Hablando en serio “México descompuesto”
Quién no aprende de su historia, corre el peligro de volver a cometer los mismos errores; y quién no aprende de la historia de otros, pues es un burro. En mi opinión, ahí está el problema de México, ni aprendemos de nuestra historia, ni aprendemos de la historia de otros y así nos estamos yendo al caño; me doy a entender: Si quisiera fijar en un factor la causa de la caída del imperio romano, se la achacaría a la pérdida de ciudadanos ¡No!, no me malinterpretes estimado lector, no estoy diciendo que se hayan muerto o hayan migrado los habitantes de Roma, lo que estoy diciendo, es que sus ciudadanos se acabaron cuando perdieron el compromiso con la república y cada uno se dedicó a buscar su bienestar; se perdieron cuando el individualismo prevaleció sobre el concepto de ciudadano corresponsable y del cuidado colectivo, amoroso y firme de la República… Me explico: Pregúntate en tu intimidad, estimado lector, si estarías dispuesto a dar la vida por México. Anticipo la respuesta: ¡No!... Y probablemente, en un acto de auto justificación dirías, para eso pago impuestos, para tener un ejército que se encargue de defender la soberanía nacional y de seguridad y certezas a los ciudadanos mexicanos… Y ahí es en donde desde mi punto de vista radica el problema nacional; si tu, estimado lector, no estás dispuesto a defender a México, y como tú millones de “supuestos mexicanos” tampoco están dispuestos a hacer un sacrificio por la nación, pues entonces lo que tenemos no es un ejército de mexicanos, lo que tenemos es un ejército de mercenarios que a través del servicio militar buscan una forma de vida que más o menos les garantice sobrevivir con dignidad, entendiendo como dignidad el cubrir sus necesidades básicas de alimento, techo, vestido, educación y salud, para ellos y para sus familiares (ojo, no para todos los mexicanos). En otras palabras, cada uno estamos preocupados por nosotros mismos y nos vale madre lo que le pase a nuestro vecino y a nuestro México… Aunque con ello se dé una paradoja: al preocuparnos solamente de nuestro bienestar, perdemos la cohesión social y republicana que nos garantiza ese bienestar y nos desintegramos como nación en perjuicio de cada uno de nosotros, de los nuestros y de México.
En México, cada ciudadano está solo, el de junto, el vecino, el prójimo, están tan atareados en “sus cosas”, que son ajenos a los problemas del inmediato, lo que trae como consecuencia, además de la desintegración social, el daño personal y familiar. En México olvidamos las reflexiones del Pastor Luterano Martin Niemöller, quién tuvo la osadía de oponerse a los nazis:
“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, ya no había nadie que pudiera protestar.”
La fuerza de una república está en la cohesión de sus ciudadanos, unidos por asuntos comunes y por el pacto republicano que representa La Constitución (la ley). La unión hace la fuerza, reza el refrán, y está se cimenta en la identidad, en sabernos parte de algo y en ser iguales y con el derecho, al luchar por esa identidad organizada en república y constituida en nación, a tener una vida digna en base al esfuerzo personal.
Para ello debemos trabajar juntos y sostener, con nuestros conciudadanos, una lucha solidaria para contar con las garantías elementos necesarios que individualmente no podemos tener como: soberanía, leyes y territorio. Sin esta identidad, sin esta unidad, sin esta cohesión, sin este esfuerzo, no existe república y seríamos solo un montón de personas apiñadas en un territorio y por consecuencia, carne de cañón para intereses ajenos a los nacionales, por una sencilla razón, no tendríamos intereses nacionales ni cosas en común, un algo por el que luchar juntos. Cito a Ikram Antaki en “El manual del ciudadanos contemporáneo”: “Para garantizar la existencia de una nación soberana, es necesario respetar dos exigencias: Los individuos deben admitir que existe un campo público unificado, independiente de las relaciones y de las solidaridades religiosas, clánicas, familiares, y deben respetar las reglas de su funcionamiento. Por el otro lado, la igualdad de la dignidad de cada quién, que funda la lógica de la nación democrática, no debe ser contrariada por desigualdades de estatuto (todos iguales) en los demás campos de la vida social, especialmente en el derecho personal.”
En pocas palabras: México está descompuesto, porque sus ciudadanos no funcionamos, por cobardes, irresponsables y acomodaticios… ¡Así de sencillo!