Diálogo
La humildad de los hombres de poder
A los servidores públicos la verdad les duele pero les haría tanto bien, los haría madurar, los convertiría en gobernantes y estadistas.
¿Tenemos derecho de ver conscientemente la ambigüedad la solución que dan las autoridades a nuestros problemas y las deficiencias?
Sí. También debemos tener bien clara la idea de lo que deben ser quienes conducen el destino de la nación, de su perfil. Tal vez ellos nunca se cuestionan sobre su perfile imponen su modo de ser, como imponen modelos de país que no nos convienen.
Mucha gente expresa,en su plática, su molestia por la actitud triunfalista del presidente y de sus secretarios.
Están hartos de su discurso grandilocuente, hijo de sentimiento de autosuficiencia, discurso apenas veladamente arrogante.
La gente ya no “se traga” el lenguaje por su vanidad y su manipulación de la realidad.
En su discurso donde muestran que están confusos sobre la verdad del hombre gobernante, de su ser limitado y falible. Está ausente la verdad de la acción humana, concretamentede la gestión de los asuntos públicos. Pretenden hacerlo todo bien y nunca cometer un mínimo error.
Pretenden ser los primeros, los definitivos, los únicos que hacen bien las cosas, los salvadores y los nunca vistos. Su publicidad es inflada y engañosa: van a hacer “que México se mueva”, nunca nadie antes habían dado “lo que México se merece”, en los dos sexenios recientes ni en las sietes décadas anteriores.
Sus pretensiones tienen sabor de omnipotencia, todo lo pueden, hablo en el plano filosófico. Solo les falta fijar la fecha para inaugurar su paraíso en la tierra. Ellos van a derramar todas las riquezas sobre los mexicanos, aunque no precisan cuáles mexicanos serán los beneficiados e ignoran un olvidan que se necesita mucho más que bienes materiales para llevar al hombre a su destino definitivo y su realización plena.
Muchísimos ciudadanos no ponen atención a su discurso, muchísimos otros escuchan y sonríen con inteligencia e incredulidad.
Al presidente y su gabinete parece faltarles una virtud. En la gestión de un tecnócrata y un pragmático, ese concepto ha desaparecido con el universo de valores humanos. En la realidad, ese valor humano sigue siendo indispensable.
Les hace falta la humildad que libra de la soberbia que libera a la persona rompiendo la burbuja inflada y fantasiosa donde vive. Evita al hombre marearse y perderse en una nube de humo.
La humildad permite ver la realidad del hombre, su ser íntimo y esencial. El hombre es criatura precaria, limitada, mortal, el hombre no es un dios ni un demiurgo.
Busca su grandeza con todo derecho. Un camino equivocado es creerse más que hombre y buscar la gloria venida de los hombres, ir detrás de su adulación, aprobación, admiración, aplauso.
El hombre se ubica y encuentra su verdad frente a Dios, ahí encuentra su verdadera grandeza, en su reconocimiento. La gloria auténtica es la venida de Dios.
Si el hombre se ubica frente a Dios encuentra su justa relación ante los hombres. Cuando haya hecho una gestión sobresaliente de la cosa pública podrá afirmar: somos humildes servidores, no hemos hecho más que nuestro deber. Tendrá la libertad y la seguridad para hacerse servidor de sus hermanos hombres sin sentirse disminuido.
Dice el Maestro de maestros: que el superior entre ustedes sea su inferior. El Hijo de Dios pone el ejemplo y puede afirmar: así ustedes deben lavarse los pies unos a otros.
La humildad es un rasgo de los hombres auténticos, sabios, verdaderamente grandes, que no pierden tiempo en exaltarse a sí mismos ni a su instituto. Les da una personalidad encantadora, que se impone por sí misma.
La humildad es sencillez en las actitudes de quien vive bien anclado en la realidad, sin perder pie.
La humildad es modestia de quien se reconoce como un hombre de entre los hombres, que no se cree más quelos demás ni único.
Es una calidad del Rey de reyes que se sitúa como él último de todos y finca su valía en su capacidad de servir.
El pueblo mexicano es sabio, tiene un sustrato cultural muy profundo, es sensible a las virtudes, que le permite descubrir las virtudes de sus gobernantes. Tiene derecho a exigir al presidente y a los servidores públicos que sean humildes, que no gasten el dinero en proclamar sus logros, reales o aparentes, en alimentar su ego, que demuestren su capacidad de servir en la humildad.
Necesita ver las acciones de sus autoridades con ojos críticos, valorarlos. Debe quedarse con lo bueno a pesar de todos los reflectores y el bombardeo inmisericorde de la publicidad oficial.
Recientemente tuvimos un presidente que era sobrio en sus expresiones, su discurso no era grandilocuente era sincero y objetivo. Muchos no supieron valorar su modestia ni la calidad de su gestión, menos los que entonces eran de la Oposición que se dedicaron a borrarlo por intereses partido-centristas.