La visita del Papa, fiesta de la familia católica/Mateo Calvillo Paz
La visita del Papa, fiesta de la familia católica
La visita del Papa es la fiesta del pueblo creyente y de todos los que buscan metas muy puras y trascendentes. Es la fiesta de la familia, es tu fiesta.
Un chico del pueblo, Juan García López, comparte su creencia: somos una familia muy chida, afirma con humor, una familia maravillosa
Somos la más bella familia de fe, tenemos un Padre común, un hermano mayor, tanta riqueza de vida, un destino eterno, la herencia más rica.
Los valores más profundos nos unen, valores religiosos, heredados por siglos de las grandes culturas madres, la indígena y la europea.
Tenemos una historia larga y maravillosa de familia, recuerdos comunes: milagros, bautismos, primeras comuniones, valores fundamentales, etc.
Por muchas razones, a veces –confiesa Juan’ nos cortamos de la vida de la familia, alejamiento lento, pérdida de valores, nos alejamos de la práctica, por razones leves o simple rutina.
Nos gana la indiferencia, nos ausentamos de la misa y los sacramentos, preciosas experiencias de encuentro con Dios que dan solidez y rectitud a las familias y personas.
Somos demasiado susceptible. La susceptibilidad y resentimientos por ofensas recibidas nos han llevado muy lejos.
El Papa trae una bendición inmensa, de valor fundamental: viene a sacudirnos, a despertarnos, a reunir a todos los hijos de la familia que se han dispersado o que están adormilados, desganados. Viene a reunir a la familia para la fiesta de la fe, la alegría y la reconciliación social.
La fiesta nos une como pueblo creyente. La emoción nos invade y nos hace entrar en la corriente, elevarnos a un mundo transformado, vivir una experiencia diferente, sutil, bella, con nada comparable.
Juan invita espontáneamente: déjate ganar por las emociones de contento, de felicidad. Déjate transformar para que irradies alegría.
Acércate a Dios que es un Señor alegre, rico, generoso. El desbordará en ti la alegría más pura. Acércate a la fuente, aliméntate sin dinero, vengan y compren sin dinero, así leemos en la Escritura.
Nuestra religión –prosigue Juan- es la religión de la alegres. Es una corriente que atraviesa la historia de la salvación. ¿Recuerdas qué dice Pablo? “Alégrense siempre en el Señor, de nuevo les digo: alégrense… el Señor está cerca”. El viene en la persona del Papa, Dios nos visita. El Papa es su imagen viva que nos lleva al encuentro con él.
Juan parece bromear: sé apóstol del regocijo, la fiesta de la fe, me sugiere. Sal de la comodidad de tu casa y tu ciudad, ve a las periferias, el Papa Francisco invita.
Ve a la periferia de la pobreza, del dolor, de la carencia de ropa, comida y bienes, de fama y felicidad, a las calles alejadas, a las casas más humildes, sombrías, tristes.
Sal a la periferia del crimen y los vicios, al crimen organizado, a los barrios de las drogas y el alcohol, al sida.
Ve al encuentro de los desencantados, que se han ido de la práctica de la Iglesia y de los sacramentos, a los vacíos de Dios, sin esperanza, sin gozo.
Ve a las periferias, lleno de entusiasmo, de creatividad, haz que todos entren en la fiesta: la música, los cohetes, el vocerío, la dicha increíble de una experiencia más pura de sentir a Dios.
Creo que todos debemos participar de manera viva y efectiva en la fiesta. Juan conoce una organización que piensa eninvitar a las autoridades civiles, presidentes, jefes de tenencia para que se pongan grandes pantallas en los templos y las plazas para que todos vean al Papa y se haga la fiesta ahí, con los que no tienen ropa elegante y cara ni dineropara ir a la ciudad o no tienen televisión por el apapgón.
Es el reto y ejercicio apostolado del momento, el servicio a Buena Noticia de la vida diferente, pura, que salta hasta la vida eterna.
Es la hora de los grupos apostólicos, asociaciones, de todos los que asisten a misa. Siéntanse enviados a las mayorías alejadas que no van ni a misa. Siéntanse del número infinito (setenta y dos es número simbólico que significa todos) de los que envió Jesús, a llevar la buena noticia, curar a los enfermos, liberar a los endemoniados y anunciar las riquezas y el año de gracia del Señor de la vida.
A través de la televisión, -invita Juan- en la radio hagamos una fiesta global, abierta, sin fronteras, en la ciudad y el campo, de la montaña al mar, La señal de radio y televisión nos permite unirnos verdaderamente, estar con Papa sin tener que hacer el viaje o adquirir los boletos.
La imagen y el sonido de los medios electrónicos nos hacen como los ángeles, decía el Maestro PierreBabin, padre de los comunicólogos católicos, amigo de Marshall Mc Luhan, estamos presentes sin el cuerpo, afirmaba él.
No hace estar ahí, participando en los cantos y porras y gozando sin el cuerpo, en la fiesta de la plenitud y del espíritu.