Huracanes y devastación
En los últimos meses las malas noticias se han convertido en una costumbre en el país y el fin de semana pasado no fue la excepción. Los fenómenos meteorológicos “Manuel” e “Ingrid” azotaron el territorio nacional con fuerza dejando afectaciones en infraestructura pública y privada, más de un millón de personas damnificadas, miles de heridos y, lamentablemente, un número considerable de pérdidas humanas. La magnitud del daño ocasionado es muy grande y el impacto en la vida de quienes han sido afectados, perdiendo seres queridos, hogares y pertenencias, también lo es. En materia de calidad de vida, de acuerdo a datos de la ONU, cuando fenómenos de este tipo afectan, como lo hicieron éstos, a un país se estima que la pobreza extrema llega a aumentar entre 3 y 4 puntos porcentuales.
Los estados que hasta el momento han sido afectados son Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Veracruz, Hidalgo, Puebla, Tamaulipas y Nuevo León. Sin embargo, la temporada de huracanes no ha terminado y precisamente en estos días, estados como Sinaloa. Sonora y Baja California estarán padeciendo también de lluvias y vientos considerables. Aún no hay estimaciones precisas del monto de los daños, sin embargo se calcula que éste puede rondar entre los 30 mil y 60 mil millones de pesos, lo que convertiría a esta tragedia en la más costosa de la historia del país.
Es claro que un culpable directo de la devastación ocasionada por lluvias torrenciales no lo hay. Nadie es responsable de que un fenómeno así llegue a tierras mexicanas. Más bien, para que un fenómeno meteorológico ocasione una tragedia como la que estamos viviendo se deben presentar un conjunto de condiciones que lamentablemente en esta ocasión se presentaron en el país y en donde sí podríamos encontrar responsables.. En primer lugar, un problema sistémico que tiene nuestro país es el de los asentamientos irregulares, en todo lo ancho y largo del territorio nacional existen asentamientos donde no los debería haber por diversas circunstancias: ya sea porque el suelo es irregular e inestable, o bien porque es parte de un cauce natural de agua cuando se presentan precipitaciones fluviales sustantivas. Por otra parte, cuando no hay un sistema oportuno de alarma e información a la población de los fenómenos meteorológicos que se acercan. Los gobiernos tienen la obligación de la Protección Civil misma que permite realizar evacuaciones a tiempo, evitar que demarcaciones territoriales estén sobrepobladas al momento del impacto, contar con los recursos humanos y la infraestructura necesaria para atender nutricional y sanitariamente a los damnificados, etc. El caso es que el fin de semana pasado, en México se conjuntaron de forma negativa éstos y otros factores que en su conjunto provocaron el resultado tan lamentable que hoy más de un millón de personas están padeciendo. En resumen, ambos huracanes, “Manuel” e “Ingrid”, agarraron al país con la guardia abajo: en un puente vacacional “patrio” donde miles de vacacionistas salieron en busca de disfrutar las playas del pacífico y del atlántico, con el gobierno federal ocupado en resolver las manifestaciones sociales en su contra en la capital del país y organizando el Grito en el Zócalo, al igual que hacían los gobiernos de los estados y de los municipios.
Por otra parte, hay que poner mucha atención en la forma en que se van a utilizar los recursos que se canalizarán para ayudar a los damnificados y para la reconstrucción de las zonas afectadas porque, desgraciadamente, muchas veces, cuando suceden este tipo de catástrofes, los más contentos son los políticos que administran los recursos. Ya pasó hace poco cuando se inundó Tabasco, los fondos públicos que se destinaron para atender la problemática no bajaron a la población, se diluyeron en manejos opacos y de los que nadie rindió cuentas. En otras ocasiones, los apoyos son condicionados a los damnificados de manera que se les compromete a apoyar a tal o cual partido político o candidato.
Por el momento, es necesario que sumemos esfuerzos en apoyar a las personas afectadas que en estos momentos se encuentran sin víveres, y abrigo. Los centros de acopio se encuentran principalmente en las instalaciones de la Cruz Roja o en dependencias estatales y municipales del DIF o afines. Es momento de darles una mano.