Bachillerato Tecnológico, otro camino
Insisto, el modelo Neoliberal adoptado en México, bajo el pretexto de competencia y reducción de precios, nos lleva a un modelo de esclavitud moderno…
Con esto en mente, reflexionemos; los mexicanos no estábamos educados para un modelo de consumo y explotación humana; los mexicanos estábamos formados para un modelo de cooperación y responsabilidad social, que tenía como fundamento la colaboración comunitaria y el respeto al medio ambiente… ¿Si es así?,… entonces podemos concluir que el diseño de soluciones para los problemas nacionales tiene que partir de esta vocación y construir, como principio, una plataforma educativa sólida que nos despierte a los mexicanos y nos regrese a nuestras raíces.
Ya tenemos un premisa inicial, la necesidad de educación, y una propuesta, pero: ¿Cómo llevarla a la práctica como estrategia para solucionar problemas?... Para hacerlo tenemos que entender y reconocer que la “esclavitud moderna” nació con la industrialización, la acumulación de capital en pocas manos y la propiedad privada “sin límites” como forma jurídica de convivencia, dentro de un modelo económico depredador sustentado en la explotación de recursos y personas, apoyado en la subordinación del trabajo al capital y aderezado con la privatización de bienes públicos para enriquecer a pocos y dejar sin nada a las mayorías.
No olvidemos que hasta los conquistadores españoles, tuvieron la visión y sensibilidad para respetar, bajo el concepto de tierras comunales, el derecho de los que no tenían nada, dándoles un espacio para trabajar y una parcela para producir sus alimentos… ¡No!, no lo hicieron por buenas gentes; lo hicieron por conveniencia, conscientes de que un individuo sin la posibilidad de sobrevivir, por simple instinto se convertirá en un depredador de los que tienen o acumulan,… como hoy sucede en todo México. De ahí la necesidad y urgencia de, no solo poner tierras a la disposición de todos los mexicanos, sino infraestructura y bienes de capital para insertarlos en la globalización, al tiempo que en forma comunitaria y humanista, desde las escuelas, enseñamos de nuevo el trabajo cooperativista, el aprovechamientos de bienes y recursos, la generación de riqueza y empleo y por supuesto, las formas de convivencia para que cada persona, dentro de una comunidad, pueblo o región, pueda vivir con la dignidad de persona y así poder alcanzar su propia plenitud… Es aquí donde veo un área de oportunidad en los bachilleratos tecnológicos, al incorporar en sus contenidos educativos, no solo conceptos de humanismo, civismo y desarrollo comunitario, sino prácticas reales de organización para la producción, respetando vocaciones regionales, recursos naturales y el medio ambiente, para que dentro de un modelo de cooperativismo controlado, integre a la comunidad educativa con la sociedad a la que pertenecen, para, y cito la Misión del CECyTEG en Guanajuato: “Lograr en los jóvenes una formación integral de nivel medio superior, a través de un proceso educativo de alta calidad, con un enfoque tecnológico y humanista que contribuya al desarrollo creativo de su proyecto de vida y de sus comunidades.” Coincidente la propuesta con el primer valor citado por la institución: Solidaridad. La que veo imprescindible y urgente si queremos evitar los errores de Michoacán.
Reflexionemos en el valor estratégico de los bachilleratos tecnológicos (Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo, decía Arquímedes); En mi opinión, la reconstrucción nacional debe iniciar como la revolución mexicana, por el campo y la sociedad rural. El trabajo en una comunidad o pueblo (como laboratorio social, político y económico), es más sencillo y controlado que en las ciudades; ya que la responsabilidad educativa da la investidura para acceder a líderes sociales, políticos y económicos con la representación necesaria para construir un liderazgo ciudadano sano. No olvidemos, la educación será, un día, cuando los programas y contenidos estén asociados a las necesidades económicas ¡Sí!, pero sociales, familiares y humanistas también, el verdadero disparador del cambio y punto de partida de la reconstrucción social en México.
Si a los bachilleratos tecnológicos en zonas rurales les sumamos carreras e inversiones productivas orientadas a la producción agropecuaria (Agroindustrias Estatales), tendrían, adicionalmente a la educación y a la generación de economía, riqueza y empleo, las grandes palancas y apoyos para el cambio de paradigmas que considero tan necesarios, para construir en México un modelo humanista. Las agroindustrias podrían iniciar dentro de los mismos bachilleratos tecnológicos, enriqueciendo las economías local y regional, ya que se tendría la capacidad técnica y administrativa para operarlas, hacerlas rentables y así iniciar el verdadero laboratorio de cambio económico-social (con recursos e infraestructura) que nos permita marcar el camino al futuro con el humanismo y el trabajo comunitario como banderas… ¡Así de sencillo!