El grito del corazon ¡justicia!
La muerte del diputado del PRD Osbaldo Esquivel Lucatero y la del periodista Pablo Madriz Rojas consternan a la sociedad, con toda razón porque el asesinato tiene raíces oscuras y profundas consecuencias.
No es un crimen común debido a rencillas entre borrachos o particulares valientes. Tiene todos los visos de ser de un crimen de estado. Es un atentado con el estado mismo, garante del orden público y del Bien común.
Parece haber detrás del hecho y de las manos asesinas un poder formidable y tenebroso. ¿Tal poder es parte de la clase dirigente o de grupos del crimen infiltrados en los cuerpos oficiales, o son grupos poderosos que constituyen un poder paralelo?
Se debe sancionar el hecho de una manera muy sencilla, directa, expedita, contundente. Será para bien de todos los mexicanos, para salir de la crisis y la violencia, para tener “tener lo México se merece”, Nos super urge justicia libre de presiones criminales, universal, sin condiciones ni excepciones.
Deben aplicar la ley que está por encima de las personas y de los grupos. Su aplicación no depende de lo que digan los señores de Derechos Humanos, ni de las conveniencias de los hombres del poder o de las coyunturas.
Porque la ley se funda en la naturaleza misma del hombre, en la verdad del ser humano, Tiene su fundamento inmutable, universal en Dios, la roca sólida, que creó al ser humano y le dio sus leyes.
La ley, que está al servicio de la justicia, debe aplicarse a todos, también a la secuestradora de Francia y a grandes criminales bien relacionados con el mundo de la política y del crimen. La justicia no es negociable
La ley que tutela el Bien Común, no depende de los legisladores y autoridades ni se define por consensos. Su valor está por encima de todos.
Entonces la aplicación de la ley será sólida y transparente como cristal de roca. Permitirá avanzar al atribulado y atrasado pueblo de Michoacán.
En el mar agitado de la violencia, ante las complicidades y traiciones de los dirigentes de la sociedad, en el desamparo guardamos una esperanza que no se deja desconcertar porque confiamos en la fuerza del Altísimo. Tenemos la confianza de que vamos a vencer la corrupción, esa bestia de siete cabezas, aguerrida y tenaz, dejará de correr la sangre, cesarán de escucharse los llantos y los alaridos de rabia e impotencia de los pobres en desgracia.
Para transitar esas vías tenemos que guiarnos por los valores universales, la verdad sin engaños, la justicia incorruptible, sin compromisos. Sólo así vendrán los tiempos nuevos de progreso, vida digna, paz.
Sin la justicia, la verdad y los otros valores seguiremos patinando sin avanzar, iremos en caída libre al infierno, terrible y sin esperanza.
Pueden seguir tantos enredos, manipulaciones de la ley, para crear confusión y no hacer justicia ni a las víctimas ni a los poderes asesinos, obscuros, que quedan intocados, en la impunidad.
Y se quedan las mayorías desamparados en un estado sin derecho y en la ingobernabilidad.
La autoridad está por encima de todos los intereses particulares de los grupos. Está al margen de maquinaciones que hacen grupos de poder en las sombras. Debe estar libre de todo compromiso con ellos.
Lo único que le interesa es hacer justicia a todos orientando todos los esfuerzos al servicio de la personas para que consiga el Bien Común. Es lo que todos sabemos y que afirman en los discursos que quieren hacer, lo que con frecuencia no hacen.
Hay una afirmación luminosa sobre la actuación de la autoridad. Es densa y lapidaria por eso prefiero citarla textualmente:
“la autoridad debe dejarse guiar por la Ley Moral. Toda su autoridad deriva de ejercitarla en el ámbito del orden moral, que tiene a Dios como primer principio y último fin.
No podemos dejar de mencionar estas verdades sólo porque unos cuantos, liberales, jacobinos no soportan que se nombre a Dios y sus principios morales y religiosos, su sabiduría de milenios. Ellos sí hacen abiertamente profesión de fe laica, republicana.
Los imperativos son claros y están por encima de las conveniencias, de los compadrazgos nefastos.
Se necesita ser fieles a la ley y a la persona humana que la autoridad debe servir, con fidelidad heroica. El fruto que resulta es el Estado de Derecho, la gobernabilidad y el respeto a la vida.
¿La lucha por la ley, el bien común y la vida digna de las personas se puede dar sin mártires? La historia de los pueblos enseña que no.
El estado de derecho, libertad y justicia son de valor incalculable y hay que pagar el precio,
Ya vemos que sí hay personas que arriesgan su vida por sus principios. El PRD ha dado mártires. Cuando lo hacen por los valores supremos de la libertad y la justicia son verdaderos mártires y tienen asegurada la gloria en el Reino de la justicia y de la paz.