Libre Expresión
Mientras el gobernador interino Jesús Reyna García insiste en que no entregarán plazas automáticas y se aplicará la ley, los normalistas mantienen retenidas a 4 personas y más de 60 vehículos, pero además, continúan con las movilizaciones y bloqueos.
A la par que el Ejecutivo estatal señala que esperarán las condiciones propicias para aplicar la norma donde podría incluirse el apoyo de la fuerza pública, en aras de que los costos no sean mayores con esta acción, ciudadanos y empresarios afectados exigen que se haga justicia.
Asimismo el Gobierno de Michoacán enfatiza constantemente que la prioridad es el diálogo y no recurrirán a la fuerza pública hasta agotarlo. Pero, la duda ante semejante discurso es ¿cuáles son las condiciones, qué elementos o circunstancias, dejarán claro que se ha agotado el diálogo?
Y es que pese a los argumentos del gobierno estatal para no entregar las plazas automáticas, donde destaca la Reforma Educativa que lo prohíbe, el que la convocatoria del 2009 para ingresar a las normales NO las garantizaba y el que estén apoyando ante la Secretaría de Educación Pública para revisar el tema de la malla curricular, simplemente no les significa nada, ni a los normalistas ni a quien los comanda, Juan José Ortega, líder también del magisterio Democrático.
Dicho escenario parece dictar que el diálogo se ha agotado. Entonces, lo que ha quedado es la prudencia o el temor a que la aplicación de la ley con el apoyo de la fuerza pública pueda degenerar ante una reacción desmedida de los normalistas, que presumen el apoyo de sus similares de otras entidades, pero también de comunidades indígenas, grupos sociales y evidentemente, de la CNTE.
En absoluto la decisión es sencilla, especialmente cuando tampoco se aprecia en los hechos un respaldo decidido de la Federación en Michoacán, ya sea a través de la presencia constante de autoridades educativas para encontrar una salida al conflicto, toda vez que las reuniones con normalistas y CNTE caminan muy lento y espaciadas; pero tampoco se aprecia el arribo de elementos de seguridad que puedan respaldar al Ejecutivo estatal, que parece no contar con la capacidad policial para hacerle frente a una reacción desmedida de los manifestantes y el ejemplo claro es lo que sucede en Turícuaro.
Así que mientras la autoridad determina en qué momento se agota el diálogo o cuál es la mejor circunstancia para aplicar la ley con el posible uso de la fuerza pública, lo lamentable es que ni autoridades ni quejosos sean capaces de flexibilizar posiciones y alcanzar los acuerdos.
Círculo vicioso.
Conflictos como el de los normalistas inevitablemente obligan a concluir que seguimos inmersos en círculos viciosos que tienen a Michoacán postrado.
Por una parte la lucha de estos jóvenes por una plaza automática, totalmente injusta, por el simple hecho de que el resto de los profesionistas no gozan de ese privilegio.
Pero también, injusta e irresponsable la actitud de todos los gobiernos que permitieron que la entrega de plazas automáticas mediante las movilizaciones y bloqueos, se convirtiera en una desafortunada costumbre, por la que ahora los futuros profesores no quieren competir por ella a través de un examen.
Lamentables los círculos viciosos que le han dado argumentos no sólo a normalistas y profesores democráticos, sino a muchos más ciudadanos, a dudar de sus instituciones ante la falta de transparencia en el manejo de los recursos públicos, pero también ante los sueldos y prestaciones exageradas de quienes se encuentran viviendo del erario público.
Por ello, una vez más vale la pena el recurrir al tema de la semana pasada, ¿dónde están los estadistas que la hacen falta a Michoacán y a México? Ya no más políticos y líderes miopes que sólo buscan el beneficio personal.
Urge acabar con los círculos viciosos que tienen a la población incrédula, confrontada, impotente y hasta desesperanzada. Cuidado todos, dejemos de estirar la liga, consintamos un poco a la gallina de los huevos de oro, de la que políticos, líderes sindicales, profesores y normalistas, quieren seguir comiendo.
Con la esperanza de que haya una próxima vez… me despido, gracias.