El votante siempre tiene la razón/Reyes Galindo
El domingo pasado se registró la jornada electoral del proceso 2016, en el que catorce entidades federativas celebraron comicios para elegir ayuntamientos, diputados locales, integrantes al Congreso Constituyente de la Ciudad de México y en doce de ellas se renovaron gubernaturas.
De la valoración de los resultados pueden interpretarse un sinfín de lecturas y criterios de análisis y reflexión. Desde mi punto de vista, una de las más atractivas y la que me gustaría proponer es:¿Cómo queda el PRI de cara al 2018?
Y entonces resulta una cuestión muy obvia, sin sorpresas, más bien, algunos fueron, o peor aún, se hicieron los sorprendidos;que, tal como lo propone Guillermo Deloya, Presidente Nacional del ICADEP y lo acepta la dirigencia nacional:“Los mexicanos nos han hablado fuerte y claro…”. El PRI, quedando muy lejos de los nueve triunfos prometidos y solo ganando cinco estados, recibió una gran lección rumbo al 2018; así debe tomarse.
Del comunicado de prensa, desplegado el lunes 6 de junio, en el que se informa de la valoración técnica y legal que hace el Comité Ejecutivo Nacional para presentar entre cinco y seis impugnaciones a la elección de Gobernador en los estados de Aguascalientes, Durango, Chihuahua, Veracruz, Quintana Roo, Puebla y/o Tamaulipas; vale la pena que, acudiendo a la gran experiencia, madurez y vocación política de su Presidente, Manlio Fabio Beltrones, se pondere, en todo momento, el interés legítimo y amplios cauces de la democracia y se agoten en el principio de exhaustividad, solo aquellos procesos en donde exista la factibilidad que amerite el recuento de votos ante los órganos electorales correspondientes; en los que no, que se registre este momento en la historia del partido, sin que lo olvide, pero que tampoco lo distraiga o desanime, que asuma los resultados y se aboque a una reorganización interna urgente, exigente y responsable.
El PRI, más que nunca, requiere entrar a un estado de auto evaluación crítica y objetiva, que reconozca sus insuficiencias, males y los grandes problemas pendientes, ya impostergables; y que al mismo tiempo, intensifique su actividad, reaviva su papel en la transformación de México hasta alcanzar, de nueva cuenta, la legitimidad política de ser herederos de los valores y principios de la Revolución Mexicana, sin autocomplacencias ni inmovilismo, sino como fuente y motor de inspiración que les exigen y reclaman; tal como lo sugería Luis Donaldo Colosio. El PRI debe contrarrestar con hechos, trabajo, presencia y propia iniciativa, la guerra sucia y de denostación que han iniciado sus adversarios políticos.
“El gran derrotado”, en crisis y desestabilización, como ahora lo llaman algunos analistas y medios de comunicación, deberáasumir, con humildad y actitud crítica, pero también visionaria, el más importante ejercicio de reflexión y redirección de estrategias en los últimos años, luego del 2000, fecha en que perdiera su naturaleza hegemónica al alternar, por primera vez, en la Presidencia de la República. El partido de raíces populares debe renovar su oferta política y convivir, escuchar y comprender, con actitudes francas y sencillas, el gran reclamo de México.
Ante el contexto de competencia democrática que hoy se vive, el PRI debe conceder su voluntad al cambio; una renovación que deje atrás viejas y caducas prácticas: de imposición, clientelismo y compadrazgos arbitrarios en la designación y/o selección de dirigentes y candidatos; de opacidad, complicidad e impunidad ante la corrupción de algunos de sus correligionarios; de diálogo y debate introspectivo sino abrirse al consenso y escrutinio público; de aplausos y aprobaciones simuladoras de malinterpretada disciplina estructural sumisa y opresiva, por lealtades políticas patrióticas; y, por el contrario, ver en las generaciones presentes y futuras, la formación de nuevos cuadros y liderazgos, agentes de cambio, cuyo proyecto de vida, afronte, con talento, empeño, dignidad, entereza, sensibilidad y desde la pluralidad de ideas, opiniones y necesidades, los retos que la nueva política implica.
Antes de terminar, permítanme traer a la mesa un fenómeno que en las últimas contiendas por el poder se ha consolidado y que, sin ser privativo del Revolucionario Institucional, sino propio de todo el sistema de partidos políticos en México, tiene que ver con el desarrollo del sentido crítico que ha llevado a la sociedad votante a decidir y dar “patadas en el trasero” a gobernantes cuya trayectoria pública presuponen autoritarismo, abuso de poder y corrupción.
Y muestra de ello, sin duda, son aquellos estados en los que hubo alternancia política, tales como Oaxaca, en donde, de una coalición de izquierda, pasó al PRI y Sinaloa, de PAN-PRD también al PRI. Se trata de una circunstancia con profundo significado en el que, los ciudadanos dijeron “basta” a los malos gobiernos locales: a lo que, optimistamente, el comentarista y académico mexicano, Leo Zuckermann, ha llamado la segunda transición a la democracia en México.
Todos coincidimos en que el PRI debe cambiar con responsabilidad, conservar lo valioso y buscar soluciones para afianzar su conexión con la ciudadanía mexicana; y el primer gran cambio debe ser admitir que el votante siempre tiene la razón.
Por último, reconocer las acciones de trabajo que ha emprendido el Comité Directivo Estatal del PRI en Michoacán y que, con acierto, dirigen los Diputados Víctor Silva y Rosalía Miranda, para escuchar de cerca, franca y abiertamente a su militancia en todas las regiones de la geografía estatal, reconociendo su arduo trabajo. De eso se trata, de reformar con convicción el quehacer político, de mantenerse unidos con respeto a la diversidad y cumplirle a los michoacanos.
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