Voz de lo alto/… Para hacerte hijo de Dios
… Para hacerte hijo de Dios
Cristo, eterna sabiduría de Dios, deja los esplendores de la gloria y se convierte en Hijo del hombre para que tú pudieras ser hijo de Dios. Dios.
En tu vida. Los hombres tienen con frecuencia baja auto estima, por los suelos, se sienten como pobres limosneros, no sienten su dignidad absoluta.
Escucha el grito del Papa San León: reconoce, cristiano, tu dignidad, levántate de un suelo de mugre, humillaciones, miseria. ¡Eres un tesoro!
Dios habla.El Padre Dios interviene con los hombres sólo para salvarlos. Por eso, por un amor de misericordia se mete en la historia de los hombres y en tu vida.
Tiene un plan muy sabio y lo lleva a su realización plena y definitiva en Cristo, el Hijo de sus confianzas.
Lo manifiesta entre esplendores de gloria cuando nace entre los pobres de Belén tomando la condición humana. Es navidad.
La Palabra de Dios contenida en la Biblia y que proclamamos hoy ilumina, el acontecimiento, el misterio.
Nos presenta la grandeza de Cristo. Es la sabiduría de Dios que habita en medio del pueblo, en la asamblea de los santos, celebra, predica, reina.
San Juan pinta la grandeza sublime, incomparable de Cristo, más allá de todas las grandezas conocidas. Lo llama la Palabra, el Pensamiento de Dios, Logos, Verbo.
Es un himno maravilloso el prologo del Evangelio de San Juan. “En el principio existía la Palabra… La Palabra era Dios… Todas las cosas fueron hechas por é…. El era la luz… La Palabra se hizo hombre y se vino a vivir al barriodel mundo…”
Si es grandiosa la creación, lo es más la redención.
Esta llega a su etapa definitivo en Cristo se realiza con la cruz y la resurrección. El camino empieza en Belén.
La obra de Dios en nosotros, la transformación, el don de todas las bendiciones y riquezas del Padre se realiza con la obra de Cristo. La Carta a los Efesios lo proclama:
“El nos eligió en la persona de Cristo, desde antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor”.
Es una obra divina, maravillosa, de insospechada profundidad. Se cambia la suerte del ser humano y la de la creación.
El Señor de la tierra nos transfiere todas sus riquezas para nuestro ser integral.
“De su plenitud hemos recibido gracia tras gracia”. Afirma San Juan.
De la misma proporción de la gracia de Dios, igual que grandeza asombrosa parece ser la necedad del hombre, su pecado que es ceguera e ingratitud. Su actitud es incomprensible, absurda.
Es el mundo del vicio, es la tiniebla, la noche de pecado y placer, insensible a la grandeza verdadera. Las tinieblas no recibieron la luz.
Es sorprendente y escandalosa la actitud de nosotros pecadores. Es triste y patética la afirmación de San Juan: “vino a los suyos y los suyos no lo recibieron.
Mientras no vivamos un encuentro con Cristo en los esplendores divinos, belleza y santidad de su nacimiento o de toda su vida, seremos parte del pueblo pecador, ciego, estúpido que prefiere los placeres y negocios de las tinieblas a los regalos verdaderos de Dios.
Necesitamos romper la dureza de piedra, los gustos bajos de pecado, desgarrar la ceguera y la corrupción y dejarnos transformar para ser una criatura nueva. Deja que Dios haga su obra.
Conviértete, cambia tu manera de pensar, tus valores bajos, tus gustos irresponsables. Purifícate con la Palabra, en el sacramento de la misericordia y recibe los regalos de Dios para captar la sabiduría y la vida que Dios envía en su mensajero el Papa.
Vive plenamente. Sólo Dios colma tus deseos de riquezas infinitas, de grandeza. Déjate cambiar por él, conviértete, acércate a la Palabra, al sacramento del perdón.
Para reflexionar en familia. Como familia, déjense alcanzar por Cristo, él llenará su hogar de felicidad y los regalos verdaderos.