Don Álvaro Sandoval, 5 décadas en el negocio de los gaspachos
MORELIA, Michoacán. 28 de marzo de 2016.- Don Álvaro Hernández Sandoval ya tiene un andar cansado. A sus 71 años vende gaspachos en la Cerrada de San Agustín va a cumplir 57 años en el negocio. "Cuando cumplí 33 vendiendo, se hizo en Las Rosas una fiesta con un trió, creo que se llamaba Latino, no me acuerdo, estuvo en grande" recuerda mientras atiende a una pareja.
Cuenta a Quadratín que en el 77 se hizo un concurso de fruteros en la ciudad, organizado por la seguridad social y el ayuntamiento, "quedé en tercer lugar junto con otro. No es buena la publicidad; el que quedó en primer lugar ya se fue, el segundo lugar también, y el que ganó junto conmigo también se fue" refiriéndose a que sus antiguos contrincantes murieron ya.
Termina de atender y va hacia el fondo de su local, señala lo que está pegado en la pared; unos recortes de periódicos con notas sobre los gaspachos morelianos, unos calendarios de su negocio y unas fotos donde destaca él, su padre y su hijo. "Antes estábamos ahí, en Nigromante y Santiago Tapia. Mi papá empezó el negocio, tenía una frutería y yo le ayudaba. En ese tiempo no existían los gaspachos, se llamaban 'pico de gallo'. Después vino un español y le dijo a un colega cómo lo quería, que si esto, que si aquello, y así nació el gaspacho" explica don Álvaro.
Se queda pensando un rato, parece nostálgico, "soy el único que sobrevive del 58" dice. Toma un cuchillo, comienza a picar mango y prosigue: "y cómo no, si yo era el más chico trabajando, tenía 13 años".
Señala que en esta Semana Santa que acaba de pasar les fue muy bien, frente a su local hay otros dos vendiendo lo mismo, "para todos hay" dice mientras se sienta. Ya le duelen las piernas, confiesa, quizá porque todo el tiempo se la pasa de pie.
Su jornada empieza a las cuatro de la mañana, que va al mercado de abastos a escoger la fruta, después tiene que picarla, finalmente llega a su local a las 10 de la mañana para abrir a las 11.