Estrictamente personal/Raymundo Riva Palacio
06 de junio de 2016
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5:05
2018, ¿cómo el 5 de junio?Las portadas de la prensa nacional e internacional no pudieron ser más elocuentes el domingo. Bombas Molotov en Veracruz y Zacatecas, violencia en Chihuahua, Hidalgo y Sinaloa, documentos apócrifos contra el PRD en Quintana Roo y contra el PRI en Zacatecas, nuevos videos y audios en YouTube que vinculaban a un candidato a gobernador con Los Zetas. La información sobre la jornada electoral del 5 de junio subrayó la violencia de la contienda. Denuncias en el Instituto Nacional Electoral donde se exigió la renuncia del secretario de Gobernación. Decenas de detenidos por presuntos actos electorales en varios estados, dos incidentes de alto impacto que involucraron enfrentamientos de la policía dos senadores panistas en Quintana Roo y Veracruz. Ningún suceso que afectara las elecciones en sí mismas, pero que el ensordecedor megáfono político magnificó como si hubiera crisis.Fue la síntesis de la regresiva democracia mexicana que se vio en las últimas semanas, que se desbordó por las 12 elecciones para gobernadores, cuya dinámica de confrontación obedeció a que este domingo se empezaron a marcar los territorios para las elecciones presidenciales en 2018. Las noticias del domingo son inconclusas en su mayoría y no permiten ver con claridad todo el escenario para dentro de dos años y medio. Pero en una primera aproximación, se puede argumentar que si la oposición quiere arrebatar al PRI la Presidencia, tendrá que replantear su esquema de alianzas para estar en niveles competitivos.Para entender la ecuación habrá que responder las razones del porqué las expectativas de unos eran tan distintas a las confianzas de otros en estos comicios que ya tienen reservada su cita en el Tribunal Electoral. ¿Cómo es posible que si el presidente Enrique Peña Nieto está reprobado en su aprobación en la mayoría de las 12 entidades en contienda el PRI no fue apaleado? La aprobación del Presidente estaba en los bajos 20's por cientos, razón por la cual los candidatos priistas lo escondieron de sus campañas. Su figura era negativa y los empujaba al fondo. Los gobernadores priistas locales no estaban mejor. En los nueve estados que gobiernan, el electorado quería que saliera del poder y hubiera alternancia; seis de cada 10 electores en cuatro de ellos, reprobaban la acción del gobernador.Con este nivel de rechazo a los gobernantes priistas, varios estados en pugna debieron haber sido menos complicados para la oposición, pero no lo fueron. Tlaxcala es un ejemplo, donde las dos senadoras que contendieron por el PAN y el PRD son reconocidas por su fuerza y talento, y sin embargo, el PRI les hizo la vida imposible. Aguascalientes es otro caso, donde las estrellas alineadas para una recuperación del poder por parte del PAN, se les descompusieron y estaba en el umbral del fracaso. Oaxaca terminó el día con una decepción para la oposición -sin que se pueda establecer la victoria de nadie-, por la confianza que tenía el aspirante de la coalición PAN-PRD de derrotar al PRI.La izquierda pudo arrasar en Tlaxcala y Oaxaca, pero la diáspora de sus fuerzas y la incapacidad para llegar a alianzas, les impidieron cantar victoria el domingo por la noche. En Zacatecas sucedió algo similar, donde a lo largo de todo el día el candidato de Morena estuvo varios puntos detrás del candidato del PRI, toda vez que el PRD y el PT, sus aliados naturales, optaron por contender con otros compañeros de elección. Tamaulipas no puede verse bajo esta ecuación, porque el choque entre dos bloques políticos se definirá por cuál de los candidatos fue visto como el menos contaminado por la delincuencia. Veracruz sale de la norma de este domingo, por el fenómeno que se dio en el estado.El gobernador Javier Duarte se reunió en tres ocasiones con el jefe de Morena, Andrés Manuel López Obrador, para llegar a un acuerdo. Según personas que conocen los detalles de las reuniones, la propuesta fue apoyo a cambio de nada. Le convenía a ambos, le dijo Duarte a López Obrador, porque este aumentaría su base electoral y él dividiría a la oposición. Como a López Obrador no le importaba ganar este domingo en ningún lado sino ampliar su territorio clientelar, el acuerdo cuajó. Lo que no esperaban quienes avalaron la iniciativa de Duarte, es que la salvaje lucha entre los candidatos del PRI y la alianza PAN-PRD, le abriera camino a un candidato mediano de Morena que en el último tramo del cierre de las urnas, podría arrebatarles incluso, la victoria.Con la excepción de Durango, Hidalgo, Puebla, Sinaloa y si para el cierre de esta edición no cambian las tendencias en Quintana Roo, nadie podrá reclamar la victoria con certeza. Lo que sí podrán comenzar a revisar los estrategas electorales que tienen en el horizonte el 2018, es que la maquinaria electoral del PRI, por encima de sus propios líderes, le continúa aportando el músculo que los hace competitivos y evita derrotas que parecían inevitables. La fragmentación de la izquierda ayudó a Morena pero no colocará a López Obrador en el nivel de competencia si insiste en rechazar las alianzas. Para el PRD, este domingo es una gran lección que como están, pronto se volverán irrelevantes. Para el PAN, el mensaje está claro: si mantienen la conducción nacional como hasta ahora, la Presidencia no se abrirá para ese partido en el próximo futuro. Es decir, si no cambian sus estrategias, habrá PRI por seis años más.rrivapalacio@ejecentral.com.mxtwitter: @rivapa
Estrictamente Personal/Raymundo Riva Palacio
17 de diciembre de 2015
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16:03
Raymundo Riva Palacio/Quadratín
El avión de la discordia
LONDRES.—Si Andrés Manuel López Obrador gana la Presidencia en 2018, ya dijo que regresará el nuevo avión presidencial que está por llegar a México estos días. Demasiado caro, afirma, y se pagó el doble de su costo. Es el avión más lujoso de su tipo en el mundo, agrega la prensa. Diputados de su partido quieren un tour por la nueva nave para denunciar su exuberancia, tras leer en la prensa que es más exótica que uno adquirido por el excéntrico sultán de Brunei, y que costó más que el Air Force One del Presidente de Estados Unidos. No creen que el Presidente de México necesite un nuevo avión. Si necesita viajar, que utilice una línea comercial. Para qué gastar dinero del erario. Nuevo debate, misma estrategia. La verdad y la razón, víctimas una vez más del maniqueísmo político.
Un avión seguro para el Presidente es un asunto de seguridad nacional. Esta fue la razón por la que Felipe Calderón decidió en el epílogo de su gobierno adquirir un nuevo avión presidencial que sabía él nunca ocuparía. Funcionarios federales afirman que el detonante de la compra fue la muerte del secretario de Gobernación, Francisco Blake, en un accidente del helicóptero en 2011. Era el segundo jefe de la política interna que moría en un accidente aéreo –el primero, Juan Camilo Mouriño, murió en 2008-, por lo que el ex presidente ordenó renovar la vieja flota aérea del Estado Mayor Presidencial.
Contra lo que afirma López Obrador, no fue Peña Nieto quien ordenó la compra del avión. Fue Calderón, quien recibió el respaldo contundente del Congreso que respaldó la adquisición del nuevo avión en el presupuesto de 2012. El dictamen se aprobó el 15 de noviembre de 2011 con 425 votos a favor, incluidos los de 45 diputados del PRD que autorizaron la compra del avión, contra 14 que la rechazaron y nueve que no participaron en la votación. Entre los votos a favor figuraron los de críticos actuales de la compra, el hoy diputado morenista Vidal Llerenas, y el senador Alejandro Encinas.
La decisión técnica y financiera fue adquirir el 787 Dreamliner de la Boeing, el avión más sofisticado en la industria que tienen gobiernos y 54 aerolíneas en el mundo, incluido Aeroméxico. El 787 Dreamliner tiene una arquitectura de diseño más ligera que cualquier otro avión comercial hoy en día, que le permite ser más eficiente en consumo de combustible y tener un mayor rango de vuelo. Puede realizar un vuelo sin escalas de 15 mil kilómetros, que es más del doble que podía hacer el avión presidencial recientemente jubilado, un Boeing 757-225 comprado en 1988, que había provocado dos incidentes serios en vuelos con Calderón y Peña Nieto a bordo.
Hay dos modelos en los más de 250 Dreamliner en operación en el mundo. El 9, con más capacidad para pasaje, tiene un precio de lista de 250 millones de dólares, mientras que el modelo 8 cuesta 212 millones. En 2018 saldrá el modelo 10, con un precio de 289 millones de dólares. El avión presidencial tuvo un precio inferior al modelo 9; fue de 231 millones de dólares, aún con los avanzados sistemas de telecomunicaciones y defensa que se le incorporaron. López Obrador asegura que el costo del nuevo avión presidencial fue de siete mil 500 millones de pesos (573 millones de dólares al tipo de cambio de noviembre de 2012, cuando se cerró el trato con Boeing), cuando la realidad es que Banobras, que hizo la operación financiera, pagó menos de la mitad en ese entonces.
López Obrador difundió recientemente un spot donde asegura que ese avión tendrá capacidad para 280 personas. Esa es la capacidad del modelo 9 del Dreamliner, no la del avión presidencial, que está configurado para 110 pasajeros. Afirma también que es más grande que el Air Force One, lo que también es falso. El Presidente de Estados Unidos no tiene uno sino dos aviones idénticos (Jumbo 747), con casi un 30% más de superficie cada uno a la que tendrá el TP01 mexicano. El Air Force One tiene oficinas para el Presidente, salas de conferencias y comedores, lo que no tiene el TP01. También puede ser abastecido en el aire para que nunca, en caso necesario, toque tierra, que es una capacidad inexistente en el Dreamliner. El excéntrico sultán de Brunei tampoco posee ningún Dreamliner; la línea aérea de su reinado sí.
La argumentación de López Obrador falsea la realidad. Es parte de su agenda política, sustentada históricamente en el maniqueísmo y la tergiversación de la información para crear condiciones de polarización. Las críticas públicas hicieron al presidente Peña Nieto a pedir a la Secretaría de Hacienda en septiembre que analizara la conveniencia de vender la nueva nave. No debe ser. Peña Nieto usará el nuevo avión durante escasos tres años, pero la vida útil del 787 Dreamliner dará transporte seguro a otros tres presidentes mexicanos. Uno de ellos podría ser López Obrador, si gana en 2018, quien deberá estar agradecido si es derrotada su campaña contra la compra del nuevo avión.
No se justifica la cancelación por aspectos financieros, pero sobretodo, por razones de seguridad nacional. De la seguridad del Presidente depende la estabilidad política de México. Que no se le olvide a nadie. A López Obrador, sobretodo, conceptualmente rupestre en temas torales como el de la seguridad nacional, la racional central de esta adquisición.