Caos republicano
Uruapan, Michoacán, 24 de agosto del 2013
El mejor chiste de la semana fue el que dice: oye, que el legislativo es un “poder”. Ja, ja, ja.
Si las cosas no estuviera como para llorar, el secuestro de varias ciudades y del Congreso por los mal llamados “maestros” de la CNTE, sería un tema de risa.
¡No!, no estoy a favor de las “ausentes” autoridades del gobierno del D.F., del gobierno Federal y de los diferentes estados que permitieron y han permitido los actos delictivos, al grado que se han vuelto “usos y costumbres” los secuestros de avenidas, congresos, carreteras y edificios públicos, pasando por el aeropuerto más importante del país y por el robo en casetas de peaje en autopistas; pero no dejo de responsabilizar a los vándalos cobardes que escudados en el anonimato de andar en “bola”, agreden a policías y militares, destruyen bienes ajenos y vejan funcionarios y transeúntes, al tiempo que flagrantemente se mofan de las leyes mexicanas, esas que no están hechas para diputados ni senadores, menos para ricachones e influyentes, tampoco para organizaciones de criminales organizados o de narcos, obvio, no aplican para gobernantes, cuates, parientes y compadres y por supuesto, no para estructuras de delincuentes disfrazados de gremio o para quienes, desde el gobierno de USA, contrabandean armas.
Decía, no estoy a favor de quienes, cobrando por ser garantes de las leyes y de avalar la paz y la seguridad, justifican el no llamar a la fuerza pública: porque “les dijeron” que algunos manifestantes estaban armados o traían bombas Molotov,… como si el andar armado no fuera delito o fuera argumento suficiente para no pedir la intervención de la policía y detener a quienes, no solo delinquían, sino amenazaban la integridad de ciudadanos al andar armados.
¿Qué es lo que pasa con México?: en mi opinión que todo es resultado de la estulticia legislativa y la pasividad ciudadana. Así hemos permitido que se autodestruya la república, al permitir por acción u omisión, que la ley no se cumpla y todo quede como anécdota.
Pongo de ejemplo nuestra tan cacareada, costosa y leonina pseudodemocracia mexicana. Hoy, un gobernante llega al poder con un 40% de los sufragios a su favor ¡Muy bien!, pero ¡Muy mal!, al llegar al poder con un 40% de la votación, en elecciones en donde solo vota el 50% del padrón electoral, la realidad es que se gobierna con solo un 20% de los votos a favor, por lo que, y aquí está el drama, quienes hoy nos gobiernan llegan con un rechazo del 80% de los ciudadanos; rechazo que algunos expresaron votando por otras opciones electorales, otros con su apatía, no saliendo a votar por la mediocridad, no todos pero si muchos, que nos ofrecen los partidos políticos… A eso, añadamos la realidad nacional de que todas las elecciones son tramposas, ya que todos los candidatos, por acción u omisión, aceptan que las estructuras de sus partidos y de los gobiernos que les son afines, “operen” a su favor para cargar los dados electorales; ¿resultado?: ¡La ilegitimidad”, la que hoy vemos en el actuar medroso de los gobernantes, y el rechazo ciudadano a sus decisiones antidemocráticas y contrarias al interés nacional; doy dos ejemplos; el primero, el famoso Pacto por México que en los hechos crea una estructura ajena al Congreso constitucional, para hacer política, tomar acuerdos y gobernar. En otras palabras, el Pacto por México representa un golpe de estado al Congreso; la anulación del poder legislativo por un Presidente mañoso y unos pseudolíderes, de algunos partidos, que se ponen a modo para ignorar a sus propios congresistas y pactar, fuera de la ley y la Constitución, las agendas políticas y los “acuerdos” que regirán a México… El otro ejemplo es el petróleo; no se necesitan más de dos centímetros de frente, que la mayoría de los diputados y senadores parecen no tener, para entender que vender algo que es negocio, no es negocio. Preguntémonos: ¿Por qué si el petróleo no es negocio, lo quieren comprar?, o ¿Por qué si el petróleo es “negocio”, lo queremos vender?, y tendremos la respuesta a la perversión de quienes, con lo que es propiedad de la nación, quieren hacer un “negocio” sexenal.
Conclusión, con gobernantes ilegítimos y tranzas, la mayoría, con congresistas tontos o corruptos, no todos, y con autoridades pusilánimes; lo único que queda es otorgar impunidad a quienes delinquen y en forma vergonzante, ponerse a “negociar” la ley y las prebendas con “malandros”: sean bandas de criminales, sean ilegales guardias comunitarios, sean organizaciones de vándalos, sean líderes corruptos, ¿verdad Romero Deschamps?, o sean simplemente una fuerza social… Y lo peor, dentro de esta caos republicano, nuestro ejército al servicio de un gobierno civil, de dudosa honestidad, que tiene compromisos con el extranjero… ¡Mala cosa! Bueno sería que: en tiempos de paz, el ejército reporte al Senado ¡Así de sencillo!
Santiago Heyser Beltrán
Escritor y soñador