Desarrollo por vocación
MORELIA, Mich., 20 de julio del 2012.- Al igual que las personas, cada ciudad, cada entidad tiene una vocación. A temprana edad Monterrey supo que la suya era la industria, sus pasos fueron seguidos por la región del Bajío y ambos sitios encontraron por ahí la prosperidad. Quintana Roo apostó al turismo mientras que Tabasco decidió seguir la carrera del petróleo. Sin embargo, hay lugares que no han encontrado aún su vocación y deciden dedicarse a múltiples profesiones sin darse cuenta que la coexistencia de algunas es muy delicada.Siempre he pensado que tal es el caso de Michoacán. Un estado rico en cultura, de paisajes hermosos y reservas naturales únicas, que sirve al visitante platillos tan originales como tradicionales; una región de ciudades y pueblos que guardan en sus muros un trozo de la historia patria. Michoacán es una potencia turística y es también una entidad con vocación hacia la naturaleza.Periodo tras periodo, el gobierno en turno se esfuerza porque la industria crezca en la capital Michocana y sus alrededores; por una razón o por otra el éxito no ha sido rotundo. Tal vez el causal ha sido la fortuna y no los errores, pues se necesitan más que terrenos e inversión para que la industria sea próspera y para que en verdad promueva el desarrollo desde la óptica de la sustentabilidad.Desde la llegada de la industria papelera a la ciudad hace ya algunos ayeres el conflicto por el uso y calidad del agua ha estado presente. El río Grande de Morelia hoy es uno de los más contaminados de la entidad a causa de las descargas que recibe de parte de la planta productora de papel.El lago de Cuitzeo, el segundo más grande del país, hoy está en unos de sus peores momentos; el agua que se ha extraído a través de pozos profundos para uso agrícola, industrial y doméstico excede la capacidad de dar del lago.Sentar un parque industrial de gran envergadura implica, en primera instancia la necesidad de destinar tierras para construir las naves; en segundo lugar, la industria necesita alimentarse y saciar su sed, la cual es inmensa; sumémosle a esto el hambre de combustibles y de otros recursos de origen natural. No se acaba aquí la historia, ahora la industria ha comido y ha producido, es tiempo de descargar: basura, columnas de humo, agua sucia y en ocasiones cosas peores.La industria generadora de empleos recibirá a miles de obreros que necesitarán vivienda, y escuelas, y tiendas, y hospitales, y calles, y coches, y autobuses y la ciudad crecerá y crecerá encontrándose con las cercanas para formar un día una monstruosa zona metropolitana.Desde esta perspectiva, resulta caótica la llegada de la industria ¿cierto? El panorama puede ser distinto si se evalúan los impactos positivos y negativos y se toma una decisión razonada acompañada de un gran libro de leyes que impida que las fábricas descarguen agua sin previo tratamiento, emitan a la atmósfera si usar filtros o no dispongan responsablemente de sus residuos peligrosos.El panorama puede ser también distinto si se busca la vocación de la entidad; si se analiza en forma paralela otro plan de desarrollo orientado a garantizar el bienestar social y económico mientras se conserva el medio ambiente.Tal vez los esfuerzos deban concentrarse en regresar la paz y garantizar la seguridad en el estado para que Michoacán abra sus puertas de par en par al turismo sediento de naturaleza, cultura y tradiciones. Puede ser que la vocación del estado sea el turismo y que mil fotografías de un paisaje generen más recursos a lo largo de más tiempo y doten de mejor calidad de vida a la población local que todo un conjunto de fábricas maquiladoras de ropa.