Paradiso y la poesía mexicana
CIUDAD DE MÉXICO, 26 de marzo de 2016.- La relación de José Lezama Lima con el universo cultural mexicano siempre fue intensa y productiva. Desde los años treinta, periodo en que el poeta hizo su aparición en las discusiones culturales de la isla, hasta el momento de su muerte, en 1976, Lezama estableció un constante contrapunto literario y cultural entre México y Cuba.
En su obra poética, en sus ensayos, en sus revistas, en su obra narrativa y en sus cartas, el poeta de Trocadero 162 siempre dejó un lugar especial para el imaginario mexicano. Por eso, Rafael Rojas ha podido asegurar de forma fehaciente: “fue Lezama el escritor de la isla que más involucró en su proyecto literario el discernimiento y, a la vez, la complementación entre las culturas cubana y mexicana”, según publica el diario La Razón.
No sorprende, por lo tanto, que en la obra mayor del poeta, en Paradiso (1966), el vínculo con México aparezca de forma constante. Javier Hernández Quezada, en un par de libros muy bien documentados, ha destacado de forma precisa cada uno de los pasajes en los que esta novela recrea el ámbito y la atmósfera de lo que él llama la “imago mexicana”. Son varios los momentos en los que el universo asociado a México aparece en el relato.
En Paradiso se cuenta la estancia en este país del Coronel, padre del protagonista principal de la novela: José Cemí. Entre líneas se dejan ver ahí las impresiones que el propio Lezama tuvo cuando, en la que fue su única experiencia continental, viajó a México en 1949:
En México (el Coronel) se sintió extraño y removido. Se alejaban las divinidades de la luz, viendo que aquel era un mundo soterrado, de divinidades ctónicas; el mexicano volvía a tener la antigua concepción del mundo griego, el infierno estaba en el centro de la tierra y la voz de los muertos tendía a expresarse y ascender por las grietas de la tierra.
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