Reflexiones
“Construir reformas estructurales para mover a México en la dirección correcta”, es de lo que se habla hoy. ¿Cómo lograrlo haciendo partícipe a una sociedad que parece indiferente ante este reto?. Reformar el Estado mexicano debería ser un principio orientador básico de la política actual y un proceso de profundización y extensión de la propia forma en la que vivimos y nos gobernamos: la democracia. De hecho, los gobiernos y la sociedad deberían ayudarse más para fomentar la renovación y el desarrollo de las comunidades. En esencia, lo que se debería hacer es “democratizar a la democracia”.
¿Menos o más gobierno?. No creo que este sea el punto medular, más bien, sería reconocer que el Estado mexicano debe ajustarse a las nuevas circunstancias de la política, de la sociedad y de la era global, reconociendo que la autoridad de los gobernantes y dirigentes sociales debe ser renovada en sentido positivo.
En una sociedad postradicional, las autoridades gubernamentales ya no deben conducirse mediante símbolos tradicionales o diciendo: “siempre ha sido así” o “no hay gobierno que funcione sin el aceite de la corrupción”, por ello, resulta necesario trabajar en determinadas reformas estructurales para poder democratizar a la democracia, por ejemplo: 1. El Estado debe responder de manera estructural a la globalización, y para conseguirlo, resulta indispensable consolidar la descentralización político-económica, pero no como un proceso meramente uni-direccional. La globalización da un impulso y una lógica fuerte a la devolución de poder hacia abajo, pero también a la atribución hacia arriba, es decir, es un movimiento que puede hacer al Estado más sensible a influencias que, en otro caso, le desbordarían por todos lados; 2. El Estado debe aumentar el papel de la esfera pública, que implica una reforma constitucional dirigida a una mayor transparencia y rendición de cuentas, junto a la introducción de una política efectiva contra la corrupción; 3. Para conservar o recobrar legitimidad, los Estados deben elevar su eficiencia administrativa ya que se desconfía del gobierno a todos los niveles porque es engorroso e ineficaz; 4. La presión hacia abajo de la globalización introduce no solo la posibilidad, sino la necesidad de formas democráticas distintas al método tradicional de votación, es decir, los gobiernos deben restablecer un contacto más directo con los ciudadanos y éstos con el gobierno mediante instrumentos de democracia directa; 5. Para que un gobierno conserve su legitimidad, debe reforzar su capacidad para la gestión del riesgo, es decir, un gobierno no debe caer únicamente en la provisión de la seguridad social, ahora también debe considerar otros riesgos como los que provienen de la ciencia, la tecnología, la educación y la prevención del delito; 6. La democratización de la democracia no debe ser solo a nivel estatal o nacional, el Estado debe tener una perspectiva cosmopolita, es decir, la democratización ascendente no debe detenerse en el nivel regional, y la democratización descendente, debe garantizar la renovación de la sociedad, de las pequeñas comunidades.
La promoción de una sociedad más activa (que puede ser apoyándose en la sociedad civil), es una parte básica de la política democrática, ya que en contraste con la izquierda de antaño que soslayaba la decadencia cívica, la nueva política acepta que tales inquietudes son verdaderas. Esta decadencia cívica es real y visible en muchos sectores sociales y se observa en el debilitamiento de la solidaridad en algunas comunidades locales.
Pero también no es debido culpar únicamente de la erosión del civismo al los gobiernos, ni suponer que puede revertirse dejando a la sociedad civil funcionar sola. El gobierno puede y debe jugar un papel determinante al intentar renovar la cultura cívica, pero también la sociedad y los gobiernos deben actuar “asociados”, cada uno para ayudar, pero también para controlar la acción del otro. El tema de la comunidad es fundamental para la nueva política, como ya lo dijo Anthony Giddens: “el avance de la globalización hace que un foco comunitario sea necesario y posible, debido a la presión que la misma globalización ejerce hacia abajo. “Comunidad” se refiere a medios prácticos de apoyar la restauración social y material de barrios, áreas y ciudades locales (pequeñas o grandes). Y ¿cómo emprender este despertar de los gobiernos y de la sociedad? Este parece el dilema, aunque el principio es único y básico: con voluntad y visión.