Apoya ITESO a enseñar danzas a niños purépechas
MORELIA, Mich., 19 de junio de 2012.- En algunas de las danzas tradicionales de los purépechas de Michoacán aparece un Tata k’eri. Se trata del personaje principal de la danza, el que marca el paso; representa al sol y los otros danzantes a los planetas. Es además el abuelo o el anciano de la comunidad, quien transmite su sabiduría, en especial a los niños. Tata k’eri es también el nombre de la escuela de danza para niños y niñas que el Equipo de Apoyo a Migrantes Indígenas (EAMI), en el que colaboran estudiantes y egresados del ITESO, inauguró el 14 de junio pasado en La Floresta del Colli, una colonia en la que habitan más de 40 familias purépechas que han emigrado desde hace dos decenios a la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), procedentes de poblaciones como San Antonio y San Isidro, de Michoacán.El lugar es la explanada de la capilla de Santa Cecilia, el centro de reunión de la colonia, que lejos de lo que alguien se podría imaginar, es un espacio de concreto sin paredes, con techo de lámina y una cruz de madera hechiza colgada del techo. La capilla está en un terreno que, pese a que se arregló al colocarle piedra rojiza y plantarle algunos árboles, sigue siendo un lugar terregoso y donde rondan decenas de perros callejeros.La colonia no es muy distinta de este espacio: las calles son de terracería, la basura abunda por todos lados y aunque las casas ya son construcciones de ladrillo, los habitantes tuvieron que luchar por conseguir los servicios básicos debido a que cuando llegaron eran asentamientos irregulares. Los hombres, en su mayoría, se dedican a la albañilería; las mujeres, al servicio doméstico. Los niños, si les va bien, terminan la secundaria.Para Bernardino Lázaro León, coordinador de la escuela, escolar jesuita en el ITESO e integrante del EAMI, la intención de este proyecto educativo y cultural es apoyar a preservar las tradiciones de la comunidad. La danza para los purépechas es algo que llevan en la sangre: “La expresión de la danza es algo tradicional en esos pueblos, es una herencia que se pasa de generación en generación y la mayoría de los habitantes sabe danzar. La danza es como un talento innato, porque los que danzan no necesitan de profesores sino que solo viendo o escuchando la música inventan pasos”.Agrega que “si entendemos que en una colonia mestiza el ideal es ser como el papá que trabaja de maestro o de ingeniero, aquí el ideal de los niños es ser danzante”. La escuela comenzará con 20 niños y niñas, de entre 8 y 12 años, quienes aprenderán la tradicional danza de “Los viejitos” y la de “Las guarecitas”. La intención es que se consolide, sea reconocida por las autoridades y luego se puedan realizar presentaciones públicas. En palabras de Juan Pablo Gil Salazar, también del EAMI, el objetivo es “fortalecer las tradiciones, seguir fomentando el sentido de comunidad, desarrollar la disciplina en los niños y niñas y darles una alternativa de vida para que crezcan con el gusto de lo artístico, de lo cultural y evitar en el futuro problemas de alcoholismo o drogadicción”.Cristian y Fredi, de ocho años de edad, corrían por las calles sin forma, arenosas y llenas de piedra. Vestían pantalones de manta y una camisa blanca. Se quitaban y se ponían el sombrero y la máscara con facciones sonrientes de ancianos desdentados. Estaban esperando su turno para mostrar lo poco que ya habían aprendido de la danza. De vez en cuando se acercaban a Daniel, un miembro de la comunidad quien lleva unas semanas aleccionándolos y que además fungirá como su maestro en la escuela.Daniel Martínez llegó hace un decenio a la colonia, procedente de San Antonio, en Michoacán. Tiene una niña a la que, dice, enseñará a danzar. “Yo traigo el ejemplo de mi papá, que antes era bailador allá, y ya después aquí […]. Yo creo que si logramos que los niños se enseñen bien a lo mejor, no sé, Dios sabe hasta dónde vamos a llegar”. Él, además de enseñar a los niños, pertenece a un grupo de danzantes adultos, quienes también buscan preservar la tradición.Según el ayuntamiento de Zapopan, donde se encuentra la colonia La Floresta del Colli, en el municipio habitan más de 17 mil indígenas de las etnias: otomí, huichol, purépecha y mazahua, entre otras. Se calcula que hay más de 1,500 familias purépechas en colonias como 12 de Diciembre y Miramar, siendo el municipio con más indígenas de origen tarasco. El EAMI es una agrupación que por más de 15 años ha trabajado en la promoción y defensa de los derechos humanos de los indígenas que viven en la (ZMG), a través de diversos proyectos de educación, gestión de recursos, y organización de mujeres, entre otros. En el área cultural, además de la escuela Tata k’eri, coordina la escuela de música Yaandavi, con niños mixtecos de la colonia Ferrocarril.