Somos familia de Cristo resucitado
En tu vida.Mucha gente vive clavada en este mundo, lleno de comerciales, ruidos y bienes de consumo, esperan encontrar aquí el paraíso.
Tienen la mente embotada, como embriagada por el vino, tienen los sentidos torpes y no son capaces de mirar y apreciar las riquezas de Dios, las verdaderas, preciosas que no decepcionan.
Dios habla.Desde el principio, cuando pecaron nuestros primeros padres y perdieron todos los regalos del cielo, Dios hace el plan de devolverles los dones del paraíso.
Trabaja con admirable paciencia a lo largo de los siglos en su plan hasta realizarlo plenamente en Cristo muerto y resucitado.
Al hombre, en el fondo le preocupa salvarse, alcanzar la vida inmortal y la felicidad plena en el paraíso de la gloria.
Sin embargo, al hombre de hoy le importan el dinero y los placeres del cuerpo. Se dejan llevar por la moda y no tienen lugar para Dios y sus riquezas.
Quien vive la vida y amistad de Cristo, no encaja en el mundo, la gente no lo comprende, están fuera de moda, los mundanos los desprecian.
Los creyentes tenemos otros valores que el mundo no aprecia. Hay que entrar en la vida de comunidad, la familia de fe. Ahí se los creyentes se comprenden, pueden hablar de las cosas de Dios, se sienten a gusto.
En la comunidad se comparte la vida, y se sirve a los hermanos. Así los siete diáconos prestaban el servicio para atender a las viudas pobres.
Los apóstoles tienen una misión muy alta e indispensable. “Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra”.
La comunidad hace otros quehaceres del templo y del servicio a la comunidad para que el sacerdote tenga tiempo de orar y estudiar la Palabra.
La tarea es que los hombres dejen el hombre viejo, mundano, fariseo que viene a misa porque obliga, que se acerca a los sacramentos para hacer una fiesta social.
A los que viven la vida nueva de Cristo, él, en su inmensa generosidad, les tiene un regalo increíblemente precioso. “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones…. Ahora voy a prepararles un lugar… volveré y los llevaré conmigo”.
Con su muerte y resurrección va a la eternidad, al Reino del Padre a prepararles su habitación.
¡Qué riqueza, dicha, privilegio, un desarrollo más rico y precioso que “Altozano, el desarrollo al que no le falta nada”, mientras lo venden.
La muerte cambia de sentido: ya no es envejecer, ir perdiendo la hermosura, la fuerza y convertirse en un horroroso cadáver para los gusanos.
Morir es liberarse de la oruga como la mariposa, del cuerpo de muerte para entrar en la casa del cielo, en la fiesta de la vida y la hermosura.
Para tener esa suerte feliz, es necesario creer en Cristo y en su Padre. Hay que escuchar a Cristo, darle tiempo, esfuerzo, sacrificios. Hay quienes no le dan absolutamente nada. Creen que cumpliendo algunas prácticas….
Esto es indispensable, él es el camino que lleva al Padre. No se engañen, los artistas y psicólogos del mundo no lo enseñan.
El es la verdad, tiene los secretos de la sabiduría y el éxito.
Es la vida, la riqueza y paz celesteen la casa más bonita, preparada en la casa del Padre.
Vive intensamente.¿Cuándo vas a acércate a Jesús para confiar en él y en su Padre? ¿Cuándo vas a tomar en serio la casa que te ofrece con todos los bienes mesiánicos?
Cristo con nosotros. Jesús, Señor y Mesías está con nosotros, con sus regalos de salvación, el más preciosola comunión desu cuerpo y su sangre.
Para comentar en familia.¿Cómo nos libraremos de la enajenación del mundo y sus paraísos para creer en los regalos de Dios?