Orihuela: el candidato/Fabiola Alanís
El candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido Verde Ecologista (PVEM) Ascensión Orihuela Bárcena es de una personalidad adusta y poco tolerable a la crítica, las tímidas preguntas de los trabajadores de los medios de comunicación tienen que ver con el miedo manifiesto de quien siente la mirada dura y desafiante del interlocutor. Quizá por ello, son pocos los articulistas que en pleno fragor de la lucha electoral se atreven a teclear frases opositoras que alteren al cada vez más irascible candidato, se corre el riesgo de disgustarlo.
Hace unos días durante una entrevista con el prestigiado periodista Jaime López Martínez, el candidato Orihuela reaccionó extremadamente colérico frente a su interlocutor, cuando éste le interpelaba la información difundida sobre el número de propiedades que tenía, fuera de sus casillas soltó “no sé cuántas propiedades tengo” (sic), “claro que no conozco al güero Palma”. Es difícil suponer que alguien que no es capaz de gobernarse así mismo intente gobernar a los demás. Es difícil imaginar a alguien que no sabe cuántas propiedades posee o más bien son tantas que ha perdido la cuenta.
No se trata ciertamente de acudir a Freud o Lacán para describir al personaje. No se requiere mucha ciencia para saber que detrás de la mirada y de las frases duras se esconden las personalidades tímidas e inseguras, detrás de las actitudes irascibles está el miedo ligado a la mentira de sus dichos.
La campaña del candidato Orihuela está plagada de mentiras, está intentado como estrategia cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo a la lógica de Goebbels, si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan. Las malas noticias para el Partido Revolucionario Institucional tienen que ver con un desdibujado proyecto que no logró colocarse en el ánimo del electorado a pesar de mil veces repetir mentiras intentando convertirlas en verdades absolutas.El tamaño de sus mentiras, es también el tamaño del miedo de quien se siente derrotado.
Los que deciden al interior del PRI sus razones habrán tenido para postular al hoy candidato, sus razones tuvieron también para desplazar totalmente a Jesús Reyna García preso en el penal de Puente Grande por presuntos vínculos con el crimen organizado. El ex gobernador emanado del Partido Revolucionario Institucional fue en otro tiempo aliado incondicional de Orihuela y el operador más experimentado en materia político-electoral.
El candidato Orihuela adoptó como consigna el orden, reconociendo con ello explícitamente la ausencia de orden es decir el caos. En eso habría que concederle razón. En menos de cuatro años del gobierno priísta han pasado por Michoacán al menos cuatro gobernadores: Fausto Vallejo, herido de gravedad por los videos en donde se observa a su hijo en franca convivencia con la “Tuta”, Jesús Reyna, preso en Puente Grande por su exposición en un video altamente comprometedor también con la “Tuta”, Salvador Jara Guerrero, coadyuvante del caos y la ingobernabilidad que padece la entidad y principal responsable de la quiebra financiera anunciada por el secretario del ramo y finalmente el Virrey Castillo operador directo del Plan Michoacán quien está siendo investigado por su presunta responsabilidad en la masacre del 6 de enero pasado que costó la vida al menos a 16 personas en el municipio de Apatzingán.
Así las cosas, también hay ingredientes endógenos en la ya previsible derrota del PRI el próximo 7 de junio: Los presuntos vínculos con el crimen organizado de Jesús Reyna y Rodrigo Vallejo Mora; el enriquecimiento ilícito del candidato Orihuela y de su familia y la lucha desatada al interior del PRI por los agravios de unos y otros. En ese estado de cosas, no es menor el desprestigio de su principal aliado, el Partido Verde expuesto públicamente por violentar flagrantemente la Ley electoral, la multa que deberá pagar es una de las más altas de la historia electoral en México, no hay manera pues de poner orden.