Dreamers, la historia detrás del sueño americano
15 de diciembre de 2016
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19:07
Fátima Alfaro/Quadratín
MORELIA, Mich., 15 de diciembre de 2016.- Son la imagen del cumplimiento del sueño americano: jóvenes, instruidos e insertos exitosamente en el seno de la sociedad estadounidense, con prometedoras carreras y amplias oportunidades de desarrollo profesional, pero detrás del rostro publicitado de los llamados dreamers o jóvenes indocumentados residentes en Estados Unidos desde la infancia existen fracasos, saldos insolutos, dolor y pérdida.
Durante la realización del conversatorio Los Jóvenes y la Migración. Retos y Desafíos, actividad parte de la Semana del Migrante en Michoacán, jóvenes de origen michoacana radicados en ocasiones desde la más tierna infancia en el vecino país del norte compartieron experiencias, anhelos y sueños con similares radicados en México, donde mostraron que más allá de la concepción popular del dreamer se tiene un recuento de asuntos por solventar por parte de México y Estados Unidos.
“No somos de aquí ni de allá, el sistema está diseñado para que gente como nosotros no pueda salir adelante; a pesar de esto, nos sentimos privilegiados”, refirió Jesús Palafox, originario de Tingûindín y con 16 años de residencia en Estados Unidos.
El joven estudiante de trabajo social lamentó que la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que dio origen al término dreamer en medios de comunicación, excluye a un amplio porcentaje de la población inmigrante que busca en tierra extranjera las oportunidades que le fueron negadas en su patria.
Sólo 2.1 millones de estudiantes indocumentados fueron en un inicio susceptibles de beneficiarse de la medida que indicaba beneficios para los jóvenes inscritos en el sistema escolar y arribados de forma irregular a Estados Unidos; según el Instituto de Política Migratoria de aquel país, por lo menos el 67 por ciento de ellos no califica para este programa.
“Llegamos a Estados Unidos no porque así lo quisiéramos, sino porque las circunstancias nos obligaron. Hemos debido dejar atrás familia, abuelos, conocidos, inclusive nuestros familiares han fallecido y nosotros no hemos podido estar con ellos”, expresó Kimberly Valencia, originaria de Apatzingán y estudiante de la Universidad de California (UCLA).
Hasta 12 horas de trabajo en una fábrica de ropa debía efectuar Teresa Contreras, nacida en Sahuayo y residente en Estados Unidos 17 de 25 años de su vida, para pagar sus estudios en un colegio comunitario, lo que contrasta con la imagen idílica del joven inmigrante que triunfa sin apenas esfuerzo.
“Somos privilegiados por tener estudios cuando tantos no los tienen, pero esto no es lo ideal, nosotros debimos quedarnos con nuestras familias en nuestro país, pero la situación no lo permitió”, reiteró Teresa Contreras.