Sobremesa
A once días de haber asumido Felipe Calderón la Presidencia de la República y debido ya a la grave situación de inseguridad que vivía el País en aquel 2006, particularmente en Michoacán, fue como su gobierno iniciaba la estrategia contra el crimen organizado denominada " Operativo Conjunto Michoacán", precisamente dicho arranque se daba en Apatzingán, municipio donde habían sentado ya sus reales y poderío la delincuencia. Todos recordamos la declaratoria de guerra que en la 43 Zona Militar con sede en ese municipio de la Tierra Caliente, donde el Mandatario acompañado también de los integrantes del Gabinete de Seguridad y del Gobernador Cárdenas Batel, dijo allí que el despliegue de siete mil efectivos de las fuerzas federales fuertemente equipadas y pertrechadas era para " fortalecer la seguridad de los mexicanos y sus familias, para traer paz a los espacios públicos que la delincuencia organizada ha arrebatado". Luego año con año estos efectivos federales fueron incrementándose hasta llegar a diez mil elementos en 2012, cuando el panista terminaba su mandato.
¿Cuáles fueron los resultados de aquella estrategia Calderonista?, desde un principio fue un total y rotundo fracaso, nada funciono, todo tipo de delitos se disparó, por ejemplo, los homicidios cada año aumentaron, aunque en 2012 tuvieron un ligero descenso. La violencia se desato desde el inicio de aquel gobierno, en 2006 se registraron 1,349 homicidios; en 2007 fueron 1,484; en 2008 la cifra fue de 1,906; en 2009 aumentaron 2,265; en 2010 hubo 2,029 asesinatos; en 2011 subieron a 2,272 homicidios; en 2012 fueron 2,287. Ya en 2013 con el nuevo gobierno de Peña fueron 2,568 homicidios, según cifras del Secretariado Ejecutivo Nacional con lo que podemos observar que en Michoacán se desarrolló una verdadera matanza de personas durante los seis años del gobierno encabezado por el panista Calderón, tendencia violenta que continuó a un ritmo incluso más acelerado en el primer año de Peña Nieto, quien prácticamente no había hecho ninguna modificación sustancial a la estrategia fallida del sexenio anterior y muy poca atención prestaba a lo que estaba ocurriendo en materia de seguridad en la entidad, recordemos que durante el primer año de este sexenio el Presidente ni siquiera pisó el territorio michoacano, no fue sino hasta finales de 2013 cuando ya amplias e importantes zonas y regiones del estado se encontraban bajo el control político, económico y de las armas por parte de las mafias, que el gobierno de Peña Nieto decidió actuar, primero tomando el control de la seguridad del puerto de Lázaro Cárdenas, -espacio estratégico para el comercio y la seguridad nacional-, luego fueron intervenidas varias policías municipales, para posteriormente en enero ya de este año implementar la nueva estrategia de seguridad que se sigue hasta nuestros días, la cual a pesar de incluir algunas variables distintas e innovadoras tampoco ha dado los resultados por todos esperados.
Expertos de seguridad calificaron en su momento, a la estrategia anticrimen de Calderón como "ingenua" y "peligrosa", toda vez que las bajas de las fuerzas federales evidenciaron una notoria incapacidad para combatir exitosamente a la delincuencia, al no contar con la información suficiente y precisa, así como debido a una conducción en todos los aspectos errática. En esa estrategia el Presidente había decidido volcar toda la fuerza del Estado Mexicano en una lucha masiva en contra de un enemigo al que no se le encontraba con facilidad. Las ejecuciones aumentaban y no había detenciones de capos importantes, tan pronto se retiraban los pelotones de una zona o región inmediatamente las bandas reiniciaban sus actividades delictivas, fue esto sin duda lo que generó momentos y circunstancias altamente desmoralizantes tanto para las fuerzas armadas como para la sociedad.
En realidad las fuerzas armadas no estaban preparadas para esa guerra de guerrillas en contra del narco, incluso Calderón no estaba tampoco preparado para combatir a los carteles, muy poco tocó el tema durante su campaña a pesar de que el número de ejecuciones rompía récords y la nota roja disputaba a los candidatos las ocho columnas de los periódicos. Fue el gran cuestionamiento de la forma como llego al poder lo que motivó a Calderón a tomar la medida política de atacar el narcotráfico para fortalecer su posición en Los Pinos juzgando que un golpe de firmeza en el tema de seguridad elevaría los niveles de aprobación de la gente hacia su gobierno, lo cual ciertamente ocurrió en un principio, pero tal percepción al ir transcurriendo su sexenio se diluyo estrepitosamente ante el evidente fracaso de su estrategia. Finalmente, Calderón había perdido la guerra, su estrategia había sido derrotada. Si el actual gobierno no aprende de los errores del pasado podría ocurrirle algo muy parecido.