Difícil la unidad de las izquierdas
La semana que recién termina fue escenario para la convocatoria a la unidad de las izquierdas para enfrentar la reforma energética impuesta por el PRIAN, los llamados tuvieron como origen la cúpula y burocracia del PRD, es decir, su dirigencia nacional encabezada por Jesús Zambrano y de igual manera por el otro chuchista que lidera el grupo parlamentario de ese partido en la cámara de senadores, Miguel Barbosa, siendo reforzado el llamado por el ex jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard.
La respuesta de Morena y del propio López Obrador fue clara, no habría alianza con el PRD, pero cuáles son los argumentos de los principales opositores del PRIAN y de Peña Nieto para rechazar el llamado de los dirigentes perredistas, la respuesta es obvia y no requiere de un profundo análisis para entenderlo:
1. No se puede ir en alianza con el partido que abrió la puerta a las reformas estructurales impulsadas por Peña Nieto y en su momento por Calderón Hinojosa, como lo han sido la laboral, hacendaria, litorales o educativa que lesionan directamente a los mexicanos, y cuyo vehículo fue el Pacto por México, acto con el cual los dirigentes perredistas se separaron de la base social;
2. El famoso Pacto fue el medio facilitador para la aprobación de la reforma energética, generando condiciones propicias para que la derecha gobernante y su aliada azul pudieran sacarla avante sin mayores contratiempos y contando con el aval para el uso de la violencia o fuerza pública si fuese necesario, provocada y legitimada por campañas mediáticas en las que incluso perredistas juzgaron y criminalizaron las protestas como la de los maestros;
3. La mano facilitadora del actual jefe de gobierno, Miguel Mancera, individuo que sin tapujos se cargo hacía la reacción, siendo un facilitador de la represión en contra de organizaciones de izquierda u opositores a la reformas peñistas, o la aprobación e impulso de la reforma energética que realizó el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, quien casualmente es del grupo de Jesús Ortega, Jesús Zambrano, Guadalupe Acosta, Miguel Barbosa y Carlos Navarrete;
4. Dirigentes de nueva izquierda enlistados en el punto inmediato anterior (chuchos) que de manera permanente juzgaron y criticaron las posturas de Morena, de la CNTE y de otras organizaciones opositoras al PRI y a Peña Nieto, convirtiéndose en una especie de defensores de oficio del priismo y su jefe político, así como de las reformas neoliberales.
López Obrador ha sido claro, Morena no irá con el PRD en la defensa del petróleo por los agravios enumerados, no le tienen confianza a los dirigentes perredistas, pero además el presidente del consejo nacional de la organización que se encuentra en vías de convertirse en partido político ha manifestado que para echar atrás las reformas es necesario derrocar al PRIAN.
¿Pero cómo derrocarlos? Es obvio que por la violencia no, ese movimiento se ha caracterizado por ser pacífico, por lo que la ruta para lograrlo es la vía electoral, siendo evidente que Morena se preparará para ir solo en las elecciones federales del 2015 para preparar el camino rumbo al 2018 cuando se renueven las cámaras de diputados y senadores, con la intención de poder modificar en ese momento la composición del Poder Legislativo y de esa manera poder dar marcha atrás a las mal llamadas reformas estructurales.
La posibilidad de una alianza como lo pretende el PRD en este momento es inviable según lo ha mostrado Morena y sus dirigentes, pero esa decisión se puede prolongar hasta el 2018 en el caso de que nuevamente el ala conservadora del perredismo se quede con la dirigencia nacional de ese partido, es decir, Carlos Navarrete, por lo que es indispensable que el próximo dirigente nacional de ese partido sea un individuo alejado del PRI, del Pacto por México y que regrese al PRD a la izquierda, sólo de esa manera y con mucha operación política se podrían lograr las alianzas rumbo al 2018