10 de junio/Arturo Herrera Cornejo
El 10 de junio de 1971, el gobierno mexicano instrumentó un operativo para simular un enfrentamiento entre dos grupos estudiantiles. La policía, desde las calles paralelas a la Rivera de San Cosme en la ciudad de México, presenció el enfrentamiento; no intervino sino para proteger la huida de los golpeadores que —armados con pistolas, metralletas, palos de kendo y chacos— atacaron a una manifestación estudiantil pacífica, la primera que salía a las calles de la capital del país luego de los trágicos acontecimientos de 1968.
Libertad de Información en México, Asociación Civil (LIMAC) logró en el año 2006 que el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública ordenara que se hiciera público el expediente relativo al jueves de Corpus de 1971, integrado por la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, creada durante el gobierno del presidente Vicente Fox.
De lo contenido en documentos de los archivos del gobierno mexicano se comprobó que el grupo paramilitar llamado “Los Halcones” fue creado en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz y que tenía como objeto aparente “cuidar las instalaciones del metro y algunos servicios vitales para la ciudad de México. “
Pero, en realidad era que los “Halcones” dependían del Estado Mayor Presidencial y tenían como misión infiltrar las manifestaciones para crear desordenes. Para efectos del pago de nómina fueron adscritos al Departamento del Distrito Federal. Durante la campaña a la presidencia de Luis Echevería, el grupo fue comisionado para cubrir la seguridad de los lugares a los que llegaba el candidato en sus giras por la capital del país.
Los “Halcones” más destacados fueron becados para aprender métodos policíacos, defensa personal y artes marciales, con esos objetivos viajaron a Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Japón, encabezados por el mayor Luis López Mercado. Dedicaron la mayor parte de su tiempo a instruirse en Japón en la escuela anti-motines de la policía de Tokio, hospedándose en el Hotel “Daichi” y asistiendo todos los días al Palacio del Deporte de la Policía Metropolitana Japonesa. Los gastos fueron sufragados por el gobierno mexicano, los enviados recibían 600 pesos diarios para su manutención, al regresar a México impartieron sus conocimientos al resto de sus compañeros.
El 10 de junio de 1971 los “Halcones” fueron acuartelados en su campamento de San Juan de Aragón, a las tres de la tarde abordaron cinco camiones que los trasladaron a la Alameda de Santa María la Rivera, en donde estuvieron dos horas para luego dirigirse a las cercanías de la Escuela Nacional de Maestros, de donde partiría una manifestación en solidaridad con los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Los “Halcones” tenían la instrucción de disolver la manifestación, si había muertos o heridos deberían recogerlos y trasladarlos a las ambulancias que estarían en las calles aledañas.
Una parte del grupo de “los Halcones” se infiltró en la manifestación estudiantil y al grito de “Che, Che, Che Guevara” empezaron a repartir golpes y a disparar sobre los manifestantes, otros más estaban apostados en las azoteas y en las calles cercanas a la Calzada México-Tacuba y la Rivera de San Cosme, desde donde también agredieron a los estudiantes.
No se sabe con exactitud cuantos estudiantes murieron porque al hospital “Vicente Leñero” de la Cruz Verde llegaron los “Halcones” a sacar cadáveres y heridos. Los heridos identificados como estudiantes, en algunos casos fueron regresados a la Cruz Verde más tarde, los integrantes del grupo de golpeadores que resultaron heridos fueron enviados a los hospitales militares.
No todo les salió como esperaban, los reporteros de prensa tomaron fotografías de los hechos en la Calzada México-Tacuba, constataron que la policía protegió a los agresores, vieron a los muertos y a los heridos, captaron la transmisión de radio en la frecuencia de la policía. Las ambulancias de los Halcones y el cerco policíaco no pudieron impedir el arribo de la Cruz Verde y de la Cruz Roja, que acudieron a auxiliar a las víctimas.
Luis Echeverría Álvarez, presidente de la República, anunció por la televisión nacional la noche del 10 de junio de 1971 que se abriría una investigación y que los culpables serían castigados. Echeverría cuido siempre su imagen y su paso a la historia, aparentó ser un mandatario progresista, preocupado por la situación de los obreros, los campesinos y los sectores populares, dio asilo a los perseguidos por las dictaduras sud americanas, buscó encabezar al “tercer mundo” en su lucha por lograr para las naciones sub desarrolladas niveles de bienestar.
Echeverría le hablaba al país, en el inicio de su sexenio, de “apertura democrática”, liberó a los presos políticos del 68, permitió, unos días antes del 10 de junio de 1971 el regreso de los estudiantes y maestros mexicanos que se encontraban en el exilio por los acontecimientos del 68, auspició y financió al Partido Socialista de los Trabajadores, promovido por Rafael Aguilar Talamantes, Jesús Ortega y Graco Ramírez Garrido Abreu, de allí brotó la corriente de los actuales "Chuchos" del PRD.
Mientras por un lado, el gobierno de Echeverría recibió a los exiliados chilenos y argentinos y públicamente se mostró como el paladín de la apertura, por el otro reprimió a quienes en México le representaban una oposición real y demandaban respeto a los derechos fundamentales consagrados en la Constitución Mexicana.
Cuidadoso de su paso a la historia, Echeverría, el 10 de junio de 1971 no sacó al ejército a las calles para aplastar a los manifestantes, recurrió a la simulación, a un grupo formado por el Estado Mexicano, que aunque era comandado y controlado por un militar -el coronel Manuel Díaz Escobar- estaba constituido por seres reclutados entre la escoria de la sociedad, entre el “lumpen”, delincuentes de la peor ralea fueron soportados y pagados con los impuestos de los mexicanos para atacar a manifestantes indefensos. Con los guerrilleros Echeverría fue aún más cruel, se han computado más de 500 desaparecidos políticos.
A los pocos días de la masacre del 10 de junio la CNC, la CTM y la CNOP llenaron el zócalo de la capital del país en respaldo al jefe del ejecutivo nacional, condenando a “los desestabilizadores que querían empañar la buena marcha de la nación”. Alfonso Martínez Domínguez, entonces regente de la ciudad de México fue obligado a renunciar y se sugirió que los “halcones”, el grupo de golpeadores que atacó la manifestación dependía del Departamento del Distrito Federal.
Uno de los halcones, Mario Efraín Ponce Sibaja (a) “El Rabias”, declaró ante la extinta Dirección Federal de Seguridad, según consta en un testimonio que se encuentra en el Archivo General de la Nación, que ingresó en 1967 al grupo de Guardias Presidenciales del que fue dado de baja por mala conducta, sin embargo fue incorporado de inmediato a los “halcones” y destinado a recibir entrenamiento en el campo de San Juan de Aragón, participó en varias acciones contra los estudiantes del Politécnico y de la UNAM en 1968 como provocador. En 1971 al ser repelida la agresión por los estudiantes que se manifestaban en la Rivera de San Cosme, acudió con sus compañeros a las camionetas en las que se les transportó, para tomar las carabinas 30-M2 con las que procedieron a balear a los muchachos; en el anochecer del 10 de junio, por instrucciones superiores llegó con la Séptima Compañía de Halcones al Hospital “Ruben Leñero”, a uno de camiones de la organización subieron a varios heridos que trasladaron al Palacio de los Deportes.
Con posterioridad a los hechos del 10 de junio los “halcones” recibieron la orden de desmontar sus campamentos y de proceder a realizar acciones terroristas y asaltos con el objeto de distraer la atención pública, la instrucción la recibieron directamente del coronel Díaz Escobar. El “halcón” Mario Efraín Ponce Sibaja declaró también que desde que era integrante de los guardias presidenciales consumía marihuana, pero que cuando fue parte del grupo paramilitar “esa afición se volvió vicio” por la facilidad que tenían de adquirir la droga en el campo de entrenamiento de San Juan de Aragón y que “a los que se las tronaban les daban los mejores servicios”. El 20 de junio fueron citados nuevamente, les entregaron 5 mil pesos a cada uno y el mayor Luis Mercado les dijo que el Gobierno les agradecía su colaboración pero que la organización debería desaparecer por el momento.
Otro “halcón”, de nombre Víctor Manuel Flores Reyes relató que en acatamiento de las instrucciones del comandante del grupo, el coronel Escobar, junto con otros de sus compañeros, robaron autos, asaltaron comercios, restaurantes, bancos y terminales de autobuses.
27 tarjetas informativas de la Dirección Federal de Seguridad confirman que el presidente de la República Luis Echeverría Álvarez estaba enterado de los hechos. El mandatario mexicano sabía todo sobre los “halcones”.
Alfonso Martínez Dominguez le rebeló a Heberto Castillo, quien publicó el contenido de esa confidencia en Proceso que a tarde del 10 de junio de 1971, al presidente le informaban cada 10 minutos sobre lo que estaba ocurriendo en la Rivera de San Cosme y la Calzada México-Tacuba. A Martínez Domínguez, Echeverría pretendió responsabilizarlo de los hechos. “Echeverría estaba enterado de la matanza”, le dijo a Castillo Martínez Dominguez quien pasó la tarde del 10 de junio de 1971 en Los Pinos con el presidente y Carlos Hank González, entonces gobernador del Estado de México, habían sido convocados a una reunión para analizar los problemas de abasto de agua en la zona metropolitana..
En un primer momento Martínez Domínguez dijo: “ No existen Los Halcones. Esa es una leyenda ”, habló de un enfrentamiento entre grupos “empeñados en provocar, contra toda razón, conflictos con la autoridad y entre ellos mismos” y sostuvo la teoría de que los estudiantes se agredieron entre ellos.
Pasaron los años y un día invitó a Heberto Castillo a desayunar en su casa para platicarle:
"La matanza del Jueves de Corpus fue preparada por Luis Echeverría para matar dos pájaros de un tiro: escarmentó a quienes, decía él, querían provocar a su gobierno al inicio de su mandato, y se deshizo de mí. Yo tenía pasado y fuerza política. Le hacía sombra. Al conocerse la decisión de los estudiantes de que marcharían el 10 de junio para apoyar a los universitarios de Nuevo León, Echeverría me dijo: `quieren calar a mi gobierno, pero los vamos a escarmentar'. Ese día hubo una reunión en Los Pinos para tratar el problema de la introducción de más agua potable al Distrito Federal , ahí estuvieron, además de Martínez Domínguez, el gobernador del Estado de México Carlos Hank González, el secretario de Recursos Hidráulicos, Leandro Rovirosa Wade, y el director de Obras Públicas del Departamento del Distrito Federal, ingeniero Raúl E. Ochoa.
El ex jefe del Departamento del Distrito Federal dijo que Echeverría contestaba el teléfono y decía: "Quemen a los muertos, que nada quede. Estando ya en la sobremesa, con planos y maquetas al fondo, comentando una y otra alternativa, sonó el teléfono y un ayudante del presidente le indicó algo. Echeverría se levantó y a unos pasos apenas de nosotros habló.
–Sí, dígame. ¿Heridos? Llévenlos al Campo Militar. No permitanfotografías.”