El ojo del huracán en el alma humana
¿Cuál es la temporada de los huracanes en la vida sociopolítica y económica? Hay huracanes tremendos en la interacción humana todo el año. Se forman en el corazón de los hombres.
La razón es que, como firma el Maestro más grande de todos los tiempos, del corazón del hombre provienen las intenciones perversas, asesinatos, adulterios, inmoralidad, robos, falsos testimonios, injurias” (Mateo, 15, 19). Podemos añadir, irresponsabilidad ante la educación de los niños, cobrando sin trabajar, abuso inmisericorde del pobre, ansia del poder, de la fama y el dinero.
Los protagonistas en la sociedad, los dirigentes parecen perdidos. Construyen un mundo imaginario en sus discursos, se distancian de la realidad. En las palabras dicen el bien que quieren, en la realidad, quieren otra cosa. hacen otra cosa, presos en sus intereses grupales, facciosos, egoístas.
Lanzan programas y ejes y compromisos buscando supuestamente el bien de la gente. Es el bien que a ellos les parece, es en realidad el bien de su personita, el bien de los compañeros de su rebano, de su círculo cercano.
En realidad no conocen el verdadero bien de su gente. No llevan al bien definitivo, tienen una causa final, no sé preguntan: ¿para qué? No son filósofos sino tecnócratas. Son pragmáticos, resuelven los problemas de la coyuntura sin pensar en los valores subyacentes.
No hay un proyecto de nación, ni metas realistas y operantes que le permitan al individuo alcanzar el bien común que lo haga integral y definitivamente feliz, realizando su destino eterno.
No hay elementos esenciales que organicen el universo de la existencia humana, que le den unidad y cohesión.
Existen tales elementos que le pueden dar un centro, orden al universo de los hombres. Se necesita un elemento trascendente, poderoso y sabio en grado infinito, por encima de los hombres que se equivocan tanto y son volubles y perversos.
El elemento Dios le ha permitido al hombre, en la cultura occidental creyente, encontrar su lugar en el universo, como lo afirma de México Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad.
Este sustrato, heredero de los horizontes culturales occidentales e indígenas, hondo, substancioso, es una riqueza para nuestro pueblo y le da una profundidad que pocos pueblos tienen, así lo ha expresado Pierre Cristophe, nuncio apostólico en México.
Para la historia convulsa de los pueblos de hoy, llena de confusión, que ha perdido el sentido de la vida y vaga sin rumbo, sin señalamientos creíbles e inmutables, se autodestruye con un desorden de sus principios vitales, como en el lupus y el cáncer, son preciosas las palabras de los sabios como el hombre humilde, visionario, que tiene una experiencia, no desde el poder sino desde la vivencia de los pobres.
Él recuerda el proyecto de Dios del que es promotor y custodio, presenta un proyecto con dimensiones eternas como el hombre, viene desde la eternidad, no tiene un fin sino desemboca en la eternidad, trasciende las metas de la historia intramundana, da una orientación transexenal. Fija una dirección firme e impide ir dando bandazos y matando a los pobres.
En su obra pequeña La Luz de la Fe de reciente aparición, el Papa Francisco da una luz diferente y poderosa. El libro se refiere a la fe, ese don precioso que muchos han recibido, afirma:
“En el centro de la fe bíblica está el amor de Dios, su solicitud concreta por cada persona, su decisión de salvar que abraza a la humanidad entera y a toda la creación y que alcanza su momento culminante en la encarnación, muerte y resurrección de Cristo” (No. 54).
Es un proyecto integral, libera de la corrupción, la maldad y todos sus males y da la vida plena y feliz.
En efecto, el hombre no es un pobre ser que cayó por azar, no se sabe de dónde, fruto de la fatalidad, miserable y anónimo, que va por el mundo sin rumbo fijo. Dios creó el universo con amor y tiene para el hombre el sueño más grande y maravilloso que jamás hombre alguno tuvo para sus hijos.
Es posible dar un sentido extraordinario a la lucha para vencer la violencia, inseguridad, impunidad, injusticia y mentira, y para buscar el progreso en lo porvenir. Es una utopía humano divina que va a triunfar ciertamente cuando triunfe plenamente el Reino de Cristo comienza en esta tierra cuando construimos un mundo de justicia y de amor. Esto da sentido pleno a los afanes de este día.
No perdamos de vista el proyecto de Dios porque entonces “falta el criterio para distinguir lo que hace preciosa y única la vida del hombre”, afirma el Papa Francisco.
Este día con tus trabajos y fatigas puedes ser parte de ese proyecto extraordinario que hace la vida apasionante.
Aunque no lo creas, este día puedes hacer un mundo mejor.