Crónica del ataque contra indígenas de Pómaro
AQUILA, Mich., 22 de diciembre de 2013- Este sábado 21 de diciembre, el pueblo nahua de Pómaro fue objeto de una emboscada por parte presuntamente de policías comunitarios en las inmediaciones de San Pedro Naranjestil, donde los supuestos autodefensas primero atacaron a los comuneros que iban desarmados, con machetes, garrotazos y lanzando piedras, para después desde los cerros colindantes con el camino disparar a la caravana de indígenas desarmados, repeliendo la agresión elementos de la Policía Federal, los que presuntamente causaron dos bajas a los agresores, mismos que al ver la respuesta de las fuerzas armadas, salieron huyendo del lugar.
La sucesión de hechos inició el sábado por la mañana, cuando la comunidad indígena de Pómaro tomó la decisión de retirar el bloqueo que mantenían en la carretera costera de Michoacán a la altura de Maruata, para al igual que lo habían hecho el miércoles cuando fueron a la cabecera comunal a hablar con el grupo armado que había entrado a esta localidad, ahora también como pueblo nahua comunicarles a los comunitarios la determinación tomada de rechazar a los grupos de civiles armados en todo su territorio comunal.
Con esta intención, por localidades y anexos de la Comunidad Indígena de Pómaro, se registraron 596 comuneros para ir a San Pedro Naranjestil, los junto con indígenas de otras comunidades nahuas que los acompañaron como visores, de manera pacífica y desarmados marcharon rumbo a su destino escoltados por marinos de la Armada de México que encabezaron la caravana integrada por personas de todas las edades, incluidos ancianos, mujeres y niños.
En Tizupa, el punto de la carretera costera de Michoacán de donde parte el camino a la sierra donde se ubica la localidad de San Pedo Naranjestil, se sumaron al resguardo del contingente militares del Ejército Mexicano y elementos de la Policía Federal, decidiéndose que el mando de las fuerzas armadas estaría a cargo de la Marina Armada de México que siguió encabezando la marcha vehicular en la que se transportaban los indígenas nahuas de Pómaro.
Así las cosas, desde la carretera costera se emprendió la marcha hacia San Pedro Naranjestil, encontrándose en el camino, un gran árbol que fue derribado intencionalmente para bloquear el paso, mismo que fue cortado por los marinos con unas moto sierras que ya llevaban especialmente para ello; después se llegó al punto donde los comunitarios tienen trozada la terracería para impedir la entrada o salida de vehículos, colocándose tablones de madera de parota para seguir adelante.
Enseguida, ya casi para llegar al pueblo de San Pedro Naranjestil, las camionetas de los marinos que iban delante de la caravana, se hicieron a un lado del camino y dijeron a los indígenas de Pómaro que siguieran adelante, que ellos los resguardarían desde ahí, empero, una vez que habían pasado casi todos los vehículos de los comuneros nahuas, las unidades de la Armada de México tomaron de regreso al camino, lo que al ser visto por la retaguardia de la marcha, se los reclamó e impidió atravesándoles un carro.
En tanto, los indígenas de Pómaro casi al llegar a San Pedro Naranjestil se encontraron con un bloqueo de la terracería hecho con piedras y ramas, donde un grupo integrado principalmente por mujeres, algunas de ellas identificadas como avecindadas del pueblo al que iban y otras eran desconocidas, al ver llegar la marcha empezaron a gritar “váyanse de aquí indios”, “San Pedro ya no es de Pómaro”, a lo que el comisariado de bienes comunales, Leocadio Tolentino Tolentino, se adelantó del contingente para decirles que iban de manera pacífica a hablar con la gente, empero, fue arteramente agredido con piedras y a garrotazos, así como por un individuo que con un palo con la punta afilada el que esgrimió como lanza, se dejó ir en contra del dirigente comunal al que estuvo a punto de atravesarle el tórax, lo que no sucedió porque la esposa de Leocadio interceptó el ataque que dejó en el pecho del agredido una rasgadura de aproximadamente 20 centímetros.
Por la agresión y al escucharse gritos que pedían agarrar a Leocadio Tolentino, los comuneros entraron a la defensa de su dirigente y también fueron recibidos a pedradas, garrotazos y salieron a relucir algunos machetes del lado de gente San Pedro Naranjestil, armándose una trifulca en donde la mayoría de los indígenas empezó a imponerse, y fue cuando desde el cerro cercano se empezaron a oír disparos de armas de muchos calibres, entre ellas las de alto poder, primero al aire, y después en dirección hacia donde estaba la mayoría de los indígenas de Pómaro que corriendo de regreso, tirados en el suelo y escondidos atrás de los vehículos escuchaban el silbar de las balas.
Ante el ataque, elementos de la Policía Federal que estaban en la retaguardia, corrieron al frente a repeler la agresión disparando hacia el cerro donde estaban los supuestos tiradores, ocurriendo entonces lo insólito, que el comandante la los marinos, el que iba en retirada del lugar y al que le fue impedido irse por los indígenas de Pómaro, llegó increpando a los policías federales y a un soldado que también estaba repeliendo el ataque, que dejaran de disparar y gritaba textualmente “en eso no quedamos”, “yo tengo el mando”.
En respuesta, el militar que disparó contra los comunitarios dejó de hacerlo, y uno de los policías federales dijo al comandante de los marinos “nos están disparando”, y ante la exigencia continua de que cejaran de disparar, el mismo PF le contestó, “si ustedes no tienen permiso para disparar, nosotros sí” y siguieron repeliendo la agresión, misma que concluyó cuando dos de los tiradores emboscados fueron abatidos.
Al cesar los disparos, fue el caos reinante fue notorio en el ambiente en ambos lados. Por parte de los comunitarios, los tiradores emboscados huyeron corriendo hacia el monte, en tanto que las mujeres que iniciaron la gresca y sus acompañantes escaparon hacia un callejón vecino donde escondidos estaba un grupo de hombres con los que se dirigieron al pueblo de San Pedro Naranjestil, llevando entre su gente a varios heridos que iban sangrando profusamente.
En el lado de los indígenas de Pómaro, la desbandada fue generalizada, la mayoría huyó a pie del lugar de los hechos, escondiéndose algunos en el monte a la orilla del camino, desmayándose varias señoras, ancianas la mayoría; hubo llanto de niños e incluso de hombres; algunas gentes se hincaron a rezar, otras simplemente corrían sin voltear atrás, y varios jóvenes con sus celulares tomaban fotos y videos de lo que pasaba.
El reagrupamiento de la Comunidad Indígena de Pómaro se dio en Tizupan, donde durante algunas horas se bloqueó el paso de la carretera costera de Michoacán, y donde también los comuneros nahuas hicieron un airado reclamo a la Marina Armada de México por su proceder, y sobre todo, por su actitud manifiesta tanto en esta ocasión como cuando el miércoles fueron a la cabecera comunal, de tener comunicación expedita y apoyo hacia los policías comunitarios.
Ahí en Tizupan, los indígenas del pueblo nahua de Pómaro repudiaron al comandante de la marina y le gritaron que se fuera a Lázaro Cárdenas, después el oficial de la Armada de México pedía que se formara una comisión de diez ancianos y el comisariado comunal para llevarlos a San Pedro Naranjestil, pero los comuneros se opusieron llamándolo traidor y diciéndole que si iban corrían el riesgo de que los entregara a la comunidad.
Posteriormente, Leocadio Tolentino y Marciano Isidro, presidente y secretario del pueblo nahua de Pómaro, convocaron y convencieron a los comuneros indígenas a no perder el sentido pacífico de su movilización, y propusieron darle un plazo de ocho días a los gobiernos federal y estatal para recuperar el Estado de Derecho, a lo que el comandante de la marina dijo que era muy poco tiempo, y pidió quince días para entrar e instalar una base de la Armada de México en San Pedro Naranjestil, lo que finalmente fue aceptado con la advertencia de que en caso de no cumplirse lo ofrecido, al día dieciséis, será la comunidad indígena la que tome cartas en el asunto y recupere todo su territorio que le está siendo arrebatado por los comunitarios o grupos de civiles armados.