Diálogo
El juego es una dimensión de la persona humana, al lado de la tarea formidable de realizarse a sí mismo y construir un mundo mejor seguro y fraternal.
El mundo se ve invadido de la fiebre futbolera por todas partes. Es una epidemia que le pega a todos. Algunos se resisten pero van cayendo poco a poco en la onda deportiva.
El mundo deportivo se ha transformado radicalmente por la globalización vehiculada por los grandes medios de comunicación. El planeta está convertido en un estadio global con millones y millones de espectadores que están en la jugada, la viven intensamente y la celebran muchas veces con fanatismo.
Los medios electrónicos le dan al campeonato mundial de futbol una dimensión universal, lo llevan a toda la gente. Pero su servicio no es desinteresado, se cobran muy bien porque de muchas maneras influyen en el espectáculo hasta corromperlo en su esencia. Lo vinculan con el negocio, quieren convertirlo en negocio. El negocio priva sobre el deporte.
La imagen y el sonido, a través de las redes de comunicaciones lo ponen al alcance de multitudes incontables pero corrompen su naturaleza lúdica que es gratuidad, creación, genio, sin manipulación.
El juego de los zares de la mercadotecnia es sutil y va envolviendo a todos, imperceptiblemente, el deporte se vende y es negocio muy rentable.
El deporte es juego, es decir libertad, gozo, es como ensayo de las grandes obras del hombre. Es un ensayo de las verdaderas victorias contra las adversidades y los adversarios nuestros en la marcha al progreso y la gloria. El juego es sencillez, fantasía y recreación. Marca especialmente una etapa de la existencia humana, la infancia. Se queda toda la vida como un pequeño refugio para descansar de las tareas fatigantes de la edad adulta.
El juego está grabado en las entrañas mismas de la persona humana, en su estructura original, desde los orígenes de la historia y de la vida personal. Así, la tradición del jugo de pelota en los pueblos de Mesoamérica es milenaria. En los sitios arqueológicos tiene un espacio central y armonioso como en las pirámides de Tingambato, entre nosotros.
Es un rasgo de la niñez que debemos conservar porno ahogar al niño interior que llevamos en el alma como lo testifica la psicóloga Raquel Levistein. Esto da a la vida sencillez, transparencia, pone un brillo de gozo en la mirada.
El Divino Maestro lo pone como condición para alcanzar la vida nueva: "si no se hacen como niños, no pueden entrar en el Reino de los cielos”.
El futbol los vuelve niños, no precisamente en el buen sentido de la palabra. Es la transformación permanente y general inducida por la televisión en la edad de la comunicación electrónica, como lo señala este estudioso de la televisión, Eduardo Sartori.
Otros psicólogos hablan de regresión infantil: reacciones incontroladas, desproporcionadas, irracionales, la emoción priva sobre la razón.
Se pierde la justa proporción del deporte y del trabajo. De las personas adultas se espera un comportamiento maduro, una celebración racional, aunque esta actitud sea criticada por el Principito de Saint Exupéry, que se queja de las personas mayores.
El deporte es juego y debe ocupar un tiempo menor en las actividades de un país, una sociedad, una persona.
En cambio la vida de algunos da al juego un papel avasallador, preponderante, tiránico. Aunque no lo acepten, para muchos la vida parece convertirse en puro juego. El partido de futbol detiene la vida en la ciudad y el campo.
El presidente suspende todo para ver el partido de la “selección”. Esto sucede en horas laborablescuando tiene que resolver asuntos gravísimos, trascendentes, que requieren toda la concentración y el recogimiento para dar soluciones sabias, históricas, “como nunca antes”. Es el presidente niño se Sartori.
Con mayor razón, otros funcionarios adoptan conductas irresponsables que abandonan el trabajo y la atención al público. Cuando jugó el Tri contra Brasil, tuve que esperar a que el licenciado X terminara de ver el partido. Era media mañana de un día de trabajo.
¿Se puede resistir a esa corriente poderosa y a la tentación de volverse niños porque es el Mundial? ¿Se puede permanecer sereno, sabio y guardar el justo equilibrio y el sentido del trabajo y del deporte y no perder la visión del conjunto de la realidad?
El hombre grande en años debe ser, maduro, seguro en sus compromisos, dueño de sí mismo, capaz de divertirse en su momento, dándole al deporte su lugar entre las múltiples y graves ocupaciones del día?
El deporte no es todo en la vida, es sólo metáfora, una fantasía, un momento de relax.
El verdadero terreno de la competencia es otro, el terreno social de la lucha contra la corrupción, la recesión, el retraso en la educación, impartición de justicia, baja preparación profesional, honestidad, verdad, democracia auténtica.
Es apasionante vencer en otras lides, donde México clasifica en último lugar, en las lides de la productividad, búsqueda bien de los pobres. En el trabajo honesto, intenso, gozoso es donde hay que lograr las metas, alcanzar la victoria final y la gloria, el triunfo sobre la crisis y un futuro de progreso y bienestar.
De otra manera el Mundial genera enajenación que aprovechan los poderosos para distraer a los mexicanos de los verdaderos problemas.
Después de las jornadas de trabajo, hay que tener un momento de esparcimiento, de diversión y soñar con las mieles de la gloria imposible y no sufrir demás si el sueño se derrumba. Hay mexicanos que lo viven así.