Un desfile al calor moreliano, vítores y sillas improvisadas
MORELIA, Mich., 16 de septiembre de 2016.- ¿Oiga, disculpe, la silla es suya? Le preguntó un muchacho a una señora que parecía hacer guardia ante una fila de sillas idénticas, formadas en el borde de la avenida Madero. La señora no supo qué decir, sólo atinó a señalar a otro muchacho que andaba por ahí. Si rentaban los espacios, ya no quisieron decirle nada al muchacho ni a este reportero.
Un señor que se acomodaba en una de las sillas señaló a Quadratín que el costo por silla era de 20 pesos, "lo que dure el desfile", aclaró.
Pero mucha gente sí se colocó con sus propias sillas, algunos pusieron cartones sobre el borde de la banqueta, que ya para entonces quemaba, y se sentaron a esperar los primeros continentes del desfile, que fueron firmados por escuelas.
Entre vitoreos, gritos y aplausos eran recibidos los elementos de la Fuerza Naval Mexicana. Con un poco menos de efusividad fueron recibidos el Ejército Mexicano y la Policía Federal, pero también fueron bien recibidos. La gente soportó de buena gana y con gusto el fuerte sol del mediodía moreliano.
Cuando desfilaron los charros y las escaramuzas, la gente les silvaba en signo de aprobación, y algunos más atrevidos "chuleaban" a las mujeres en los caballos.
Después caos total; una vez terminado el desfile, que realmente duró muy poco, la gente invadió la avenida Madero en todas direcciones. Don José Rentería, un señor espectador del desfile, dijo que este acto duraba poquito porque "el chingón es el del 30, ¡ahí sí tarda!", dijo con una efusividad casi patriótica.