Grave crisis de confianza
Estamos viviendo una crisis de inestabilidad, violencia, ingobernabilidad que nos tiene en zozobra a todos. Algunos están viviendo una situación indecible de muerte e infierno. La inseguridad es generalizada, nadie se siente seguro. Ha desaparecido la confianza, no confiamos en nada ni en nadie.
Hay una razón de la desconfianza: se han demolido los valores universales, los que permiten confiar en los demás. Las personas se han vaciado de ellos y son impredecibles y capaces de todo. Estamos en una crisis absoluta de confianza. No confiamos en nada ni en nadie.
La gente no confía en los discursos oficiales. Se sabe que van por su lado, ajenos a la realidad.
No confía en su policía, no se siente protección, se cuentan casos en que la policía a entregado a los denunciantes al Crimen Organizado.
La policía se aleja de la gente, no hoy confianza para denunciar los crímenes. En Morelia, según datos que han trascendido al ciudadano común, de los más de 130 000 ilícitos que se cometen, sólo una mínima parte es denunciada y prácticamente ningún caso es sancionado aplicando la ley.
Por la traición de muchas autoridades judiciales, coludidas con el Crimen, las poblaciones han quedado desamparadas y se han vista en la necesidad vital de organizar su auto defensa.
Se ha transtornado el orden de valores, la sociedad anda de cabeza. Se ha olvidado que el centro y el fin de la vida en sociedad es la persona humana con su altísima dignidad de imágenes de Dios, de hijos suyos.
La persona humana está hecha para vivir en sociedad y organiza instituciones, como las políticas que están al servicio de aquélla. Las estructuras gubernamentales y sus programas están al servicio de la persona. No están ahí para que les rindan y los protejan. Muchos piensan que al contrario los ciudadanos deben inclinarse ante el presidente y otras autoridades.
Cuando las estructuras se sirven a sí mismas y buscan su conservación e intereses, pierden su razón de ser y fuerza de coacción.
El crimen organizado está en el individuo y está en las estructuras. Así hay estructuras que se coluden con el crimen organizado y que actúan a favor de él o dejan de actuar para protegerlo. El problema se agrava porque está en las estructuras, está en todas partes, se vuelve omnipresente, resistente, mutante como virus mortal.
En el mundo se considera con frecuencia sólo el pecado personal y se olvida el pecado estructural que trajeron a consideración los obispos de Latino América en Puebla. Dicho pecado no es más que la manifestación del mundo considerado como enemigo del hombre y del bien, aliado del pecado y la carne, que se entiende como una solidaridad para hacer el crimen y toda forma de mal.
No se puede condenar simplemente sin una razón profunda, visceralmente o por conveniencias las organizaciones de autodefensa. No se puede aducir que están fuera de la ley. Quienes están fuera de la ley son los que afirman esto porque han creado un estado sin ley.
Las organizaciones de auto defensa actúan ante el vacío que ha dejado la autoridad y defienden su derecho fundamental a la justicia y al bien de su persona, familia y puebla.
Están hartos de vejaciones, extorsión, impuestos, hartos de injusticia y opresión. Ya no les ha quedado otra opción que buscar hacer justicia, fuera de un aparato burocrático incapaz de hacerlo.
La justicia es un derecho fundamental que está por encima de estructuras y leyes creadas por los hombres, el derecho es anterior y por encima de instituciones humanas que se han vuelto inútiles.
Es tiempo que las autoridades enfrenten la situación de falta de gobierno como es, sin andar buscando negarla, mutilarla, ni maquilarla.
Para es se necesitan gobernantes capaces de asumir la verdad: no andar con medias verdades, con frases vagas, negando una realidad que la gente experimenta y el sentido común percibe con claridad de mediodía.
¿Dónde están los hombres valientes, heroicos, que no tienen compromisos bastardos con los enemigos del orden, que, por lo tanto, no le temen a nada. Hombres que no tienen miedo para responder en favor de las leyes y los ciudadanos, que lo exponen todo ante el criminal peligroso. Que siguen la máxima de la guardia imperial de Napoleón: la guardia muere, no se rinde. Diremos aquí, no se vende, ni le saca al bulto.