Café para todos
*La lección francesa para los aspirantes a la presidencia; Peña Nieto debe afinar estrategias*Ángel Aguirre y los muertos de la escuela normal en guerreroTodavía no comienzan las campañas para la elección presidencial del año próximo y ya el ex gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto no siente lo duro sino lo tupido. Pero el fuego granado de sus adversarios no es gratuito; el propio ex gobernador ha dado la pauta para que se le cuestione y ataque desde varios frentes.Quizá debe entender que ya terminó el juego y comenzó la carrera. No debe esperar que su camino esté flanqueado por flores. De hecho, debe saber que esté constelado de espinas y abrojos, como diría el poeta, puesto que en su calidad de favorito de todas las encuestas se perfila como el rival a vencer.El mexiquense, también le lleva 25 puntos en los sondeos a Andrés Manuel López Obrador y aún más a la que se perfila como la competidora del Partido Acción Nacional (PAN), Josefina Vázquez Mota.Tras desayunar el pasado lunes, con empresarios de la Coparmex, el ex gobernador se lamentó de ser víctima de escándalos por los “dislates e imprecisiones” que cometió. “A partir de lo que ocurrió en este dislate cometido en la Feria Internacional del Libro, pues ahora pareciera que fuera la constante el querer descalificar o señalar o generar escándalos y me parecen más orquestados desde la oposición y con cualquier tema”, dijo.Pero no fue un “dislate” menor. En realidad Peña Nieto fue exhibido como un bisoño en materia literaria. Quiso disfrazar su falta de lecturas con una supuesta desmemoria, pero está muy claro que tiene un equipo de asesores que no sabe aconsejarlo.Si sabía que debía presentarse en una Feria del Libro donde seguramente le preguntarían sobre sus lecturas, lo mínimo que debieron hacer sus asesores fue prepararle una tarjeta donde al menos plasmara sus 3, 5 o 10 lecturas, si es que ha leído 10 libros en su vida, que lo marcaron.Confundir a Carlos Fuentes con Enrique Krauze u olvidar el título de un libro, no es muy malo; puede ocurrirle a cualquiera, incluso a lectores expertos. Lo malo es que también se mostró como un hombre que no sabe subsanar sus deficiencias o se queda pasmado cuando las cosas se le salen de control.Después, se vio que no es el único político con fallas culturales. De hecho, se sabe que abundan. Por ejemplo, Ernesto Cordero, el precandidato panista, llamó “Isabel” a la escritora Laura Restrepo, autora de “La isla de la pasión”.Le seguiría después Mario Martín Delgado, titular de Educación en el DF y precandidato al gobierno capitalino, quien atribuyó la autoría de “Cien años de soledad” a Mario Vargas Llosa, aunque después corrigió y recordó que era Gabriel García Márquez.Luego se sabría que el ex secretario de Salud José Ángel Córdova Villalobos, precandidato al gobierno de Guanajuato, se hizo bolas en este aspecto y dijo que Maquiavelo era el autor de “El Principito”, cuando en realidad el diplomático florentino y precursor de la ciencia política escribió “El Príncipe”.Se sabe pues que, como reza el refrán, en la casa del jabonero el que no cae resbala, y más en el terreno de la política.Lo preocupante es que Peña Nieto tenga la piel sensible. Hay que recordar que el ex presidente Vicente Fox -el mismo que llamó “Jorge Luis Borgues” a Jorge Luis Borges-, a pesar de que sigue siendo un ignorante al extremo y el más vivo ejemplo de la estolidez continental, era un maestro en eso de sacarle raja a sus garrafales errores.Por ejemplo, convirtió la frase “Hoy, hoy, hoy”, tan cuestionada en su momento por mostrarlo como un político obstinado, en un verdadero lema de campaña.Peña Nieto afirma que “es común que pueda haber imprecisiones, como la ocurrida en este tema u otros que eventualmente se presenten en el futuro” y llamó a “no caer en ese juego”, es decir, en la supuesta teoría del complot y ánimo de escandalizar de sus opositores.El precandidato a la presidencia y muy aventajado en las encuestas, acusó a sus críticos de buscar aprovecharse “de cualquier tropezón” para descalificarlo.“De lo que otros partidos asuman seré respetuoso, pero creo que la sociedad no se habrá de confundir y sabrá valorar realmente cómo son y qué quiere presentar y proyectar cada partido”, reiteró.Indudablemente tiene razón cuando asegura que en el futuro habrá más “perlas” de su parte y de sus rivales de las cuales se aprovechen todos para la descalificación.Hay que recordar que el término “campaña sucia” no es ajeno al PRI y quizá también haya en otros partidos quienes usen esa estratagema para ganar puntos en las encuestas.Andrés Manuel López Obrador, festejó esta semana que se pongan en evidencia los errores de Peña Nieto, porque “es un aspirante presidencial sin principios ni ideales”. No solo muestra que no lee -dijo-, sino representa la corrupción, la decadencia y el continuismo”.“Son del dominio público los errores cometidos por los candidatos de los de arriba. Qué bueno que se sabe más sobre lo que representamos. Que se ponga al descubierto lo que significa el candidato de los que quieren el continuismo”, reiteró el tabasqueño, quien se halla muy debajo de Peña Nieto, aun cuando el PAN todavía no designa a su candidato.EL AFFAIRE SOBRE EL COSTO DEL BOLETO DEL METRO EN FRANCIAHay ocasiones en que una sola frase mal dicha en un día desafortunado puede significar una cuantiosa pérdida de simpatía y puntos en las encuestas.Debe recordarse por ejemplo el caso de Francisco Labastida Ochoa, cuando era candidato a la presidencia por el PRI y en un debate habló de la forma poco respetuosa en que se refería a él su oponente Vicente Fox.“Me dijo La vestida, me dijo mariquita, me llamó mandilón”, decía el entonces aspirante, y a partir de ahí la escasa simpatía que había cosechado el sinaloense, se vino abajo.Y es que hay candidatos que saben aprovechar muy bien las debilidades de sus adversarios y capitalizar sus errores. Fox era uno de ellos y derrotó a Cuauhtémoc Cárdenas y a Labastida, a base de emplear su lengua viperina y su aparente desparpajo de ranchero.Y si las cosas ya son duras para algunos aspirantes, habrá que esperar que empeoren en el desarrollo de las campañas, pues faltan todavía los debates donde la esgrima verbal se exacerba.En los debates, suelen destacar no necesariamente los buenos candidatos, sino los más audaces para el uso de las frases efectistas y de la descalificación de los contrincantes.Además, no faltará quien saque a la luz los aspectos más oscuros o más cuestionables de la biografía y personalidad de cada uno de los candidatos. Y si Peña Nieto no supera el aparente pánico escénico que lo domina cuando le preguntan sobre temas que no figuran en su guión, podría verse en serios problemas.No hay que olvidar el yerro público que de hecho la costó un segundo período en la presidencia francesa a Valéry Giscard D'Estaing –ya agobiado por el asunto de los diamantes que le obsequió el emperador centroafricano Bokassa I-, cuando a principios de 1981 se enfrentaba en un debate televisivo a François Mitterrand.Ante las cámaras, el candidato conservador, en busca de la reelección, desmenuzó con sapiencia los grandes asuntos macros de la economía gala.Sin embargo, cuando Mitterrand le comentó que esos no eran temas que impactaban directamente la vida diaria de los franceses, como sí lo eran, por ejemplo, el aumento en las tarifas de la luz, agua o el boleto del metro, Giscard D'Estaing se inquietó; su rostro delataba el nerviosismo que lo embargaba.Pero el semblante del economista, egresado de la prestigiosa Escuela Nacional de Administración (ENA) se descompuso por completo, cuando a pregunta de su oponente, el hombre y estadista que exponía sin vacilar las grandes cifras y porcentajes de la hacienda francesa, no pudo siquiera adivinar cuánto costaba el boleto del metro.-“No, realmente no lo sé”, admitió finalmente Giscard D'Estaing.Ante millones de televidentes -electores más preocupados por la economía doméstica, el pago de la renta y el costo de su traslado hacia la escuela o trabajo-, el presidente selló su destino; perdió la oportunidad de un segundo período y ganó ese significativo debate el resuelto François Miterrand.Y este hecho -el affaire sobre el costo del boleto del metro en Francia, ocurrido hace casi 30 años-, puede repetirse hoy en cualquiera de los aspirantes a la Presidencia e inclinar la balanza durante un debate. Ahí nuestros políticos tienen una valiosa lección que pueden aprovechar.GRANOS DE CAFÉEl incidente en el cual 2 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa de Guerrero fueron muertos en Chilpancingo mientras realizaban un bloqueo a la Autopista del Sol, mueve a múltiples interpretaciones, pero resulta difícil de creer que a un gobernador con las tablas de Ángel Aguirre Rivero le ocurra un caso como éste.Al mandatario se le fue de las manos el caso -porque los agentes ministeriales no supieron coordinarse con los federales y sus policías estatales desconocen las reglas mínimas para desalojar una ruta estratégica como ésta- o alguien le tendió una trampa para dejarlo mal parado.Lo cierto es que hay muchas evidencias de que fueron efectivos estatales los que dispararon contra los estudiantes y que no son ciertas las afirmaciones del procurador destituido Alberto López Rosas, de que los manifestantes iban armados con AK-47 y granadas y que inicialmente sus agentes iban desarmados, aunque luego los refuerzos llegaron ya bien pertrechados.Por lo pronto, el episodio ya costó la cabeza de López Rosas, del secretario de Seguridad Pública Ramón Almonte Rojas y del subsecretario Ramón Arreola.Pero habría que preguntarse ¿cómo le hubiese ido a don Ángel Aguirre de no haber sido apoyado por el PRD, PT y Convergencia? De seguro que en este momento, estarían pidiendo también su cabeza……Sus comentarios envíelos vía internet a la dirección [email protected]