Libre Expresión…
¿Quién puede vivir con eso?
“La igualdad de la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ninguno tan pobre que se vea necesitado de venderse”… Jean Jacques Rousseau. (1712 – 1783) Filósofo francés.
A propósito de la conmemoración del Día del Trabajo, resulta importante destacar que en medio de la discusión por la reglamentación de las reformas estructurales, el reparto equitativo de la riqueza no aparece entre los temas trascendentales, mientras el abismo entre la opulencia y la indigencia crece a pasos agigantados.
Resulta que México se ubica en la décimo quinta posición de América Latina, en cuanto al salario mínimo se refiere. Es decir, sólo están peor la República Dominicana, El Salvador y Ecuador. Mientras que en países como Panamá, Costa Rica, Argentina, Paraguay, Uruguay y Chile se ganan ya como mínimo el equivalente a más de 5 mil pesos mensuales, en México en el área “A” es de 2 mil 18 pesos y 70 centavos y en la “B” de sólo mil 913 pesos con 10 centavos. ¿Quién puede vivir con eso?
La Canasta Básica mexicana contempla 89 bienes y servicios, y según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), a marzo del 2014, sólo la Canasta Básica Alimentaria per cápita costó $ 1,242.83 mensuales en zona urbana y $ 874.87 en la zona rural. Insisto, ¿quién puede vivir con eso?
Además, vale recordar que el Salario Mínimo Nacional ha perdido el 76 por ciento de su poder adquisitivo en los últimos 25 años, mientras que en la actualidad, el 59 por ciento de las casi 53 millones de personas económicamente activas del país se ubican en el ámbito informal, cuando la tasa de desempleo alcanza al 4.7 por ciento de dicha población.
Sirvan estos datos para recordar la crisis que vive México, con dedicatoria especial a la clase política mexicana que parece no tener oportunidad de observarlo en prácticamente todas las regiones del país.
Esa indiferencia para con la clase trabajadora también es responsable de las crisis de inseguridad que brota por todo el territorio nacional. Usar al salario mínimo como fiel de la balanza para controlar la inflación y hasta las exportaciones con el vecino país del norte, parece que está tocando fondo.
Ya don José María Morelos y Pavón en sus Sentimientos de la Nación anhelaba que las leyes que dicte el Congreso “deben ser tales, que obliguen a la constancia y patriotismo. Moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando su ignorancia, la rapiña y el hurto”. Qué lejos estamos todavía de alcanzar este objetivo vigente desde la creación de nuestra nación.
Anhelo del Siervo de la Nación, que la clase gobernante y política sólo recuerda con sendos discursos cada primero de mayo, pero que ha sido incapaz de lograr una mejor distribución de la riqueza y en ello y sólo como un ejemplo más, destaca el Salario Mínimo Nacional, evidentemente insuficiente para obtener lo indispensable para vivir.
Entre ese mar de discursos demagógicos, vale la pena destacar la convocatoria que hizo el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, para generar un debate nacional en aras de ajustar el salario mínimo y lanzó las 2 primeras preguntas: ¿Puede la economía mexicana crecer sobre la base de salarios mínimos tan castigados? ¿No será que la economía mexicana no crece porque el nivel de ingresos de los trabajadores es muy bajo?
Ojalá le tomen la palabra y el próximo año la clase política mexicana y el poder económico nacional logren darnos una gigantesca sorpresa y el salario mínimo mexicano se ponga a la vanguardia de América Latina, ya de menos, para que un obrero pueda acceder a la Canasta Básica.
Espero que la clase encumbrada en el poder pueda entender a través de informes y tablas comparativas, las dificultades que enfrenta quienes ganan salarios mínimos. Ojalá que ello baste, pero sino y por absurdo que parezca, que de menos experimenten vivir con dos mil 18 pesos un mes, para que entiendan y respondan a ¿quién puede vivir con eso?
Con la esperanza de que haya una próxima vez… me despido, gracias.