El país de lo absurdo
¿Te parece que vivimos en el país de lo absurdo? Sí, desde hace mucho -tiempo contestó un conocido conductor de noticieros-.
El hombre es el ser racional de la creación, su capacidad de pensar lo distingue esencialmente de los brutos. Es capaz de una relación profunda con sus semejantes y vive en sociedades complejas. En todo se guía por valores universales y principios inmutables que se traducen en leyes.
Esta es la verdad de las interrelaciones humanas, de la convivencia social que se construye sobre la verdad, como sobre un cimiento firme. En el país de lo absurdo las cosas no se llaman por su nombre, se usan eufemismos y falacias. Así hay quienes se escudan en términos de causas nobles para defender intereses mezquinos y facciosos, de unos cuantos.
¿Qué pasa cuando gobierna la antirazón, cuando un grupillo, proporcionalmente hablando, se impone a mayorías de personas incontables?
¿Qué sucede cuando sin tener la razón, con un lenguaje de sofistas, falaz y envolvente se exigen privilegios, que terminan siempre en poder y dinero?
¿Qué pasan cuando usurpan una autoridad indebida y con autoritarismo imponen sus demandas, mandan como si tuvieran autoridad y exigen como si tuvieran derecho?
¿A dónde nos llevan los perturbadores del orden público que sienten que su palabra es la ley, que piensan que sus exigencias son absolutas, de derecho divino y, en realidad, no encuentran su lugar en una sociedad ordenada y jerarquizada?
Se perpetran crímenes contra el orden establecido, los principios morales y las leyes, en otras palabras contra el estado de derecho y los derechos humanos de multitudes. Se trata de delitos que, como sucede en todo país, deben ser sancionados.
La autoridad asume una actitud que no se entiende en el marco de una filosofía sana y de la ley. Mientras la ley no se cumpla y se haga justicia a los ofendidos y a la sociedad no se puede negociar. Falta la base esencial del diálogo. No se puede dialogar con quien no quiere hacerlo y sólo quiere imponerse y salirse con la suya. No es posible contar con un diálogo imposible, sin fundamentos. No se puede construir el edificio social y la interacción sobre la ilegalidad.
En tiempos de la Corona Española había un delito de primerísima gravedad y era firmemente castigado porque atentaba contra el principio del orden establecido, el delito de la esa majestad. Ahora se tendría que tipificar el delito de la esa sociedad que atenta contra el orden establecido y el bien común, bases de una convivencia digna.
De esta magnitud, bajo apariencias simples, en el contexto de las pruebas a los profesores, es el delito de retener los paquetes de las pruebas de ENLACE, de irrumpir en las aulas, quitar las pruebas a los alumnos, ¡qué falta de respeto a la persona! Y quemarlas. Se minan las bases de la educación que son la base de una sociedad sabia, limpia de corrupción, constructora de un mundo mejor. Se atenta contra la esencia de la educación.
Es atentar contra el cuerpo social, democrático y empujar en la pendiente de la descomposición social y desbarrancar el futuro.
La autoridad competente no puede ignorar el problema y dejar de defender con firmeza un derecho fundamental de los niños y un bien trascendente, su educación.
Es necesario recordar estas realidades, de carácter prospectivo, con un intensión sincera de señalar la trascendencia de los hechos que estamos viviendo, sus consecuencias dramáticas para lo futuro. Mueve el afán de contribuir al bien de todos, hay que señalar con anticipación el diluvio que viene, para evitarlo.
Debemos todos llamar la atención, tocar a las puertas de las conciencias honestas. ¿Las mayorías de gente decente van a quedarse impasibles ante el tsunami? ¿Van a permanecer encapsulados en su inercia de inacción que genera la situación caótica que ya estamos viviendo? ¿No van a activar su enorme, imparable potencial de transformación para defender los derechos de la persona y el futuro decoroso y rico de la sociedad?
En la historia de las naciones, el pueblo es soberano. ¿Cuándo toma éste su papel y conduce su historia, comprometiéndose cada ciudadano por el bien de todos y dándose las organizaciones, como las ONG, que le hacen falta?
¿Cuándo se pone en marcha para sacar al Estado de la zona de confusión y caos y llevarlo a una zona transparente de paz, progreso y riqueza que en este momento sólo existen en algunos discursos grandilocuentes?