La caída de Tenochtitlan/Arturo Herrera Cornejo
El 13 de Agosto de 1521 cayó la gran Tenochtitlan.
Luego de la derrota que había sufrido un año antes en el episodio que se conoce como la “Noche Triste”, Hernán Cortés se refugió en Tlaxcala, donde armó pequeñas naves, los bergantines, para el combate naval en el lago de Texcoco. En el bando de la Triple Alianza, que dominaba Tenochtitlan, se fueron dando defecciones, Texcoco se alió con el conquistador.
Adicionalmente, una epidemia de viruela, que inició en 1520 con la llegada de un esclavo que venía en la expedición de Pánfilo de Narváez, causó estragos entre la población azteca.Uno de los relatos indígenas recogidos por Miguel León Portilla en Visión de los Vencidos, describe la gravedad de la situación sanitaria: “Cuando se fueron los españoles de México […] sobre nosotros se extendió: gran destruidora de la gente, algunos bien los cubrió por todas partes (de su cuerpo) se extendió. En la cara en la cabeza, en el pecho. Era muy destructora enfermedad. Muchas gentes murieron de ella. Ya nadie podía andar, nomás estaban acostados, tendidos en su cama. No podía nadie moverse, no podía volver el cuello, no podía hacer movimientos de cuerpo, no podía acostarse cara abajo, ni acostarse sobre la espalda, ni moverse de un lado a otro. Y cuando se movían algo, daban de gritos. A muchos dio la muerte la pegajosa, apelmazada, dura, enfermedad de los granos.”
La de Cortés fue la tercera expedición de españoles que venía a estas tierras, le habían precedido las encabezadas por Francisco Hernández de Córdova y la de Juan de Grijalva, que habían tenido que regresar a Cuba. Al de Extremadura lo favorecieron varios factores: la creencia que tenían los indígenas de que Quetzalcoatl regresaría de Oriente; el escuchar en Cozumel que quienes lo recibieron decían repetidamente “Castilan Castilan” le llevó a pensar que quizá se refirieran a Castilla, no se equivocó, entre los mayashabía dos sobrevivientes de un naufragio ocurrido en el Caribe: fray Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, el primero decidió seguir a Cortés y se convirtió en su traductor, el segundo decidió quedarsepues ya se había adaptado a su situación y formado familia; en Tabasco le fue regalada una indígena que sabía náhuatl y maya, doña Marina o la Malinche, con lo que resolvió el problema de la comunicación, por ello en Zempoala, supo por boca del “cacique gordo” que había inconformidad contra los Moctezuma por los tributos y el expansionismo de los aztecas; eso mismo le sirvió a Cortés para negociar con los tlaxcaltecas, después de que opusieron resistencia.
Las noticias de que en México-Tenochtitlan había grandes tesoros, despertaron la ambición de los conquistadores, tenían un afán de obtener las riquezas. Para justificar la conquista los españoles recurrieron a la descalificación de los aztecas, los señalaron de cometer “sacrificios y torpedades” y de adorar a demonios: “estaba una placeta y tres casas de cal y canto que eran cues y adoratorios donde tenían muchos ídolos de barro, unos con caras de demonios y otros como de mujeres, y otros de malas figuras, de manera que, al parecer, estaban haciendo sodomías.” “como Montezuma era muy devoto de sus ídolos que se decían Tezcatepuca e Huichilobos, el uno decían que era dios de la guerra y el Tezcatepuca el dios del infierno, y le sacrificaba cada día muchachos para que le diesen respuesta de lo que había de hacer con nosotros”, refiere Díaz del Castillo.
México-Tenochtitlan sorprendió a los conquistadoress: “nos quedamos admirados, y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadis, por las grantes torres y cues y edificios que tenían dentro en el agua, y todos de cal y canto, y algunos de nuestros soldados decían que se aquello que vían, si era entre sueños, y no es de maravillar que yo lo escriba desta manera.” Más les agradó que los caciques que los recibieron llevaban un presente de oro.
Al descubrir, en la casa en la que se hospedaban un gran tesoro en uno de los cuartos, Moctezuma fue hecho prisionero, pero antes de efectuar la aprehensión: “toda la noche estuvimos con oración rogando a Dios que fuese de tal manera que redundase para su santo servicio.” Se pretextó que los españoles habían sido atacados cerca de Tucapán, cerca de la costa, por emisarios aztecas, habiendo resultado muerto un soldado y un caballo. “Helo disimulado por lo mucho que os quiero” le dijo Cortés, pero: “Conviene que para todo excusar que luego callando y sin hacer ningún alboroto se vaya con nosotros hasta nuestro aposento, que allí seréis servido y mirado muy bien como en vuestra propia casa”, amenazándolo con que se daba alboroto o voces sería, asesinado.
El emperador fue sometido y cuando, luego de la matanza del Templo Mayor, pretendió calmar a la multitud, fue apedreado por sus súbditos y murió. Cuitlahuac, el sucesor de Moctezuma, gobernó tan solo unos meses, pues corrió la suerte misma suerte de muchos pobladores de Tenochtitlan, pues murió víctima de la viruela.
Cuauhtémoc al frente de las fuerzas aztecas había resistido durante ochenta días el asedio de las tropas españolas, respaldadas por sus aliados indígenas:totonacas, tlaxcaltecas y texcocanos; el último emperador azteca fue aprehendido al anochecer del 13 de Agosto, en medio de la lluvia, iba a bordo de una canoa grande en el lago junto con su familia y treinta principales. Fue llevado ante Cortés y -según la narración de Bernal Díaz del Castillo en la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España-, “llovió y relampagueó y tronó aquella tarde y hasta media noche mucha más agua que otras veces” al estar frente al capitán español —continúa el cronista—, Cuauhtémoc le dijo: “Señor Malinche, ya he hecho lo que soy obligado en defensa de mi ciudad, y no puedo más, y pues vengo por la fuerza y preso ante tu persona y poder, toma ese puñal que tienes en tu cinto y mátame luego con él”.