Los medios hoy/Camila Cienfuegos
Una no es propiamente mujer de mundo, como esas damas que salen en la portadas de las revistas del corazón, posando con ropa de diseñador, lentes oscuros, y junto a un Aston Martin. Lo más lejos que había viajado de mi natal Aguililla había sido Apatzingán cuando tenía como 10 años, y eso fue por un algún concurso escolar.
Morelia fue otra experiencia extraordinaria de la que ya tuve la oportunidad de comentarles, y cuando cumplí 22, ya graduada de la universidad, Estados Unidos fue la experiencia viajera más importante. Conocí Seattle, una ciudad maravillosa de la que dije, algún día regresaría para vivir una temporada.
Ahora me tocó partir a un país que todos conocemos como Arabia Saudita, aunque oficialmente es Reino de Arabia Saudita, y es que se trata de una monarquía absoluta, que es gobernada actualmente por rey Salmán bin Abdulaziz. Hasta hace poco, el término “Saudita” siempre se me figuraba como del sur o sureño, pero tuve que pasar por este viaje para darme cuenta que se trata de la dinastía monárquica, Al Saud, que actualmente gobierna, y cuyo fundador Abdelaziz bin Saud, le da ese término en 1932
El corazón me tiembla desde la primera y única escala en Amsterdam, incluso Holanda tiene muchas similitudes con México pero… ¿Arabia Saudita? Todo me parece una incógnita. De Amsterdam a Dammam, que es una de las más importantes capitales, nos cuesta seis horas y 30 minutos llegar. El arribo no es diferente, y aunque el capitán del avión se despidió amablemente y en español, los de la aduana árabe me aterrizan en la realidad; una realidad que me obliga a vestir el Khimar y el Chador negros que me cubren totalmente, de pies a cabeza.
Me toca ser atendida por un chico joven, nada feo, le sonrío y le digo “hi, good night”, pero él me mira muy prepotente y no me responde, solo corrobora mi nombre “¿Camila Cienfuegos?”, luego me entinta los dedos de ambas manos y los plasma en una hoja de papel, en seguida me toma una foto, como si de un fichaje se tratara. “Estos cuates no tratan bien al turismo” –pienso- pero no me sorprendo, no se puede llegar al Reino de Arabia así nomás. El trámite es engorroso. Se debe tener la invitación ex profeso de alguien que viva allá y llenar una serie de requerimientos burocráticos.
Afortunadamente mi primo Saulo y su linda esposa Berenice, me facilitan las cosas y me reciben en el aeropuerto. El turismo en este país no es prioridad, hasta parece que viven mejor sin turistas. No promueven en turismo como sus vecinos de Qatar o los Emiratos Árabes Unidos, en cambio, a La Meca les llegan millones de turistas cada año, que a manera de peregrinaje visitan la Kaaba, ese emblemático y misterioso cubo al que todo buen musulmán debe visitar al menos una vez en la vida, o cuando menos rezarle hacia su dirección cinco veces al día desde cualquier parte del mundo.
El aduanero termina de despacharme casi lanzándome el pasaporte en la cara. Yo estoy muy cansada como para si quiera volver a verlo (tan guapo y tan mamón). Rápidamente me dirijo a hacia la sala principal para recoger mis maletas y me abalanzo para saludar a mis primos que sus sola presencia me retiran el nerviosismo. No puedo saludar a mi primo igualmente con la misma efusividad que a Bere porque en estos lugares no está bien visto, basta un simple apretón de manos.
Eso sí…nomás se abren las puertas eléctricas que nos llevan al estacionamiento y ¡puta madre! Este sí es calor no chingaderas, se respira caliente, y aún al pasar por los túneles se respira ese calor seco peor que en Churumuco, y eso ya es mucho decir ¿Sol y arena? Eso querías Camila ¿no?
Los mantengo informados.
Ostula
Ayer por la noche me entero de los acontecimientos en Ostula, muy cerca de mi tierra. Una peligrosa manifestación contra militares trae consigo un niño muerto por una bala que aún no se sabe quién disparó. Y en este, como en otros casos, el gobernador Salvador Jara ejerce la política del avestruz.
¡¡¡Excelente martes para todooooooooos!!!