A sus 96 don Jesús Ramírez da gracias a la vida
Morelia, Mich., 28 de junio de 2015.- De mirada firme, temple sereno y con una lucidez que impresiona, es como se muestra don Jesús Ramírez Álvarez, michoacano como pocos, gozoso de su familia y maravillado con la vida y con cada día que esta le regala como este 27 de junio, día marcado en su historia, en el que, con total plenitud, llega a sus 96 años.
Huérfano a muy corta edad, pues perdió a su madre a los siete años, supo afrontar con entereza cada reto que la vida le ponía al lado de su padre y sus cuatro hermanos, así como de los nueve medios hermanos de quienes se separó para irse a vivir con su abuela paterna con quien vivió varios años.
Oriundo de Puruándiro, Michoacán, siendo el mayor de todos sus hermanos, apasionado y entregado a la labor postal, actividad a la cual le dedicó casi la mitad de sus 96 años, se muestra fuerte y entero para disfrutar cada día de su vida.
"Empecé a trabajar en el correo muy joven, de cartero, luego fui agente postal ambulante, en ese empleo me jubilé, en el correo, entré como a los 18 años, salí de la escuela y fue cuando entré al correo".
Siguiendo el ejemplo de vida de su padre, quien también laboró en las actividades del correo, don Jesús comenta que fue una persona ejemplar que le dejó grandes enseñanzas que lo convirtieron en el hombre que hoy es.
Otra de sus pasiones: el violín; instrumento que aprendió a tocar desde los ocho años y que es uno de los principales recuerdos de su niñez: "¿Qué recuerdo de mi infancia? Me acuerdo mucho que me enseñaron a tocar violín, tocaba violín en una orquesta en Puruándiro y ya de ahí fue cuando ingresé al correo, ingresé como cartero”.
Con un vasto árbol genealógico, don Jesús puede presumir que cuenta con una familia unida, sólida, con 13 hijos vivos, de 15 que procreó con su esposa. Aún recuerda el nombre de sus dos hijos que ya no están con él físicamente: Fernando, a quien cariñosamente recuerda como Fernandito, y Jesús. La lista la completan 40 nietos, 32 bisnietos y una tataranieta.
Apasionado del violín, gusta de escuchar este género en diferentes artistas. Javier Solís, Lola Beltrán y Miguel Aceves son de sus artistas predilectos, además de preferir los valses y la Orquesta de Andrés del Río; todos los escucha a menudo en su hogar, una casa modesta en cuya entrada principal al interior se ubica un enorme árbol de aguacate que brinda una agradable sombra que refresca el patio, junto a otro pequeño que son el pasatiempo de don Jesús. “Le gusta cuidarlos y que su casa esté limpia”, dice una de sus hijas. “Siempre está acompañado”.
Además de los árboles frutales una pequeña perrita se ha convertido en su compañía diaria, pese a que anteriormente casi no le agradaban, pero ahora la mascota permanece y juega con él acompañándose fielmente.
Con una sonrisa marcada y en un tono de respeto y añoranza evoca a su compañera de vida, doña Esther Zacarías, una mujer que se convirtió en su cómplice. “Una mujer muy buena y católica como yo. Nunca tuve dificultades con mi esposa, ninguna, y tuvimos un montón de hijos”, recuerda. Lamentablemente, el cáncer irrumpió en su vida llevándose a esa mujer que pese a no estar presente, continúa viva en cada rincón de su hogar.
Haciendo honor a su ideología religiosa, como cada año sus hijos ofrecieron una misa para agradecer al ser supremo la bendición de contar con un padre lúcido, congruente y sobre todo sano. El Templo de Capuchinas, en Morelia, arropó a la familia que, en silencio profundo escucharon las oraciones de fe y alabanzas para pedir que don Jesús se mantenga como hasta ahora.
En los últimos años, dada la relevancia de la edad de su padre, los 13 hijos se reúnen para festejarlo en una fiesta llena de alegría, algarabía, ilusión, agradecimiento, esperanza y recuerdos, pues los hijos, nietos, bisnietos y la tataranieta disfrutan de la compañía de todos los integrantes de la familia que solo pocas veces se logra.
Las fiestas de Navidad y fin de año son únicas. Los más de 100 integrantes se aglomeran en la pequeña vivienda que se engrandece con el calor familiar. Las posadas son también festejos envidiables, todos reunidos en torno al patriarca, gracias a quien están hoy en este mundo.
Arropado por sus hijos provenientes ahora de ciudades como Cancún, Distrito Federal y Morelia, y en el caso de los nietos, que ahora viven en Inglaterra, Las Vegas, Ensenada, Baja California, Querétaro y Guadalajara, se muestra alegre, gozoso de tenerlos cerca y con salud.
Añora el uso del correo, hoy casi olvidado
Ante la llegada de la tecnología se han perdido usos de antaño, como el correo, oficio apasionante para don Jesús, pues fue a esa labor a la que entregó la mitad de los años que ha cumplido y que hoy ve con añoranza que se ha perdido.
“Hay tecnologías más modernas, yo fui mensajero y andaba en Palacio Federal, traía mi chofer que me llevaba y me traía a quitar valijas, yo les daba a los del tren y ellos me daban lo que traían para Morelia en esa ruta.
“Hay tantos medios de comunicación, antes había muchas casas, había buzones, había apartados en las oficinas, yo estuve en las oficinas postales de Palacio Federal”.
A lo largo de su vida ha sido testigo fiel de diferentes hechos, tanto favorables como lamentables, como el terremoto de 1985, la matanza de Tlatelolco en 1968, año de las Olimpiadas en México y el nacimiento del Volcán Paricutín, el más joven del país.
Ha viajado, no se ha privado de ello, y tras jubilarse cerca de los 50 años aseguró que ha visitado varios países gracias a sus hijos: “(Mi hijo Mario) me llevó a Roma, me llevó a Estados Unidos, a Canadá, me pasea mucho mi hijo”.
Así es como hoy, a 96 años de lucha, entrega, esmero y de vida, don Jesús Ramírez da una cátedra de vida a su familia y a todo aquel que lo conoce; invita a vivir intensamente cada momento sin importar la edad o condición, pues finalmente, a eso se viene, a vivir armoniosamente de la mano de todos los que lo rodean.
En el caso de don Jesús, refirió con un temple sereno que después de todo lo vivido no le tiene miedo a nada: “Hasta la fecha no, a morir, pero a lo demás no le tengo miedo”.