Visiones y percepciones/Etelberto Cruz Loeza
Mañana será jueves 15 de septiembre y el viernes, 16 de septiembre del 2016. Se conmemorarán el CCVI aniversario del Inicio de la Lucha por nuestra Independencia, del principio del camino en la búsqueda de nuestra independencia, libertad, unidad y soberanía.
Nuestro país está de fiesta…de percal y de abalorio, como canta el poeta jerezano en su Suave Patria y canta a los cuatro vientos que la Patria es ¡Impecable y Diamantina! Su superficie es el maíz, sus minas el palacio del rey de Oros…su barro suena a plata y en su puño su sonora miseria es alcancía; el Niño Dios le escrituró un establo y los veneros de petróleo, el Diablo…como si el bardo intimista hubiera tenido una bola de cristal y cual oráculo, predijera el futuro.
Mañana se cumplen doscientos seis años del largo camino en la búsqueda de la libertad.
Hoy, se festeja la heroica gesta a de Don Miguel Hidalgo y Costilla, cura de Dolores, que en la noche del día anterior 15, madrugada de este día, 16, arengó a los pobladores de Dolores, de la intendencia de Guanajuato, estandarte de la virgen de Guadalupe en mano y los invitó a “matar gachupines”.
Ha pasado mucha agua por las cuencas de los años: ese camino fue difícil, tortuoso, sangriento, largo, doloroso y costoso.
Después de varios caudillos y hechos que se conservan en las páginas de nuestra historia y en el Parnaso de los Héroes Patrios y por la conjunción de intereses y las circunstancias políticas del momento, este movimiento insurgente que débil brillaba en los actuales estados de Guerrero, Oaxaca y Michoacán, se fortaleció con la incorporación del militar más famoso de la Nueva España, Agustín de Iturbide y mediante el abrazo de Acatempan, la propuesta del primer símbolo patrio, la Bandera de Iguala y el Pacto de las Tres Garantías – Independencia, Unión y Religión - , y posteriormente, la firma de los Tratados de Córdoba, se pudo acordar y construir la paz y la Nueva España dejó de ser colonia española para convertirse en una nación, un país y en un Estado libre y soberano, México y en una sociedad, que somos nosotros.
Nuestra sociedad ha madurado por los golpes de la vida social, por la lucha fratricida, que sacrifica los intereses sociales por los intereses personales, de grupo y de partido.
Hoy, estamos mucho mejor que en 1810, tenemos libertad, justicia y democracia, pero estaríamos mucho mejor si la mentira no fuera la herramienta de la política: hay trabajo, pero somos la nación con el salario más bajo de todo el mundo; tenemos petróleo, pero de nada nos sirve, porque no somos soberanos y estamos sujetos a la especulación de los distribuidores – leyes del mercado, dicen – y nuestra economía anda por los suelos y nuestra moneda por el aire: casi veinte pesos por billete de un dólar.
A 206 años somos libres y demócratas, pero nos falta mucha conciencia social y bastante espíritu mexicano para prepararnos más y mejor y demandar, exigir y luchar con todas las armas por nuestra soberanía, pues de nada nos sirve ser libres, pero no somos soberanos. De nada nos sirve ser demócratas, si no tenemos unidad y nos destruimos uno con el otro.
Hoy existen nuevos criterios de soberanía y las economías de los países están en manos de los anónimos especuladores internacionales que se asientan en Norteamérica, Inglaterra, pocos en Alemania y muy pocos en Japón y China y escasos en la India y nuestro país, libre y soberano, está sujeto a las leyes de quienes controlan los mercados de las materias primas, los productos terminados y la circulación, la tecnología y las finanzas.
Los países que triunfaron en la Segunda Guerra Mundial se adueñaron del mundo, excepción hecha de Alemania que, con la Unión Europea y su Banco Central Europeo, y sin disparar un tiro triunfó, se apropió de Europa, pero eso es otra cosa. Lo más importante es que nuestro país está en la órbita del neoliberalismo, de la globalización y para estas modalidades económicas, nuevas caras del Capitalismo, no importa ni la autonomía, ni la libertad, ni la soberanía, ni las riquezas de los países…Únicamente les interesa la ganancia, la plusvalía.
Aun así, ¡Felicidades México!, por un mejor mañana.
Transcribo fragmentos del segundo acto de Suave Patria, de Ramón López Velarde.
Suave Patria: te amo no cual mito,
sino por tu verdad de pan bendito,
como a niña que asoma por la reja
con la blusa corrida hasta la oreja
y la falda bajada hasta el huesito.
Como la sota moza, Patria mía,
en el piso de metal, vives al día,
de milagro, como la lotería.
Si me ahogo en tus julios, a mí baja
desde el vergel de tu peinado denso
frescura de rebozo y de tinaja:
y si tirito, dejas que me arrope
en tu respiración azul de incienso
y en tus carnosos labios de rompope.
Patria, te doy de tu dicha la clave:
sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;
cincuenta veces es igual el Ave
taladrada en el hilo del rosario,
y es más feliz que tú, Patria suave.
Sé igual y fiel; pupilas de abandono;
sedienta voz, la trigarante faja
en tus pechugas al vapor; y un trono
a la intemperie, cual sonaja:
¡la carreta alegórica de paja!
(24 de abril de 1821)