Serenar Michoacán
Estas últimas dos semana han sido sin duda alguna en demasía agitadas, violentas y tristes, los acontecimientos han colocado a Michoacán en los ojos internacionales, lamentable no ha sido por situaciones de las que bien se pudieran presumir gracias a las bondades que la propia geografía, naturaleza y cultura de estas tierras, por el contrario las noticias han sido por la violencia.
El estado de naturaleza tiene diversas acepciones, para Tomás Hobbes y Nicolás Maquiavelo, el hombre es malo por naturaleza, por otro lado Juan Jacobo Rousseau señaló lo contrario, el hombre es bueno de manera innata, pero los tres coinciden en la creación de un Estado que regule la convivencia social, esto independiente del tipo o forma propuesto por cada uno.
Es el Estado creado por un contrato social a quien le corresponde regular la convivencia, aunque ello no significa que su labor sea sólo la de crear de manera exclusiva leyes o norma para hacerlo, también en su alcance se incluye el ejercicio del poder para garantizar los medios necesarios e idóneos para lograr la felicidad de gobernado, aprovechando por supuestos los dotes naturales del hombre, esto último siguiendo las ideas de Platón.
Ahora bien, Michoacán se encuentra en una crisis que parece ser de largo tiempo, el gobierno no ha logrado que los michoacanos exploten sus dotes naturales que les permita poder obtener los satisfactores mínimos para su sobrevivencia, esto porque la clase gobernante no les garantiza los medios para lograrlo, lo que tiene como consecuencia que no haya felicidad, obligando al individuo a buscar medios “alternativos” para poder satisfacer sus necesidades, aunque ello implique dejar su estado natural de bondad, lo que tiene como consecuencia que no haya una sana convivencia o la paz pública,
En Michoacán se requiere trabajar para lograr la felicidad de los michoacanos, es necesario el establecimiento de políticas públicas reales, palpables, que estén debidamente estructuradas, que permitan serenar a la entidad a través de la disminución verdadera del desempleo, así como de la pobreza y que tenga como consecuencia el mejoramiento de las condiciones de vida de los michoacanos, lo que repercutirá en una notable disminución de la violencia.
La felicidad se antoja difícil a corto plazo, la entidad tiene un paupérrimo crecimiento económico, no se está logrando el crecimiento idóneo, ni la generación de empleos, no hay programas de desarrollo económico, ni uno solo se ha publicado en el Periódico Oficial del Estado, el campo está abandonado, el mercado interno y las economías endógenas del resto de la entidad no son eje de desarrollo para los gobiernos, en desarrollo social se siguen presentando políticas paternalistas y clientelistas que solamente cambian de nombre y color, que resultan ser solamente aspirinas para el dolor momentáneo.
El problema de la inseguridad no solamente se resuelve con más policías, armas, operativos espectaculares, ni emulando la estrategia fallida de la anterior administración federal, mucho menos ocultando la verdad, sino por el contrario, la felicidad, la sana convivencia y la paz pública se logrará serenando a Michoacán, para ello se debe atacar la injusticia social, la pobreza, la desigualdad y el desempleo.
Se tiene que generar trabajo permanente, los jóvenes deben estar en las escuelas, las actividades económicas endógenas de los municipios se deben reactivar, se debe promover y proteger a los productores y comerciantes locales, se debe proteger a los grupos vulnerables ayudándoles a mejorar sus condiciones de vida, se debe salvaguardar la economía familiar y así se logrará la felicidad en el estado.