Aristegui: defensa de una voz chocante
No me gusta Aristegui. No comulgo con su manera de hacer periodismo. Me parece totalmente parcial en sus investigaciones, al no tocar ni por equivocación a la 'izquierda' o al obradorismo. Creo que tiene una obsesión personal con Televisa que nubla su objetividad. En su afán de criticar al poder y a los poderosos de este país (excepto a los de 'izquierda', por supuesto), muchas veces da validez a teorías conspiratorias disparatadas, o a suposiciones sin sustento, o ya de plano a rumores que circulan en las redes sociales. Me aburren sus soporíferas coberturas de dos horas sobre un mismo tema, que muchas veces, a mi parecer, no tiene mayor trascendencia. Mucho menos estoy de acuerdo con un gran número de sus seguidores, que creen a pie juntillas todo lo que dice y que la defienden de manera casi fanática, y que consideran cualquier cuestionamiento hacia ella una persecución, hostigamiento o intento de censura. Ella misma creo que muchas veces juega el papel de víctima cuando es cuestionada.
Pero nada de lo anterior me hace que parezca justificable o mucho menos deseable que la censuren. ¿Se propasó con MVS, se sintió intocable y creyó que no tenía por qué rendirle cuentas a sus empleadores o no seguir sus lineamientos? Tal vez, pero la reacción de la empresa parece totalmente desproporcionada, tanto con ella como con los dos reporteros despedidos que destaparon el escándalo de la 'Casa Blanca', una investigación que ha sido muy valiosa para mostrar los niveles de corrupción en el país, y en especial del círculo del Presidente. Es por eso mismo que no puedo soportar la idea de que su despido
obedezca a presiones del poder por lo incómodo que les resultó dicha investigación. Sería un retroceso inaceptable, en un país en el que tantos lucharon durante mucho tiempo para que hubiera la libertad de expresión de la que gozamos. MVS debería dar una explicación convincente del porqué del despido de los dos reporteros, así como del repentino cambio en sus lineamientos para conductores. No podemos permitir que ninguna voz sea callada en México, por chocante que nos parezca. Es demasiado lo que hay en juego.