Una luz en el huracán de los hombres
Un huracán azota la región de la tierra caliente michoacana, en su convivencia social.
Se ven sacudidos los edificios de los valores universales del hombre que funciona a base de entendimiento y voluntad.
Una información verídica y seria la ha dado un hombre que conoce la realidad, Miguel Patiño Velázquez, obispo de Apatzingán en una carta.
El vive en el corazón de esa realidad y sabe de qué habla.
Hizo un comunicado en días recientes Hagamos de Michoacán un Estado de Derecho. El documento circuló en los medios de comunicación estatales y nacionales.
El huracán azota los edificios de valores que hacen la vida humana, razonable, armoniosa, digna.
Su mensaje está bien fundamentado en los filósofos: “Para que haya estado de derecho se necesita que (el Estado) sea regido por la ley, que nos lleve a la práctica de la justicia y, de esta manera, demos seguridad y bienestar al pueblo… la justicia lleva a la paz,…. La alegría, la fraternidad, el amor, el respeto a la vida, la libertad, el trabajo. Todo esto tiene como resultado el desarrollo, el bienestar, la prosperidad…" La verdad, añadiría yo.
El vendaval sacude terriblemente el edificio de la verdad, D. Miguel la rescata.
La verdad es un pilar insustituible, fundamental, indispensable si queremos construir el estado de derecho y la paz.
No podemos ocultarla, manipularla según intereses particulares. Las consecuencias son terribles. La única vía es aceptarla con valentía en sus consecuencias incómodas. Ya decía el más grande de los maestros: la verdad los hará libres.
El obispo percibe la situación desde su puesto natural de observador, eso significa obispo (episkopos , en griego) y de pastor del pueblo de Dios que habita Apatzíngán y su región.
Con una difícil fidelidad a la realidad, con precisión, señala la presencia de los grupos criminales en Michoacán, más específicamente en seis municipios de la tierra caliente.
Enumera sus acciones: “los levantones, los secuestros, los asesinatos, el cobro de cuotas.. familias enteras han tenido que emigrar por el miedo y la inseguridad”.
Señala el papel que han desempeñado algunos gobiernos municipales y policías, sometidos o coludidos con los criminales, el rumor sobre el gobierno estatal.
Las gentes ante este enemigo y la incapacidad del gobierno federal para establecer el estado de derecho “han tomado la decisión de organizarse para autodefenderse”. Los templarios les imponen una especie de estado de sitio, así les cortan el suministro de gasolina.
Su mirada es serena, objetiva, profunda, sin condenar, sin injuriar, en una relación de hechos bien lograda, admirable.
Menciona el estado fallido que se vive en Michoacán. Es inimaginable el sufrimiento de las personas que viven ahí, es de imaginar hasta dónde llevará esa situación si no se encuentra una mano poderosa que enderece el rumbo de muerte y desaparición de la población.
Es conocida la capacidad de reacción autoritaria de los jefes y algunos responsables del orden público ante esos señalamientos porque se resisten a ver la realidad como es, carecen de sentido de autocrítica y de virtud para actuar según la recta razón y la justicia en bien del pueblo.
También es conocido que el Señor de la historia y garante de la verdad y la justicia protege a sus servidores.
Hay muchos ejemplos de mártires de la verdad, defensores de la vida y la justicia de los pobres. También hay anti testimonios de represalias, desapariciones venganzas de quienes están del lado del Maligno y su perversidad.
Es universal y de todos los tiempos, la aspiración a la paz como la plenitud y síntesis de bienes que hacen posible que el individuo realice su destino eterno. Todos soñamos en realizar nuestros proyectos y ser total y definitivamente felices, en la paz.
Esta aspiración es tan profunda que el hombre le ha dado una dimensión religiosa, ha personalizado la paz en la divinidad. Los aztecas la proyectaron en la figura bella de Quetzalcóatl. En la tradición bíblica, Dios tiene un proyecto central para devolverle la paz al hombre. Lo lleva a su punto culminante en la persona de su único Hijo, Jesucristo, el príncipe de la paz que ha venido a traer la justicia y el derecho.
Liberar a Michoacán del estado fallido, el caos y la muerte es obra de todos. De hecho, la carta empieza con un grito que demanda auxilio citando al profeta Habacuc: ¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me escuches y denunciaré a gritos la violencia que reina sin que vengas a salvarme?.
La familia de Cristo que peregrina en la diócesis de Apatzingán “hemos hecho un firme compromiso con la paz”, afirma el obispo. Necesitamos todos, creyentes o no, solidarizarnos con los hermanos en desgracia. El grito de las multitudes será tan poderoso que nadie lo podrá acallar.
Las multitudes de ciudadanos honestos, trabajadores y sabios necesitan dar su apoyo a quienes quieren liberar del crimen y la impunidad y construir el progreso en la seguridad y la paz.