Mamás desde la cárcel
14 de mayo de 2014
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19:07
Carolina Viggiano /Quadratín
El pasado 10 de mayo celebramos el día de las madres, fecha dedicada a las mujeres que a diario y con gran sacrificio dan la vida por sus hijas e hijos, sin importar las circunstancias bajo las que viven o las dificultades a las que se pueden enfrentar.
Sin embargo, existe un grupo de mamás al que pocas personas recuerdan en esta fecha y cuya situación me gustaría compartir con ustedes. Me refiero a las madres que viven presas, a quienes sin duda debemos poner especial atención para mejorar su calidad de vida y la de sus hijos que, lamentablemente, algunas veces nacen y crecen en las propias cárceles en condiciones desfavorables.
Al respecto, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de los Estados Americanos (OEA), han recomendado que en las cárceles existan instalaciones especiales así como personal y recursos apropiados para mujeres presas, sobre todo para quienes se encuentran embarazadas, van a dar a luz o son madres de niñas y niños pequeños.
En nuestro país, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y el Instituto Nacional de las Mujeres, han alertado sobre la necesidad de regular la permanencia, cuidado y educación de los niños y niñas que actualmente viven en las cárceles con sus mamás, ya que en algunos casos únicamente se permite su estancia durante la lactancia y en otros hasta los 15 años de edad, pero en condiciones de higiene, alimentación y seguridad que no son propicias para el adecuado desarrollo de un niño.
A lo anterior se suman las mujeres presas que ya eran madres al momento de ingresar a la cárcel y que son separadas de sus hijos o que, aún en la cárcel, son el único sostén de estos niños pero que se encuentran imposibilitadas para brindarles los recursos que necesitan para su alimentación y sobrevivencia.
Si bien estas mujeres fueron acusadas de haber cometido un delito, sus hijos e hijas no son responsables de esta circunstancia y en consecuencia deben revisarse las condiciones en las que viven ya sea dentro o fuera de las cárceles, toda vez que sin la presencia materna o sin las adecuadas condiciones que garanticen su desarrollo los estamos condenando, en muchas ocasiones, a repetir los errores que cometieron sus padres.
Por ello, es necesario diseñar una política pública para atender a las mujeres que se encuentran en prisión con un enfoque social y no solo jurídico como ocurre actualmente, porque su encarcelamiento no solo impacta su vida sino la de sus propios hijos por las condiciones en las que estos son atendidos y educados.
De igual manera se requiere un análisis detallado, desde una perspectiva social, sobre la situación de cada mujer que ingresa a la cárcel, toda vez que a la fecha no existen estadísticas que nos digan puntualmente no sólo cuantas de esas mujeres son madres, sino los factores sociales que viven y las condiciones en las que se encuentran sus hijos e hijas durante el internamiento.
Es necesario generar un sistema de reinserción que les garantice regresar a la sociedad sin ser estigmatizadas, que les asegure un ingreso suficiente para la manutención de sus hijos, que las prepare para trabajar una vez que sean liberadas, que incluya un modelo de educación inicial en los centros penitenciarios así como espacios y personal calificado que contribuya al desarrollo de estos niños y niñas que no tienen la culpa de que sus mamás se encuentren tras las rejas.