Voz de lo alto/Nuestro Único Rey Es Cristo
Nuestro Único Rey Es Cristo
Cristo es Rey porque nos rescató con su sangre del pecado y de la muerte con su sangre. Debemos cumplir sus leyes de amor para llegar al reino eterno.
En tu vida. Necesitamos un rey que nos gobierne y acaba con los atentados, la guerra, las injusticias y el odio que desgarran la humanidad con inmenso dolor.
Vivimos con el deseo vivo y secreto de un rey divino, que nos traerá un reino de paz, de riquezas, donde se realizarán nuestros sueños más bellos.
Dios habla. Cerramos el año litúrgico y se completa la visión de nuestra vida, se nos revela el final grandioso y decisivo para nosotros. Se cierra el ciclo con la visión grandiosa de Cristo Rey y de su Reino celestial.
El único gobernante bueno es él. En los demás hay muchas limitaciones: egoísmo, soberbia, despotismo, mentira, torpeza y ceguera. Protegen sus intereses, cuidan demasiado su vida.
Cristo es Rey, él lo afirma en el Evangelio. Es el rey que reina desde la cruz y es el mismo que viene sobre las nubes del cielo.
Lo afirma ya dentro del drama de su pasión, en un juicio injusto en el que está, de entrada, sentenciado a muerte. Es arrastrado en una secuencia de traición, iniquidad, cuando lo juzgan inicuamente en una serie de corrupción, envidia, odio, pecado- Los actores dirán que actúan en nombre de Dios, y buscan el bien del pueblo.
Es rey, como el servidor sufriente de Yahvé. Viene a un mundo de maldad y sufrimiento para llevar a la justicia y a la gloria final.
El es testigo de la verdad, de la fidelidad del Padre Dios, es mártir. Es el primogénito de entre los muertos, es el primero que vence la muerte y resucita con nueva vida, inmortal.
El nos rescató. Afirma la Carta a los Hebreos: él es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el soberano de los reyes de la tierra, aquél que nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre. A él la gloria y el poder.
La verdad es esplendorosa: él está por encima de los reyes de la tierra que a su lado aparecen chiquitos, miserables, a veces horrorosos. El no busca nada para sí mismo, entrega su sangre por nosotros. Nos da la transformación soñada: nos hace hermosos, dignos, hace nosotros un reino de sacerdotes y una familia divina.
Nos dirigimos a ese rey divino y grande en la aclamación: “por Cristo con él y él….”
El te ofrece un reino más bello y puro que los reinos de la tierra, más allá de las estrellas. En este reino de libras la inmundicia de la corrupción, la injusticia y construyes un mundo donde se aplica la ley y se pone en orden a los criminales, sin tomas, ni agresiones y caos.
El final será muy hermoso, celeste. La felicidad, la gloria y la hermosura se desbordarán.
La Palabra de Dios descubre el final de la historia. Es un secreto que Cristo nos revela en parte ahora.
Se cumple la profecía de Daniel. Cristo es aquél “alguien semejante a un hijo de hombre que venía sobre las nub es del cielo… recibió la soberanía, la gloria y el reino…. “los pueblos y las naciones de todas las lenguas lo servirán.
¿Cómo entramos en su proyecto de la vida y de la historia y nos hacemos miembros de su reino? Hay que dejarnos alcanzar y tocar por él, lavarnos de nuestros pecados, vivir una nueva vida buscando los bienes de lo alto.
Vive intensamente. No vivas para los reinos del mundo tienen mucha miseria del cuerpo y del alma, encuentra a Cristo, síguelo, entra en su Reino diferente.
Para comentar en familia. Cómo familia, aceptamos a Cristo como Rey? ¿Es él el rey de la casa y lo seguimos?