Estrictamente personal/Raymundo Riva Palacio
10 de junio de 2016
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5:30
Veracruz y la gobernabilidad
Una razón poderosa por la cual Javier Duarte pudo haber salvado un proceso de juicio político como gobernador de Veracruz para enfrentar acusaciones de presunto enriquecimiento inexplicable y desvío de recursos, debe encontrarse en la amenaza que deslizó a finales del año pasado: una parte del dinero que decían que había caído en su bolsa, dos mil 300 millones de pesos –decía-, habían sido para la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en 2012. ¿Es verdad? Muy pocos podrán hablar con pleno conocimiento de ello, pero lo que es cierto es que el Presidente no autorizó que el PRI buscara el desafuero con lo cual, la campaña para renovar al Ejecutivo en Veracruz, se convirtió en un pantano de estiércol.Como sucede normalmente en estos procesos, el pleito todo debió haber terminado el domingo con la elección, como pasó en otros campos de batalla negros como Tamaulipas y Oaxaca, o en otros nada impolutos como Durango y Puebla. Pero no en Veracruz, donde el conflicto postelectoral cambió la ruta de los tribunales a los medios. Odios que parecen irreconciliables entre el gobernador saliente, Duarte, y el virtual gobernador, Miguel Ángel Yunes, expresados a lo largo de esta semana con una continuación de la guerra de acusaciones y amenazas, de descalificaciones y vituperios, están llevando al estado a una etapa de ingobernabilidad. Eso va a ser inadmisible.Yunes, sometido a una campaña de descalificación sistemática y profunda como nunca antes en su vida, como él mismo lo reconoce, tampoco ha dejado de estar señalando en entrevistas de prensa que va a meter a Duarte en la cárcel. Es tal el encono, que Yunes pasa por alto que él no tendrá atribuciones de ministerio público cuando llegue a la gubernatura, y que como ha sucedido en otros casos de ajustes de cuentas entre gobernadores entrantes y salientes, tiene que recurrir al apoyo de la Federación porque tampoco está dentro de sus atribuciones legales. No obstante, Duarte tuvo una reacción propia de un comportamiento bipolar.El martes pidió a los veracruzanos dejar atrás el enojo y trabajar unidos. Pero como Yunes no aceptó su mano e insistió en que lo meterá en la cárcel, el gobernador, que tiene la piel delgada, difundió este jueves un video en donde sin decir nombres, dijo que las acusaciones en su contra, solo existen en la mente de quien sí tiene denuncias formales por enriquecimiento ilícito. “Una cosa es la propaganda electorera basada en la infamia y la acusación sin bases, y otra muy distinta probar los dichos”, dijo. “Los desvíos de los que se habla solo existen en la mente tortuosa de quien sí tiene denuncias formales por enriquecimiento ilícito y gravísimos señalamientos por falta de probidad como persona”.Los términos de la batalla fueron ratificados. Duarte contra Yunes, a ver hasta dónde le alcanza. El gobernador, podría decirse, tiene ventaja. El relevo de mandato será hasta dentro de más de tres meses, por lo cual dispondrá de los recursos políticos que tiene un mandatario en México para preparar el terreno, de su salida por un lado, que significa limpiar las cuentas públicas para minimizar la posibilidad de que le atrapen en ellas irregularidades, y desbarrancar o descalificar a Yunes como un mecanismo preventivo y de control de daños para lo que venga después. Si uno se atiene al temperamento de ambos, el reguilete de estiércol continuará durante un tiempo más. Aquí es donde viene la duda: ¿harán de la vida púbica veracruzana un chapoteadero de acusaciones de corruptos, ladrones y pederastas durante los meses por delante? Duarte y Yunes deben pensar que sí. El punto es si no habrá una autoridad superior que los ponga en su lugar.En la lógica del acuerdo entre los nuevos siete gobernadores que tendrá el PAN concretado este miércoles con el líder del partido, Ricardo Anaya, para trabajar coordinadamente con el gobierno federal, no sería extraño que le pida a Yunes detener por ahora su cruzada contra Duarte. Después de todo, si el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto actúa en aras de la gobernabilidad, Duarte tendrá que ser silenciado. No será un tema de censura, sino de responsabilidad y disciplina política. El gobernador no puede declarar la guerra a un adversario político sin pensar que no habrá represalias, no de él, sino de quienes son los responsables de la gobernación en el país.El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, está obligado a llamarlo a cuentas y forzarlo a que se calle la boca, y sus palabras sólo enturbian más el entorno y radicalizan la problemática política en Veracruz, un estado de sí azotado por la inseguridad y la violencia. La locuacidad del gobernador, disparada por las amenazas de Yunes, no ayudan al estado pero menos a él. Duarte va de salida y Yunes tomará posesión.10Sus gritos no impedirán la transmisión de poder. Lo que tampoco debe soslayar es que en estos momentos es una pieza desechable, despreciada por la sociedad veracruzana y por el país; el peor gobernador evaluado en la nación. Es decir, cualquier acción política puede caer sobre de él. El desafuero, quizás. Una acción judicial que le finque responsabilidades por delitos asociados con la corrupción, tal vez. Su cabeza es muy apetecible para la gradería popular, y tanta histeria histriónica le pudieran dar el Presidente la oportunidad de responderle a los votantes del 5 de junio: ya los escuché.twitter: @rivapa
Estrictamente personal/Raymundo Riva Palacio
26 de febrero de 2016
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6:00
Raymundo Riva Palacio/Quadratín
Iguala: sin vuelta a la hoja
Jesús Murillo Karam lleva semanas indignado con el presidente Enrique Peña Nieto. Comenta con resentimiento con amigos comunes que lo ha traicionado y que rompió el compromiso de enviarlo como embajador a Portugal al salir de la Procuraduría General de la República. El Presidente, dice, ni siquiera le toma llamadas telefónicas. Su amigo, sugiere, lo abandonó, pero se equivoca. El Presidente está demostrando que es más amigo de sus amigos que sus amigos de él, y el ex procurador debería agradecerle que no esté sometido a ningún proceso por la controvertida investigación de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa hace dos años, llena de evidencias cuestionadas y desmanteladas por débiles o falsas, y que está protegido por un blindaje presidencial que le permite seguir caminando por las calles, amargo pero libre.
Murillo Karam es la contradicción del discurso que el Presidente pronunció este miércoles en Iguala, donde conmemoró el 195 aniversario de la Bandera, a unos centenares de metros de donde se secuestró a los normalistas. “Durante un año y cinco meses –dijo Peña Nieto-, el Estado mexicano ha desplegado un amplio esfuerzo institucional para procurar justicia a partir de una investigación profunda, transparente y abierta”. El esfuerzo ha incluido, agregó, la colaboración con organismos de expertos internacionales, que condujo a la reapertura de líneas de investigación o abrir otras. Sin embargo, la persona clave para poder explicar todas las inconsistencias de la investigación que han derivado en confrontaciones públicas, el ex procurador, sigue en calidad de intocable.
Sus responsabilidades son amplias, como se documentó en la columna “Las mentiras de Murillo”, publicada el 20 de noviembre en este espacio. En ese texto se argumentó cómo el hombre de confianza del Presidente lo desinformó y llevó a tomar decisiones equivocadas, muy probablemente por su incompetencia para la tarea de la que lo hizo responsable. Con base en sus propias palabras, en esa colaboración se describieron algunas de sus pifias. Por ejemplo:
1.- Sobre la polémica “verdad histórica”, desarrollada durante una conferencia de prensa el 27 de enero de 2015, admitió: “Me equivoqué en usar esa expresión, pero es falso que alguien me haya advertido que no debía hacerlo”. Es falso. Cuando preparaba el documento que presentaría a la prensa y mencionó con su equipo de abogados que daría a conocer la “verdad histórica”, le alertaron que ese concepto era equivocado y que tenía que cambiarlo por el de la verdad legal que se tenía hasta ese momento. Murillo Karam, ojos de lumbre y voz de trueno, espetó: “No me va a venir usted a enseñar derecho”.
En ese momento dictó la famosa frase sobre el basurero de Cocula: “(Muchos) elementos aportados durante la investigación, permitieron… llegar, sin lugar a dudas, a concluir que los estudiantes normalistas fueron privados de la libertad, privados de la vida, incinerados y arrojados al río San Juan. En ese orden. Ésta, es la verdad histórica de los hechos, basada en las pruebas aportadas por la ciencia, como se muestra en el expediente”.
2.- El basurero de Cocula se ha convertido en el emblema de una fallida investigación, donde al mostrar los expertos sus deficiencias han generado la sospecha que hubo encubrimientos. Murillo Karam ni siquiera tiene claro qué es lo que sucedió, como lo muestran sus declaraciones públicas. En la última, a finales del año pasado, aseguró que fue uno de los padres de los normalistas quien llevó la PGR a Cocula. El nombre de Cocula no surgió en los primeros días de la desaparición, y de acuerdo con la investigación, llegaron ahí no por un padre, sino por Patricio Reyes Landa, Jonathan Osorio Cortés y Agustín García Reyes, miembros de Guerreros Unidos. Quien hizo esta revelación, paradójicamente, fue el propio Murillo Karam en su conferencia de prensa el 7 de noviembre de 2014. Es decir, un año después, había cambiado los hechos de su investigación.
3.- Murillo Karam dijo en noviembre pasado que varias pistas que siguió la PGR en los primeros meses de la investigación habían resultado falsas, como “la del ataque contra el autolavado ‘Los Peques’ de Iguala”. Lo increíble es que esa pista surgió de una declaración tomada por él mismo al entonces jefe de Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias, a quien se lo había confiado Víctor Hugo Palacios Benítez, uno de los cinco hermanos propietarios de “Los Peques”. Palacios Benítez fue el que afirmó que entre los normalistas había una célula de la pandilla de Los Rojos. El ex procurador validó esa versión pese a que otros Guerreros Unidos decían que no era cierta. De ella Murillo Karam tejió la hipótesis de la vinculación del narcotráfico con los normalistas.
Murillo Karam se casó con la versión del narcotráfico como el móvil central del crimen antes incluso de empezar a investigar. Desde los primeros días del secuestro de los normalistas, le dijo al Presidente que lo que había sucedido en Iguala era una “depuración” de narcotraficantes. En Los Pinos le creyeron y no hicieron nada. La inacción del gobierno federal durante más de dos semanas convirtió un crimen del ámbito municipal, en un asesinato de Peña Nieto y el Estado mexicano. El Presidente carga con ello como si fuera propio, pero aún así, Murillo Karam sigue impune. La palabra presidencial seguirá trunca en el caso Ayotzinapa hasta que el ex procurador no sea llamado a cuentas y explique qué hizo, cómo lo hizo y porqué lo hizo.
twitter: @rivapa