Tuiteando con el Papa Francisco
El tema lo puso el Papa Francisco al tuitear en su cuenta: @Pontifex_es: El reto de los esposos cristianos: estar juntos, aprender a amarse para siempre y buscar el modo de que el amor crezca.
El tuit del Papa me llevó a reflexionar sobre eso de “ser esposos” –pareja- (no importa si se es cristiano o no, ni siquiera importa si se está casado o no) y le contesté con los siguientes tuit´s: 1.- Los esposos deben aprender que el fundamento del amor es el respeto, entendido como la aceptación total de la persona amada. 2.- El reto de los esposos es: asumir la responsabilidad de la paternidad y amorosamente educar juntos. 3.- El reto de los esposos es: entender que cada uno, juntos, debe buscar su plenitud personal y ser ejemplo, 4.- El reto de los esposos es entender que tienen la misma dignidad, pero no son iguales; por ello son complementarios ¡Apóyense!…
Desde hace un rato traigo problemas con el lenguaje, no, no es que se me trabe la luenga, sino que de alguna manera distorsionamos el sentido de las palabras, como en el caso de la unión de personas gay, en donde los estultos de la Suprema Corte de inJusticia de México pretenden llamarla matrimonio, cuando el diccionario de la Real Academia Española define con claridad que matrimonio es: “Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales”. En otras palabras, nuestros incultos jueces, para quedar bien políticamente con quienes creen que llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo es un avance en derechos humanos, asumen que legislando: al rojo se le puede llamar gris o al tomate, jícama. Si estuviera en mis manos orientar a estos próceres que forman la Suprema Corte de inJusticia de México, les diría que cobrar los sueldos inmorales que cobran, no les da ni la capacidad ni el derecho para prostituir nuestro idioma, pero no estoy en esa capacidad, es más, creo que nadie está en esa capacidad, pues los hombres y mujeres que cínicamente cobran y se asignan millonarias cantidades, como lo hacen los supremos jueces, solo se escuchan ellos, ya que están en otro mundo en relación con los ciudadanos de a pie que les mantienen y por ende son sus mandantes.
Decía que si hubiera dos gramos de inteligencia en los supremos jueces, podrían declarar a las uniones de personas del mismo sexo como uniones de convivencia o de conveniencia (así les conviene) y darles jurídicamente el derecho a los mismos compromisos y prestaciones del matrimonio, pero nunca llamarle matrimonio a esa unión, por una sencilla razón, no es matrimonio.
Por otro lado, ver a los supremos jueces modificar arbitrariamente el lenguaje, abre la posibilidad para que yo, simple mortal, haga lo propio y llame esposos a quienes, con o sin un acto jurídico que los una, deciden unir sus vidas para amarse y formar una familia.
Ya encarrerado el ratón ¿Para qué tanto rollo respecto a los esposos o no esposos, matrimonio o no matrimonio? ¡Bueno!, pues la razón es que se me ocurrió que para que este país jale y lo podamos recomponer, necesitamos de quienes, al margen de su situación jurídica decidieron unir sus vidas para formar una familia, y que en el proceso se convirtieron en padres y madres, asuman responsable y amorosamente su responsabilidad para que el fruto de esa unión, los hijos, puedan crecer y madurar como ciudadanos responsables y útiles y como hombres y mujeres de bien al servicio de sus respectivas comunidades.
Recordemos: por definición las personas somos seres sociables, es decir, nos juntamos en grupos para potenciar nuestras capacidades, resolver nuestros problemas, enfrentar los peligros y de esa forma, poder en lo individual alcanzar nuestra propia plenitud y por ende la felicidad. En otras palabras, no estamos diseñados para vivir solos; los ermitaños son bichos raros, no lo común. ¿Ton´s?, pues resulta que al vivir en sociedad, las personas debemos aprender el cómo hacerlo, lo que se plasma en las leyes y reglamentos y se aprende con la educación familiar y cívica; aprendizaje que es responsabilidad primera de los padres, ya que es en etapa temprana cuando se forman el carácter y la personalidad y se inculcan los valores de responsabilidad, solidaridad, honestidad y otros, que marcarán de por vida a las personas y que conformarán las características individuales que les permitan a cada uno ser un buen ciudadano, un buen vecino, un buen trabajador y en su momento un buen padre de familia.
Amarse los esposos ¡Sí!, ayudarse ¡También! Pero, desde el aspecto social y cívico, la mayor responsabilidad de los esposos, es, como padres educar y nutrir adecuadamente a sus hijos para que llenándolos de amor, sean ciudadanos plenos y personas de bien para su propio beneficio y para servir a la sociedad y a la república… ¡Así de sencillo!