Relaciones peligrosas
“La soberbia de estos republicanos no les permite vernos como iguales sino como inferiores; su envanecimiento se extiende en mi juicio a creer que su Capital lo será de todas las Américas; aman a nuestro dinero, no a nosotros, ni son capaces de entrar en convenio de alianza o comercio sino por su propia conveniencia, desconociendo la recíproca. Con el tiempo han de ser nuestros enemigos jurados y con tal previsión los debemos tratar desde hoy…….” líneas del informe enviado a Agustín de Iturbide el 26 de diciembre de 1822 por José Manuel Zozaya quien entonces se desempeñó como Ministro Plenipotenciario de México en los Estados Unidos y que señalaba la avariciosa actitud de los políticos y comerciantes norteamericanos para adueñarse del territorio mexicano.
A casi doscientos años de distancia las condiciones entre las relaciones de nuestro país, los Estados Unidos y los emporios comerciales no han variado casi nada; hoy en día mientras que los estrategas de las grandes potencias económicas como de este país del norte del continente diseñan tácticas para alcanzar la soberanía energética, es decir, autosuficiencia en la producción y refinación del petróleo, hoy en nuestro país se propone una reforma energética que representa el sentido contrario al fortalecimiento y modernización del sector energético y sobre todo a PEMEX paraestatal encargada del rubro y que además es una de las empresas más redituables del mundo.
Resulta ilógico el argumento referido por la actual administración federal y en cuanto a que es necesario que las grandes empresas como la Conoco Phillips de EU, British Petroleum, la italiana Eni, la anglo-neerlandesa Shell, la brasileña Petrobras y la californiana Chevron, rescaten el sector energético, empresas que son inferiores a PEMEX, que van por todo el mundo tras el petróleo y que como empresas su único fin es obtener ganancias cuantiosas, no el desarrollo y bienestar de las naciones donde se establecen.
En la argumentación hecha por el actual gobierno federal en cuanto a la justificación y exposición de motivos de la reforma a la Constitución en sus artículos 27 y 28 sobre a la necesidad de la inversión privada para el fortalecimiento del sector petrolero y de la generación de energía eléctrica mediante contratos de responsabilidad compartida, no son otra cosa que contratos de riesgo donde se compromete parte de la renta petrolera y que en caso de que las cosas no salgan bien, será el gobierno mexicano el que tendrá que saldar gran parte de las perdidas y adeudos; es decir, similar que alguien rente su local comercial y en caso de que no haya éxito de quien se lo rento se tenga que cubrir una cuantiosa parte de las pérdidas del inquilino, que no administro y opero el negocio debidamente.
El descontento social se desborda en las calles por que México simplemente “no se mueve” y a pesar de ello se han propuesto y aprobado reformas en las que no se palpa el beneficio social. Esta reforma energética llamada la madre de todas las reformas, se plantea en momentos donde la luna de miel de EPN con los mexicanos ha caducado, donde la expectativa de crecimiento económico van en picada al pasar de 3.1% anunciado a inicios del sexenio al 1.8% de acuerdo con las cifras de la propia Secretaria de Hacienda; además a esto habrá que sumarle el inamovible sitio de inseguridad por la que atraviesa el país.
Será desastroso y vergonzante que se realice una reforma constitucional para abrir el sector energético a la participación privada y se sumara a esa negra historia de privatizaciones como la de TELMEX, lograda con el falaz argumento de mejorar el servicio y bajar las tarifas, resultando todo lo contrario en los hechos. Es necesario transparentar y modernizar PEMEX; el mayor lastre que tiene esta paraestatal es la corrupción y opacidad en su manejo, por ello resulta más viable el darle mayor margen de auto gestión, de inversión y modernización, como hicieron las cuatro empresas petroleras estatales que le anteceden, que cederle a las multinacionales la oportunidad de generar ganancias cuantiosas que no serán para el beneficio nacional y seguir reproduciendo esta añeja historia de relaciones peligrosas.
Los dados están echados y lo deseable es que los mexicanos ganen y no solo unas cuantas empresas o grupos políticos.