Segunda vuelta electoral/Arturo Alejandro Bribiesca Gil
Segunda vuelta electoral
Segunda vuelta electoral es el término utilizado para designar la segunda ronda de votación en las elecciones a cargos ejecutivos o legislativos, cuando ninguno de los contendientes obtiene la mayoría absoluta o especial, según establezca la norma. Esta figura nace en el siglo XIX, en Francia, y es al día de hoy una institución paradigmática del derecho electoral, sobre todo en América Latina.
Desde la década de los 80, varios países latinoamericanos (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Perú República Dominicana y Uruguay) adoptaron la segunda vuelta electoral en la elección presidencial, ello con la finalidad de maximizar la legitimidad del triunfador, con resultados disímiles. En nuestro país dicha figura suscita discusión, contando casi con la misma cantidad de defensores que de detractores. Hoy día, bajo las circunstancias imperantes, es claro que el sistema democrático no está dando los resultados gubernamentales que el pueblo quiere y necesita, por tanto considero necesaria una sacudida brusca al sistema electoral vigente. La implementación de la segunda vuelta en la elección presidencial pudiera ser parte de dicha sacudida, la cual empezará con la pronta aplicación de la reelección.
En lo particular tengo mis dudas sobre la idoneidad de la aplicación de esta figura, pero me queda claro que las mismas solo serán desvanecidas o confirmadas con su implementación. Por ello, y viéndonos en el caso de una inminente instrumentación, mi propuesta sería bajo reglas precisas que hagan de esta figura un estado de excepción y no una regla. Dichas reglas o circunstancias mínimas serían, entre otras, las siguientes: Participación en automático del primer y segundo lugar, en caso de que ninguno llegase al umbral del 40 por ciento de la votación; participación del tercer lugar de la contienda cuando este supere el 20 por ciento de la votación; y, celebración de la elección de segunda vuelta el primer domingo del mes siguiente a la primera ronda.
Ahora bien, como aún no es inminente la implementación de la segunda vuelta, bien vale la pena estudiar una variante de esta figura electoral, que es el voto preferencial o alternativo, que tiene diversas formas de aplicación (Australia, Sri Lanka, etc.); que en términos sencillos, es un sistema electoral que permite que el ciudadano emita dos votos simultáneamente, el de primera preferencia y el de segunda preferencia, para que en caso de que ningún candidato obtenga la mayoría simple conforme a la primera boleta electoral utilizada, se llegue a un ganador conforme a la votación de la segunda boleta electoral o de segunda preferencia. En otras palabras, la segunda vuelta electoral se realiza al mismo tiempo que la primera, evitando así el desgaste político y económico que esta significa.
Este sistema podría ser la respuesta a la interrogante sobre la conveniencia o inconveniencia de la aplicación de la segunda vuelta electoral. En un plano ideal me inclinaría por esta doble votación simultánea; sin embargo, la realidad del caso mexicano, nos hace preguntarnos si nuestra cultura cívica está preparada para este cambio, y si el mismo no abriría nuevamente las puertas a la manipulación electoral, lastre que apenas se está erradicando en nuestro país.
También considero pertinente que antes de cualquier decisión al respecto, se estudie a fondo la experiencia de San Luis Potosí, estado de la república en el que de 1996 a 2005 operó dicha figura. San Luis Potosí no es México, pero si está habitada por mexicanos, por tanto el estudio del caso puede ilustrarnos al respecto, sin que dicha experiencia deba ser tomada como dogma.
En fin, es importante la opinión de cada uno de nosotros, pero sobre todo la de nuestros legisladores, quienes tienen la última palabra al respecto. Mi esperanza radica en que la aplicación o no de la segunda vuelta se base en lo que sea mejor para el desarrollo democrático del país y no por cálculos políticos o intereses de la elite política dominante.