Tú fuiste creado para la victoria
Vivimos la experiencia del gran triunfo de la selección sub 17 de futbol en un pueblo históricamente golpeado muchas veces y oprimido. Es un pueblo también que se enajena y se ciega persiguiendo bienes intrascendentes e ilusorios.
Vivimos también la experiencia generalizada en un pueblo subdesarrollado, segundón en el concierto de las naciones, formando el cortejo de los grandes.
En este pueblo no hemos vivido la experiencia de los triunfos rotundos. Así, por ejemplo, nuestros atletas olímpicos no vienen cargados de medallas, sus cerca de 150 atletas vinieron de Canadá con solo una medalla de bronce, la medalla milagrosa.
La gran prensa, concretamente la deportiva, hace un poco el vacío a esta victoria contra Brasil y Argentina de los chicos menores de 17 años de la selección de futbol, no le da la cobertura que amerita Están ocupados en una final de torneo casero de copa, en un triste partido de repechaje de la selección de los mayores.
Son empujados por quienes se interesan en llenar el estadio o en no perder los programas de televisa y otras empresas porque hay millones de dólares de por medio.
Encadenan así el deporte y lo hacen servir al dinero. Los chicos están libres de ese cáncer.
Hay que admirar en los triunfos de estos chicos quienes, con la ayuda de Dios, van a ser campeones mundiales, el ideal nuevo, puro, en su impulso naciente de adolescencia del alma humana. Es un espectáculo grandioso, profundamente nuestro.
Si no tienen ni 17 años, eso no les quita nada al contrario, su triunfo es de gran calidad aunque que no sean la selección de los mayores, secuestrada por grandes consorcios de dinero.
En los adolescentes se muestra el deporte en su belleza original, como corriente impetuosa de agua limpia, cuando todavía no se ha torcido por los reflectores y la vanidad humana, por el dinero y la avaricia y mezquindad.
Ahí se contempla el deporte en su genuinidad, esa actividad humana que se brinda gratuitamente, en su espontaneidad y en su sed de realización, de belleza, en su impuso de alcanzar la corona de laurel y la gloria como en las olimpiadas de Grecia.
Estos chicos son un botón de muestra de lo que puede la noble raza de bronce de México. México es potencialmente grande como los pueblos admirables de tierra, nuestros antepasados, en la línea europea, fueron los españoles que dominaron el mundo. Somos potencialmente grandes como Estados Unidos, China, la culta Francia, la rica Suiza, como el pueblo que ustedes gusten.
Todo mexicano lleva en su alma un sueño de grandeza, no vano sino sustentado en su ser.
Todo hombre salió de manos de su Creado con un destino grandioso.
Hay una frase que no sé si leí en algún escrito: Dios tiene para el hombre el sueño más grande que jamás papá alguno de la tierra tuvo para sus hijos.
Es un sueño realizable. Toda criatura humana, todo mexicano tiene en su ser un microcosmos admirable con enormes capacidades para realizar su destino grandioso. Cada mexicano es un campeón.
Por el otro lado, desafortunadamente está herido por el pecado, por pulsiones de muerte diría Freud, que muchas psicologías, programas gubernamentales y mensajes publicitarios apapachan y promueven. Así se deja llevar por sus bajas pasiones hacia bienes engañosos, sólo corporales que matan su impulso de verdadera grandeza, de trascendencia.
Vivimos una crisis de fracasos, mediocridad, corrupción. No salimos porque no queremos con nuestros gobernantes y líderes sociales a la cabeza.
Ellos persiguen otros fines, egoístas, facciosos y mezquinos, buscan otro oro, el del dinero, la ambición del poder para sí mismos y su pequeño círculo de privilegiados. En eso sí andamos en los primeros lugares mundiales: violencia, obesidad, deseducación, corrupción. Según un estudio de estos días, estamos en el penúltimo lugar en bienestar. Triste, sorprendente, preocupante.
Pero todo hombre lleva en las fibras íntimas de su ser un sueño de gloria. Sabe que la gloria plena y eterna le espera en algún lugar. Se siente llamado al Reino, a la gloria inmortal por el Eterno. Es la huella que dejó en él su Creador que le dio ese dinamismo, orientación o destino de definitivo.
Las glorias de este mundo son efímeras, imperfectas y nos proyectan a la gloria inmortal que nos espera. Por el momento, gocemos con el triunfo de los chicos.
Hay que transmitirles la fe en la victoria, enviarla hasta Dubai. Quienes tienen fe, pídanle al Señor de la gloria con la seguridad de que lo alcanzarán. Tendremos una victoria final, el campeonato que será oxígeno puro para la competencia en otros terrenos vitales, más allá del deporte.