El Observador Político
En este 2013 la violencia se ha focalizado a Michoacán, la tierra del ex presidente Felipe Calderón, donde comenzó en diciembre del 2006 la ‘Guerra contra el narco’ que posteriormente llegó a todo el país, en los últimos meses, han surgido al menos seis grupos de ‘autodefensas’ en distintos puntos de Michoacán específicamente en la Tierra Caliente.
El estado había dejado de mandar en Buenavista Tomatlán, Tepalcatepec, Coalcomán y Aquila, el crimen organizado había llegado a todas las estructuras policiales que dejaron en el abandono a la ciudadanía, se perdió la gobernabilidad y la delincuencia tomó el mando.
Lo que es un hecho fue el abandono del Gobierno del Estado y del Federal, dejaron que la delincuencia sometiera a los ciudadanos que eran víctimas de extorsiones, secuestros y robos, un viacrucis diario que viven aún cientos de familias, algunas de las cuales decidieron mejor huir de la violencia y ahora son denominados ‘los desplazados’.
Tomaron fusiles de asalto, rifles y escopetas, para salir a enfrentar aquellos que los tenían sometidos, fueron momentos de tensión sabían que no quedaría así y que en algún momento habría una respuesta, además de los constantes señalamientos de que un cártel de Jalisco se encontraba detrás de estos movimientos.
Una de las principales corporaciones que apoyó a los grupos de Autodefensa fue justamente la Policía Federal, incluso le han brindado protección a uno de los líderes Hipólito Mora, quien lidera al grupo de La Ruana.
Es un hecho que la Policía Federal de manera directa o indirectamente ha apoyado a dichos grupos de Autodefensas que le han quitado municipios importantes a la delincuencia, como Tepalcatepec y Buenavista Tomatlán, que sin duda le dolió al grupo delictivo que opera en Michoacán ya que eran sus bastiones y se encuentran muy cerca de Apatzingán.
A lo que quiero llegar es que tal vez ese apoyo le ha costado los siete ataques a la Policía Federal en tan sólo un día que dejaron como saldo la muerte de 24 personas entre los que se encontraban cuatro uniformados, de los presuntos delincuentes abatidos no hay rastro, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) no los tuvo en sus anfiteatros y nadie sabe donde están o si han sido reclamados por sus familiares, sólo la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) por que ni la PGR en Michoacán tiene conocimiento de los muertos que son señalados como los agresores.
La Policía Federal sigue siendo la corporación más golpeada en Michoacán desde el 2009 que han estado al frente de las acciones contra la delincuencia en la entidad, fueron quienes dieron muerte a Nazario Moreno alías ‘El Chayo’ así como la detención de los responsables de diversos capos michoacanos, mientras estuvo al frente de la extinta Secretaría de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna.
Lo que no es comprensible es que a pesar de que el Ejército ha hecho diversas acciones contra la delincuencia no es la corporación más golpeada, incluso en este año sólo han tenido dos enfrentamientos en territorio michoacano.
La muerte de Carlos Salazar Ramonet comandante de la octava Zona Naval con sede en Puerto Vallarta, Jalisco, pone a Michoacán en un foco de mucha atención por parte del Gobierno Federal, se demuestra que las corporaciones estatales y municipales han sido rebasadas.
El ataque a Salazar Ramonet representa el golpe más grande que ha dado la delincuencia a mandos federales no sólo en Michoacán sino en todo el país, quienes cometieron el crimen dudo mucho que sabían a quien le disparaban.
Ni en los seis años de Calderón se registró un ataque de esa magnitud, por lo que ahora la estrategia de Peña debe de focalizarse en acciones reales, definitivamente si le interesa Michoacán, porque durante meses el apoyo sólo se ha mostrado con despliegues operativos, sin embargo faltan acciones de fondo.
Perder Michoacán, es perder el país, porque no es el único estado que presenta fenómenos delictivos, vayámonos a la frontera como Tamaulipas, Nuevo León o Chihuahua, que aunque no han presentado síntomas de violencia en los últimos meses el crimen organizado sigue infiltrado en las estructuras del Estado.