La psicología de José David, el sospechoso
MORELIA, Mich., 15 de julio del 2016.- Pruebas psicológicas de personalidad expusieron que José David B. es una persona proclive a actitudes delictivas y violentas.
Así se señaló este viernes en la audiencia de desahogo de testigos del caso de la menor que murió por sumersión en el hotel de la salida a Mil Cumbres.
Georgina A., perito en psicología, relató que en base a los datos obtenidos en pruebas de personalidad como la Montreal y la API, el imputado tiene una personalidad narcisista, de grandiosidad y manipuladora.
En consecuencia, dijo la experta, los resultados que arrojaron las pruebas hechas a José David B. le permitieron concluir que este tiene tendencia a frustrarse cuando una situación se le sale de control con facilidad, es insensible a las emociones ajenas y, en la búsqueda de lograr su cometido, puede no tomar en cuenta a los demás por su falta de empatía.
El imputado recibió atención psicológica de parte de la perito de la Procuraduría General de Justicia del Estado. Por ocho horas, fue evaluado por la experta, a la que también le contó su versión de la historia.
El presunto dijo a la psicóloga que dos días antes de los hechos registrados en la alberca del Turotel, se encontraba en Guadalajara y que su pareja, Hilda V., se había comunicado con este para consultarle si podía llevar consigo a una de sus hijas mayores.
El imputado le pidió no llevar a esta, a la que se refirió como Sarah. En cambio, le sugirió mejor llevar a la hija menor, la de tres años, con la que ya había viajado en otra ocasión.
José David B., Hilda V., y la menor, D. E. V. V., salieron de Guadalajara con destino a Morelia el martes 11 de agosto del 2015.
El motivo de estancia del imputado era la entrega de documentación en la Secretaría del Trabajo y Prevención Social.
Tras haber concluido el proceso administrativo, el grupo pasó al Turotel, lugar en el que se le asignó la habitación 108, en la primera planta, y cercana al área de la piscina.
El registro concluyó sin contratiempos y, refirió el indiciado, "fuimos entonces a comer al centro, de ahí pasamos al Wal-Mart que habíamos visto cerca del hotel, compramos unos lentes de natación, una botella de baylis y regresamos al hotel".
Sobre la noche previa a los hechos, nada ha sido revelado, al menos no hasta ahora.
12 de agosto
Ese día todo aconteció sin nada extraordinario, salvo que siendo las 9 horas, José David B. y la menor abandonaron la habitación para ir a pasar tiempo en la alberca, en una hora poco común para meterse a nadar a una piscina cuya temperatura no era cálida para una menor de 3 años.
Sobre este hecho, al rendir su testimonio, el ama de llaves del comercio citado dijo que "la niña estaba temblando del frío, por lo que cuando me pidieron las toallas yo le puse una en la espalda".
Sin miedo en su participación, la empleada del hotel, de poco más de 50 años y con aspecto humilde, le recriminó al imputado haber tratado con violencia a la pequeña.
En torno al modo en que convivió con la niña D. E. V. V. en el estanque no dijo mayor cosa, salvo que esta niña había estado con él y su madre en un parque acuático conocido como Splash, donde la había visto flotar sin problemas.
Sin más preámbulo, concluyó que al salir del hotel él paso a la camioneta en la que viajaron con la pequeña en brazos, a la que colocó en el asiento trasero. Esto mientras la madre esperaba una factura en la recepción del hotel.
¿A qué hora entonces murió la pequeña?
Presuntamente la pareja y la menor salieron del hotel sin novedad, ninguno de los dos adultos se percataron de que la niña se había desvanecido.
Al ir de salida de la ciudad, la madre le dijo al presunto que la mejor no respiraba y que estaba inconsciente, por lo que al no conocer la ciudad dio vuelta en el primer retorno y volvió sobre sus pasos hasta la avenida Acueducto, en donde había visto estaba el Hospital Victoria.
El hombre nunca corroboró si, en efecto, la menor había dejado o no de respirar, pero sí dijo a la psicóloga de la PGJE: "yo solo vi que la niña estaba ya morada".
En la desesperación, Hilda tomó a su hija en brazos, bajó corriendo del estacionamiento, pero al llegar a la entrada del hospital resbaló con el tapete que estaba en la puerta, en consecuencia, ella y su hija fueron a dar al piso. Fue entonces que el guardia de seguridad tomó a la niña en brazos y la condujo hasta la sala de urgencias.
Allí, luego de 45 minutos de intentar reanimarla, se le declaró como muerta.
La autopsia de la médico forense, Verónica, es concluyente: Asfixia mecánica por sumersión secundaria (la muerte ocurre indirectamente por trastornos patológicos relacionado con la aparición de un síndrome de estrés respiratorio) y la cual fue una sumersión húmeda.
Ello se traduce en ahogamiento; que es secundario porque murió horas después como efecto de la cantidad de agua que tenía en sus pulmones y estómago, y que en estos casos se puede sobrevivir hasta por 24 horas, pero sin intervención médica la muerte es lo que le sigue; y, por último, sumersión húmeda significa que el aire fue suplido por líquido.
La experta en medicina forense reiteró y dio carácter científico a lo que ya habían referido las enfermeras y médicos del área de urgencias del Hospital Victoria: la menor presentaba golpes, uno en un ojo, rasguños en el cuello, los cuales dijo "no fueron posteriores a la muerte", con lo que se puede desestimar que fueran producto de la caída.