios” y advertir al gobierno y especialmente a los patrones, que “las costumbres se hacen leyes” y son las que deben prevalecer justamente como han venido imperando desde hace varios años y que abarca a varios periodos de gobierno. Acepto no tener mayor conocimiento del asunto, como creo que tampoco lo conocen mucho los propios líderes sindicales y mucho menos los trabajadores, y más peor aún, lo ignoran por completo los que verdaderamente sentirían los perjuicios en el corto y mediano plazo. Dicen los líderes que las reformas propuestas pretenden imponer trabajos por hora, impedir la sindicalización, lesionar prestaciones que ahora contempla la ley y sobre todo, resaltan los dirigentes, que “estaría en máximo riesgo el DERECHO DE HUELGA…Veamos un poco hacia atrás y revisemos lo que hemos visto de muy cerca. Hasta 1990, Sicartsa, sin operar lo que ahora se llaman planos, daba empleo a 5,520 sindicalizados y por ende miembros de la Sección 271 del Sindicato Minero. Ahora la 271 tendrá 3,500. ¿Y el resto? Ahí están, pero tienen de patrón a contratistas aunque sirven a la misma empresa y hasta hacen iguales labores que los sindicalizados de planta. ¿Cómo los tratan, cuanto les pagan, tienen las prestaciones que marca la ley actual? Lo cierto es que los eventuales, muchos ex mineros de la 271, suman más que los que actualmente cobija el sindicato y lo mismo pasa en Fertinal y lo mismo venía pasando en el palacio y por igual en casi en todo centro laboral donde existe sindicato. Por eso es que no queda del todo claro a qué realmente se oponen los dirigentes sindicales. Otro ejemplo aunque con los mismos actores: Desde hace más de seis años que el gobierno forzó el exilio del dirigente nacional minero, Napoleón Gómez Urrutia. Desde entonces, el sindicato quedó fuera de la ley, de la ley del gobierno y de la ley de los patrones, pero los líderes construyeron su propia ley, la ley de la fuerza y así la impusieron y la siguen imponiendo a las industrias, y desde entonces esa impera y hasta presumen de sus buenos resultados. Y preciso, no estoy juzgando ni criticando ese proceder, simplemente que no cuadra con las preocupaciones que hoy señalan con las reformas que busca el ejecutivo. Otro ejemplo y así lo expresé ayer ante los dirigentes locales: ¿Cuándo el magisterio democrático se ha conducido bajo preceptos legales? No exagero al decir que no saben lo que es un emplazamiento a huelga, no saben lo que son despidos de trabajadores, no saben lo que es no cobrar por una falta al trabajo. Su ley son los paros laborales y nada que les preocupa el sentir social. Sin embargo, creo que los que sí están en riesgo son los sindicatos pequeños, los que nadie pela ni toma en cuenta, por ejemplo, los trabajadores de la construcción y los sindicatos de servicios, como los de Capalac y el Ayuntamiento, que se rigen por leyes secundarias y que una vez que se reglamenten los cambios a la ley federal, saldrían raspados, pero no precisamente por los cambios, sino por la pequeña fuerza sindical que representan. Lo que sí es admirable y se debe reconocer son dos cosas concretas: el poder de convocatoria de la diputada Silvia Estrada, su genuino interés por unificar a los gremios y otra más no menos importante: el gobierno federal es quien tuvo la capacidad de unir a los líderes sindicales casi siempre encontrados porque así son los territorios que buscan dominar y es así como logran imponerse y conservar su poderío. Agrego que en mi opinión, los perjudicados al mediano y largo plazo serán los nuevos profesionistas, los trabajadores de nuevo ingreso a las fábricas y los trabajadores que no tienen sindicato que los arrope. Y lo peor, que su desgracia estará fincada no en las reformas a la ley, sino en no poder formar parte de los grupos sindicales que controlan los gremios. Lo que yo veo son protestas coyunturales que bien pueden servir para marcar líneas divisorias entre los mismos gremios porque eso de las reformas, mas parecen regular lo que ya venía siendo en la práctica, pero fuera de la ley..HASTA LA VISTA