Estrictamente personal/Raymundo Riva Palacio
31 de mayo de 2016
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13:38
Secuestros de alto impactoDe la nada, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, dijo ante representantes para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, que México ya no confrontaba al crimen, sino que estaban generando “entornos de armonía en el mediano y largo plazo, a partir de un tejido social fuerte y oportunidades efectivas para el desarrollo individual y colectivo”, como la solución a la inseguridad. Sus palabras se colapsaron rápidamente al mostrar el domingo lo hueco y fallida que es la estrategia contra la delincuencia que dirige Osorio Chong, con el secuestro del futbolista Alan Pulido en Tamaulipas que desató una reacción nacional e internacional, porque es una de las estrellas del club Olimpiakos de Grecia, y volvió a poner en entredicho al gobierno mexicano.Las palabras de Osorio Chong son preocupantes, pero la realidad neutraliza los temores. Preocupa porque en las condiciones de violencia que arrastra México desde hace años, la estrategia que dijo ante los europeos sólo podría tener éxito si de por medio hubiera un pacto con los criminales. Para su fortuna –aunque políticamente es su infortunio-, es tal el desastre de la política de seguridad pública, que no se puede plantear objetivamente que el gobierno federal haya pactado con criminales. El secuestro de Pulido pulverizó las palabras del secretario de Gobernación y enfatizó cómo la seguridad en México se deteriorado durante el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.El discurso oficial dice que las cosas van por buen camino, pero la información pública indica lo contrario. Lo que le pasó a Pulido es ejemplo de la desarticulación de la política de seguridad gubernamental. Tamaulipas es una de las entidades donde más vigilancia federal hay, y el Ejército coordina las acciones en el estado. De manera coyuntural, a una semana de las elecciones, la presencia federal había sido reforzada. En las últimas semanas también se habían incrementado las denuncias de la intervención del Cártel del Golfo en el proceso electoral, pero aún así, ante los ojos de todos, metafóricamente hablando, se cometió este secuestro de alto impacto y lo trasladaron a una casa de seguridad en el centro de Ciudad Victoria.De acuerdo con las informaciones preliminares del secuestro, el automóvil de Pulido, donde viajaba su novia, fue interceptado por varias camionetas pasada la medianoche del sábado, después de salir de una fiesta en un rancho. A ella la liberaron rápidamente, lo que sugiere que sabían quién era su víctima, y se sentían tan cómodos entre las lagunas de la vigilancia federal, que podían moverse en convoyes. Los refuerzos federales y estatales no sirvieron de mucho para impedir el crimen contra alguien tan prominente ante la opinión pública. Una vez más, como ha sido a lo largo del sexenio, la retórica fue aplastada y las acciones tuvieron que ser reactivas y a contra corriente.Un inverosímil descuido del único vigilante de Pulido durante su breve cautiverio, le permitió al futbolista marcar el 066 de emergencia –increíble también que sus secuestradores no lo despojaran de su celular-, que permitió ubicarlo atrás del edificio de Tránsito en Ciudad Victoria y rescatarlo. Si la versión es cierta, fue un golpe de suerte y no, como dijo el comisionado de la Policía Federal, Enrique Galindo, resultado del esfuerzo coordinado entre las fuerzas de seguridad. Lo valioso de la mentira de Galindo es que muestra a plenitud las trampas del discurso gubernamental. Las afirmaciones del secretario de Gobernación son el claro ejemplo de que la forma como esta administración aborda y pretende controlar el tema de la inseguridad es a golpe de declaraciones y propaganda. Todo es positivo aunque sea negativo; todo es resultado del trabajo coordinado aunque sea producto del azar.Las palabras triunfalistas que repiten, no se sostienen ante la realidad. Los resultados de la Tercera Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental que dio a conocer el INEGI la semana pasada, revelan que la principal preocupación de los mexicanos es su seguridad, o la falta de ella en el país. Aunque la encuesta refleja percepciones, estas no se incuban sin la existencia de los factores objetivos que llevan a construirlas, como el hecho de cuántas personas en su entorno o conocidas, han sido víctimas de un delito.En las informaciones sobre el secuestro de Pulido difundidas en el mundo se registraron las críticas de ONG’s mexicanas sobre los datos del gobierno peñista. Los últimos que los contradicen los dio la presidenta de Alto al Secuestro, Isabel Miranda de Wallace, quien dijo que este tipo de delito ha ido al alza: sólo entre marzo y abril de este año, se elevó en 19%. Según la señora Wallace, en los tres primeros años del sexenio se registraron 6 mil 983 secuestros, a un promedio de seis por día. El sol no lo ve el Presidente porque se lo tapa el dedo de Osorio Chong. Pero restarle responsabilidad a Peña Nieto sería reduccionista.Si el Presidente insiste en pretender que la inseguridad en México no es un problema mayor para su gobierno, o fue convencido por su propia propaganda, o la realidad no es lo que lo rodea. Cuando dice que los mexicanos no comprenden lo que ha hecho su gobierno, tiene razón. Millones de mexicanos, medidos en los crecientes porcentajes de desaprobación a su gestión, piensan que su gobierno es incompetente. El secuestro de Pulido es el último botón de muestra.twitter: @rivapa
Estrictamente personal/Raymundo Riva Palacio
13 de diciembre de 2015
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20:19
Raymundo Riva Palacio/Quadratín
El Papa se auto invitó a México
El papa Francisco fijó este sábado la fecha en que visitará el santuario de la Virgen de Guadalupe en la ciudad de México y dio a conocer la agenda de un viaje que tomó por sorpresa al gobierno mexicano cuando el jefe de la Iglesia Católica se invitó a visitar este país. En efecto, la próxima gira de Francisco no estaba cocinándose en la estufa diplomática, que se había apagado desde el invierno pasado cuando el deseo de oficiar una misa en Ayotzinapa, para recordar a los normalistas desaparecidos, canceló la gestión. Si el gobierno mexicano quería imponer las reglas, ¿qué pasaría si el dialéctico Francisco cambiaba los términos?
Eso hizo cuando viajaba de Santiago de Cuba a Washington en septiembre pasado. Acababa de tener una reunión con religiosos en La Habana, a donde acudieron los jesuitas mexicanos, hermanos de obra, con quienes habló sobre su país. Fuentes vinculadas a la jerarquía eclesiástica mexicana no precisaron si en ese momento tomó la decisión de auto invitarse a México, pero en el avión, cuando la prensa le preguntó porqué se había saltado al país con el segundo mayor número de católicos en el mundo, justificó que haber ido a Ciudad Juárez, por donde quería entrar a Estados Unidos, y no visitar a la Virgen de Guadalupe, habría sido una cachetada para el país.
La dinámica cambió. Por oportunismo o sagacidad, la clase política mexicana asumió el gesto como una apertura, y rápidamente quiso quedarse con un trozo de la visita. Laicos y republicanos se convirtieron en siervos de Dios con lo que cualquier gestión discreta del gobierno para enfriar el lance papal y evitar la avalancha que les había causado Francisco los dejó en una posición débil en la negociación de la agenda.
Las fuentes religiosas dijeron que las negociaciones sobre qué lugares serían visitados, fueron constante fuente de tensión y presiones. El gobierno federal dijo que a Guerrero no podía ir, y pidió que si lo iba a hacer, se refiriera a los desaparecidos en México, pero que no personalizara en los 43 normalistas de Ayotzinapa. Como mucho se han referido en El Vaticano y México al crimen en Iguala y criticado al gobierno, se aceptó la propuesta, pero sobre desaparecidos se espera que hable en Tuxtla Gutiérrez.
El Papa estará en la capital chiapaneca la tarde del 15 de febrero, tras haber estado en San Cristóbal de las Casas. En la capital indígena mexicana el obispo Saúl Vera, coadjutor del obispo Samuel Ruiz en San Cristóbal de las Casas hasta que por presiones de El Vaticano, en los años del conservadurismo, lo trasladaron a Saltillo, quería que Francisco realizara ahí el tercer Encuentro Mundial de Movimientos Populares, que como se autodefinen, son “una alternativa popular a la globalización excluyente”.
Vera, el segundo mejor amigo en México de Francisco, que propuso el año pasado una Constitución Ciudadana cuyo punto de partida es la petición de renuncia del presidente Enrique Peña Nieto, buscó la continuidad de esa reunión con grupos anti sistémicos que han sido realizados, por iniciativa de Francisco, en El Vaticano el año pasado –donde estuvo el líder de los electricistas Martín Esparza-, y en Bolivia en julio. El gobierno dijo no y, además, pidió que se cambiara Chiapas por Campeche.
Las fuentes religiosas preguntaron la razón de ello y lo único que recibieron como respuesta era que “en Campeche el gobernador lo iba a tratar muy bien”. Además, agregaron sin sentido, jamás un Papa había estado en ese estado. Tampoco, por cierto, en Chiapas. Los cambios de ciudades en la agenda no se limitaron a Guerrero y Campeche. Por petición de Los Pinos, pidieron que Francisco incluyera a Toluca como uno de los destinos para una misa. Ni siquiera se llegó a evaluar esa posibilidad. Las ciudades estaban prácticamente preseleccionadas desde antes de que llegaran los enviados papales para revisar la agenda. Juárez, que se quedó esperándolo en septiembre, sería una; Morelia, en donde nombró en enero cardenal a Alberto Suárez Inda, a quien tiene en muy buena estima, es otra. Y la siguiente de su rápida visita pastoral, sería en el estado de México, pero Ecatepec.
La decisión sobre Ecatepec se tomó sobre dos factores sociales y uno personal. Los sociales es porque ese municipio conurbado de la ciudad de México es punto de tránsito intenso de la migración indocumentada, uno de los temas de mayor preocupación de Francisco; el otro es que ahí está un nefasto ícono de los feminicidios en la nación. Pero la personal es muy relevante. La Diócesis de Ecatepec pertenece a jurisdicción de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, que encabeza monseñor Carlos Aguiar, dos veces presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano. Aguiar es el mejor amigo del Papa Francisco en México, y en todo el sexenio Peña Nieto nunca le ha dado una cita para que puedan hablar en privado.
Francisco llegará a México la noche del 12 de febrero y regresará a Roma el 17. Su visita será pastoral, pero no por ello carente de política. Ya se vio. Meses antes de tocar suelo mexicano, el Papa Francisco le ganó el primer reto al gobierno federal. Progresista y abocado a las causas sociales, Francisco es jesuita, la orden que ha sido fuerte protagonista del movimiento anti peñista desde que el hoy Presidente andaba en campaña. Sin duda, será un viaje de pronóstico reservado, como dirían los cronistas deportivos.
twitter: @rivapa