Crisis y más crisis
Hoy por hoy, debemos reconocer con toda franqueza que el país vive momentos difíciles, debido a diversas situaciones que en su conjunto representan un elevado riesgo para su estabilidad, crecimiento y desarrollo. Además de la crisis social por la que atraviesa México, enfrentamos una crisis económica de la que no se está hablando mucho, pero que comienza ya a afectar seriamente la economía de las familias mexicanas. En las últimas semanas algunas de las variables fundamentales para mantener estable la economía han sufrido serios retrocesos que ponen en vilo el desarrollo económico nacional.
Por una parte, el peso mexicano se ha devaluado en lo que va del presente año en 17 por ciento, lo que se traduce en que actualmente la paridad se ubique en los 14.5 pesos por dólar. La historia de las devaluaciones en México ya nos la sabemos, después de éstas llega la inflación y el estancamiento de la economía. Por otra parte, otra de las variables que inquietan es la relacionada con el precio del petróleo. La mezcla mexicana de petróleo llegó a cotizarse en el mercado internacional a 100 dólares por barril, sin embargo, una modificación en la estructura del mercado internacional del petróleo derivada de la caída en la demanda del hidrocarburo ha hecho abatir el precio del petróleo mexicano a casi 60 dólares por barril. En este sentido, el efecto más preocupante de esta pérdida será el impacto que provocará en las finanzas públicas del país por la enorme dependencia de éstas en la producción petrolera de México.
Si a este contexto se le suma el crecimiento mediocre que ha presentado la economía nacional en los últimos dos años, lo que podemos advertir en el horizonte no son buenos pronósticos económicos para el país. Los desastres provocados por acciones y omisiones del gobierno no son producto de la casualidad, más bien son la suma de errores y contingencias aisladas que en un momento dado llegan a provocar una situación de caos y de ingobernabilidad.
México atraviesa un momento crítico, en los últimos 15 o 20 años no había pasado por uno igual. Lo que tenemos ahora es una crisis política, social y económica. Más vale a la presente administración tomar cartas seriamente en el asunto para comenzar a dar soluciones oportunas a cada problema. La omisión o la gestión con una visión para esquivar los costes políticos solamente traerá el recrudecimiento de las problemáticas. Es momento de reconocer lo que no se ha hecho bien, los errores que se han cometido y tomar acciones oportunas para que el barco deje de hundirse.
México no está ya para devaluaciones, ni para crecimientos del uno o dos por ciento. Hoy día, México es un país de jóvenes que reclaman educación y empleo; hoy día, México es un país que requiere sacar de la pobreza a más de la mitad de su población; hoy día, México es un país que necesita salir de esta crisis de seguridad; hoy día, México no soporta más corrupción ni impunidad. Es necesario que el gobierno actual entienda y lea con claridad los mensajes que manda la ciudadanía porque parece ser que hoy día México ya se cansó.